Ficha técnica

Título: La guardia   | Autor: Joydeep Roy-Bhattacharya   | Traducción: Magdalena Palmer |  Editorial: Sexto Piso| Colección: Narrativa Sexto Piso | Año de publicación: enero 2017 |  ISBN: 978-84-16677-32-0 |  Páginas: 312 | Formato: 15 x 23 | Precio: 23,90 euros

La guardia

SEXTO PISO

Una emocionante y evocadora novela que retoma el clásico mito de Antígona para hacer un magistral análisis de la naturaleza y el sinsentido de la guerra.

Tras una larga noche de enfrentamientos, un grupo de soldados estadounidenses destinados en una remota base en Kandahar asiste a un extraño espectáculo: lo que parece ser una mujer cubierta por un burka avanza por la pista de tierra sobre una especie de carrito, ayudándose únicamente de la fuerza de sus brazos. Atrincherada en el exterior del fuerte bajo un sol abrasador, exige que le devuelvan el cuerpo de su hermano, fallecido durante la batalla del día anterior, para poder darle sepultura de acuerdo con los ritos de su fe. Decidida a llevar a cabo la misión que se ha propuesto, se niega a abandonar aquel inhóspito lugar. Los soldados, exhaustos y tensos, irán tomando diversas posturas respecto de la extraña desconocida: algunos desconfían de ella, temerosos de que no sea más que un señuelo para una emboscada; otros creen que bajo el burka se esconde un terrorista suicida; algunos incluso barajan la hipótesis de que se trate de una espía. Pero ¿y si la mujer es quien dice ser?

Narrada desde distintos puntos de vista, esta emocionante y evocadora novela de Joydeep Roy-Bhattacharya retoma el clásico mito de Antígona para hacer un magistral análisis de la naturaleza y el sinsentido de la guerra, para que, a través de los otros, nos cuestionemos quiénes somos en realidad.

«Si buscas un libro que te arrastre en una docena de direcciones distintas, te confunda, te mantenga en vilo y te rompa el corazón en mil pedazos, La guardia es tu libro […]. No querrás que termine nunca». The Boston Bibliophile

«Un libro esencial en estos tiempos que narra la lección de valentía y honestidad que puede dar una mujer decidida a no hacer algo». GILES FODEN 

 

ANTÍGONA

 

Uno.

     Dos.

     Tres.

     Cuatro. Cuento los instantes y recito la basmala:

     En el nombre de Dios, el misericordioso, el compasivo… Ahora todo depende de mí. Estoy asustada: me tiemblan las manos y tengo la boca seca. Miro hacia atrás, a las montañas donde he pasado toda mi vida, donde nací, donde ha muerto mi familia. Toda mi familia salvo mi hermano Yusuf, claro. Recuerdo lo que me dijo Yusuf antes de partir para atacar el fuerte: «A veces, para dominar una situación, hay que enloquecer y mantenerse cuerdo al mismo tiempo».

     Lo recuerdo mientras empujo el carro y traqueteo pendiente abajo hacia la llanura y el fuerte. Lo han arrasado todo. No hay árboles, ni vegetación, ni nada que dé sombra; la tierra está seca, resquebrajada y ardiente, pese a lo temprano del día. El polvo me envuelve, el sol brilla implacable sobre el pardo terraplén del fuerte. El suelo está cubierto de huellas de botas y de las ruedas de incontables vehículos. A un lado de las fortificaciones veo una montaña de desperdicios: bidones de combustible, barras dobladas de hierro, cubos y bolsas de plástico. El único indicio de vida son los ocasionales destellos metálicos del sol y una línea vertical de humo. Este árido paisaje es lo más opuesto al valle verde y fértil del que he salido. Aunque el panorama es desolador, me he pasado toda la noche cruzand las montañas con la esperanza de ver precisamente esto.

     Mientras empujo el suelo con las manos para impulsar el carro, recuerdo los precarios senderos de montaña y me parece increíble haber conseguido llegar hasta aquí contando únicamente con la fuerza de mis débiles hombros y brazos. Algunos músculos me duelen al tacto, como si fueran una herida abierta; en otros no siento absolutamente nada. Los muñones de mis piernas han empezado a sangrar porque la amputación es reciente y el roce constante de mi avance ha abierto las suturas en carne viva. No atiendo al dolor; no atiendo a nada, salvo al hecho de que he llegado. Me digo que estoy aquí porque mi corazón es grande y mi ternura es verdadera. Estoy aquí para enterrar a mi hermano según los principios de mi fe. Y nada más.

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