La espantosa intimidad de Maxwell Sim

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Tiene cuarenta y ocho años y es un antihéroe muy contemporáneo, un perdedor tranquilo que ha perdido el gusto por las relaciones humanas, con setenta y cuatro amigos en Facebook y nadie con quien hablar: Maxwell Sim. Caroline, su esposa, lo ha dejado hace seis meses y se ha llevado a su hija con ella. Y un día Maxwell tiene una oscura iluminación: está terrible, absolutamente solo. En un intento por salir de su depresión, acepta un raro trabajo: llevar a las islas Shetland la buena nueva de unos cepillos de dientes revolucionarios. Pero el viaje de Max será un sinuoso camino de reencuentros y de inesperados descubrimientos, con la aparición de cartas, diarios y manuscritos que reescribirán su propia vida.

 

I

Al ver a la mujer china y a su hija jugando a las cartas en la mesa del restaurante, con el agua y las luces de la bahía de Sidney brillando detrás, me puse a pensar en Stuart y en la razón por la que había dejado de conducir.

Iba a decir «mi amigo Stuart», pero supongo que ya no es amigo mío. Por lo visto he perdido unos cuantos amigos estos últimos años. Eso no quiere decir que haya roto con ellos en plan dramático. Simplemente hemos decidido no seguir en contacto. Yasí ha sido la cosa: una decisión, una decisión consciente, porque hoy en día no es difícil mantenerse en contacto con la gente, hay muchas maneras diferentes de hacerlo. Pero imagino que, a medida que vas envejeciendo, ciertas amistades empiezan a parecerte cada vez más superfluas. Resulta que te preguntas: «¿Dónde está la gracia?» Yentonces paras.

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