Ficha técnica

Título: La herencia de Wilt | Autor: Tom Sharpe | Traductora: Gemma Rovira | Editorial: Anagrama | Colección: Compactos | Nº páginas: 272 | Precio: 8,90 euros | ISBN: 978-84-339-7706-9 

La herencia de Wilt

ANAGRAMA

 

Los problemas de Wilt nunca se acaban. Quizá porque está dotado de un inmenso talento para enredarse sin darse cuenta en los líos más espantosos, y de una habilidad no menos admirable para escapar de ellos revolviéndose con la inocente agilidad de una serpiente. Ahora, el politécnico en el que trabajaba ha sido ascendido a universidad, pero Wilt sigue ganando lo mismo que antes, o incluso menos; es menospreciado por no ser catedrático, y continúa enseñando a los eternos proletarios de siempre. Y capea como puede las espesas intrigas y luchas por el minúsculo poder académico. En casa, la cosa no está mucho mejor. Eva, su esposa, tras visitar a sus tíos de América, ha vuelto más iracunda, imperiosa y mandona que antes. Y las cuatrillizas, feroces adolescentes, estudian en un carísimo internado que a Wilt se le hace cuesta arriba pagar. Muy arriba.


Pero cuando Eva, que se ha hecho amiga de Lady Clarissa, le consigue a su marido un trabajo de verano muy bien pagado, Wilt no está nada convencido. Tiene que lograr que Edward, el hijo de la aristócrata, apruebe historia para entrar a la universidad. Y también tendrá que simular que ha estudiado en Porterhouse con el padrastro del chico. Pero como la carne es débil y el dinero fuerte, Wilt sucumbe a los cantos de sirena de Clarissa. Lo que no sabe es que Edward, cuando era niño, apedreaba a todo el que se le cruzaba, y que ahora lleva armas mucho más peligrosas.

Tom Sharpe, el misántropo más divertido de la literatura contemporánea, continúa con las desopilantes aventuras del inefable Wilt, de su tremebunda esposa y de su tremenda descendencia.

«Como diría Guardiola: «Es el puto amo.» Sin duda, Tom Sharpe es el maestro de los escritores de humor en activo. Si lo que quieren es garantizarse unas carcajadas, el humor gamberro de Sharpe es infalible» (Mauricio Bach, La Vanguardia).
 

 

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Wilt iba camino de la Universidad de Fenland en su coche. Estaba de un humor de perros porque la noche anterior había discutido con Eva, su mujer, sobre lo que les estaba costando llevar a sus cuatro hijas a un internado cuando, en opinión de Wilt, les iba estupendamente en el Convento, su antiguo colegio. Sin embargo, Eva se había mostrado inflexible: las cuatrillizas tenían que seguir estudiando en el colegio privado.
-Necesitan aprender buenos modales, y eso no se lo enseñaban en el Convento. Además, dices tantos tacos que se han vuelto unas malhabladas, y eso no pienso tolerarlo. Están mucho mejor lejos de casa.
-Si tuvieras que rellenar formularios totalmente inútiles y fingir que enseñas Informática a los analfabetos que me endilgan a mí, y que en realidad entienden mucho más que yo de esos jodidos aparatos, tú también soltarías tacos -había replicado Wilt, y había optado por no señalar que, desde que habían alcanzado la adolescencia, el repertorio de obscenidades de las cuatrillizas superaba el suyo con creces-. No puedo permitirme el lujo de seguir pagando tanto dinero durante quién sabe cuántos años sólo para que tú puedas presumir delante de tus malditas vecinas de dónde estudian tus malditas hijas. El Convento ya me costaba una pequeña fortuna, lo sabes muy bien.

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