Ficha técnica

Título: La estratagema | Autor: Léa Cohen |  Traducción: Liliana Tabákova | Editorial: Libros del Asteroide | Género: Novela | ISBN: 9788415625254 | Páginas: 360 | Formato:  14 x 21,5 cm. | PVP: 23,95 € | Publicación: febrero 2013

La estratagema

LIBROS DEL ASTEROIDE

La caída del Telón de Acero cambiará muchas cosas en Bulgaria, saldrán a la luz secretos ocultos durante décadas, y los exiliados podrán regresar a su país y reencontrarse con aquellos de quienes se vieron obligados a separarse. Uno de esos reencuentros lleva a Eva Marínova, una periodista de Sofía, a viajar a Nueva York siguiendo la pista de su pasado.

Allí irá desentrañando la historia de cuatro familias búlgaras cuyo destino quedó truncado por las leyes antisemitas del zar Borís III y por el régimen autoritario que se impuso tras la segunda guerra mundial. En los años treinta los Calderón eran una de las familias más ricas del país, pero en los convulsos años de la guerra su suerte quedó extrañamente ligada a la de otras tres familias: la de su contable Núshkov, la del abogado Marínov y la de Jacques Levi, un amigo del joven Calderón.

Publicada en 2006 y considerada por la crítica como una de las mejores novelas búlgaras de este siglo, La estratagema es un apasionante thriller que recorre medio siglo de la historia de Europa oriental.

«Mucho más que una novela de espías, se trata de una historia sobre la vida bajo el control del estado y sus servicios de inteligencia, sobre el monopolio del gobierno en la privacidad de los ciudadanos del siglo XX, un tema de máximo interés desde la caída del Telón de Acero.» Die Welt

«Un thriller con forma de puzle. Una apasionante obra literaria sobre las secuelas de dos dictaduras.» Deutschland Radio

 

1

¿Dónde están los inviernos de mi infancia? Mis queridos e irrepetibles inviernos en aquella Sofía de los años cincuenta, cuando después de las clases nos quedábamos jugando a la entrada de la escuela como si aquella pendiente fuera una pista de patinaje. Jugábamos felices en la calle hasta congelarnos y regresábamos a casa al caer la tarde con las mejillas encendidas por el frío y los pies mojados.

     -¡Una tila, una aspirina y a la cama! -decretaba mi madre. Me tomaba la tila con miel, me zampaba una rebanada de pan con mantequilla y me metía en la cama con un librito. Ya haría los deberes al día siguiente.

     El hijo de los vecinos, cinco años menor que yo, que tenía prohibido patinar con nosotros porque padecía bronquitis crónica, me miraba con envidia y tristeza.

     -Hacía demasiado frío -le consolaba yo con hipocresía para ahorrarle tanto el relato de las jubilosas batallas con bolas de nieve como nuestra alegría por poder turnarnos todos el nuevo trineo de Sasho.

     Me gustaba el invierno por las aventuras que siempre suponía, por el frío y las borrascas. En realidad, mi imaginación infantil exageraba aquellas aventuras, pues a pesar de la escasez y de los malos tiempos que se vivían en Bulgaria, mis padres me aseguraban protección suficiente ante cualquier peligro real o imaginario.

     Mi madre, por el contrario, siempre esperaba los primeros fríos con preocupación. Los presagiaba el patriarca gitano al que todos llamábamos «Mango». Jamás supe su verdadero nombre. En cumplimiento de una especie de pacto secreto con mi madre, Mango aparecía al finalizar el otoño, con su hacha filosa de cortar leña al hombro. Los preparativos para hacer frente al invierno eran un rito familiar al que mamá concedía gran importancia. Salía a la calle para esperar el carro cargado de carbón y leña. El cochero esperaba con paciencia en el pescante a que ella aprobara la mercancía antes de depositarla en la acera. Mamá estudiaba detenidamente los leños pardos y húmedos y protestaba en voz baja:

     -Son otra vez de lignito y nosotros hemos pagado por hulla de Pérnik.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]