Ficha técnica

Título: La enfermedad mortal | Autor: Søren Kierkegaard |  Prólogo y traducción del danés : Demetrio Gutiérrez Rivero | Nota preliminar de: Óscar Parcero Oubiña | Editorial: Trotta | Colección: Estructuras y Procesos. Filosofía | Páginas: 176 | Precio: 10 € | ISBN: 978-84-8164-982-6

La enfermedad mortal

EDITORIAL TROTTA  

Con La enfermedad mortal Kierkegaard continúa y profundiza su anterior El concepto de la angustia. Las dos obras pertenecen a la etapa literaria más madura del escritor y el tema dominante en ambas es el mismo: el pecado original. La angustia constituye para Kierkegaard el punto cero de la existencia, y desde él se puede por igual girar hacia la fe o hacia la desesperación.

En este tratado, firmado por el pseudónimo kierkegaardiano «Anti-Climacus», la desesperación es considerada como una enfermedad, una «enfermedad del yo», relativa a «lo eterno en el hombre», y la única estrictamente mortal: «un estar muriendo eternamente, muriendo y no muriendo, muriendo la muerte…, pero morir la muerte significa que se vive el mismo morir».

La desesperación es «algo muy dialéctico». Justamente, el autor de la presente «exposición cristiano-psicológica para edificar y despertar» se dedica a trazar este movimiento dialéctico de la desesperación. Descubre sus formas características, en su camino destructor, hasta establecer la desesperación como el pecado definitivo: desligar el yo del Poder que lo fundamenta, haber perdido a Dios y, con ello, haberse perdido a sí mismo.

Capítulo II

POSIBILIDAD Y REALIDAD DE LA DESESPERACIÓN

¿Es la desesperación una ventaja o un defecto? En un sentido puramente dialéctico es ambas cosas. Si nos aferráramos a la idea abstracta de la desesperación, sin pensar concretamente en ningún desesperado, de seguro que tendríamos que decir que la desesperación es una ventaja enorme. La posibilidad de esta enfermedad es la ventaja del hombre sobre el bruto, ventaja que nos caracteriza infinitamente más que la del andar vertical, ya que ella significa la infinita verticalidad o elevación que nos compete por el hecho de ser espíritu. La posibilidad de esta enfermedad es la ventaja del hombre sobre el bruto; caer en la cuenta de esta enfermedad es la ventaja del cristiano sobre el hombre natural; y estar curado de esta enfermedad es la felicidad del cristiano.

Por tanto, poder desesperar es una ventaja infinita; y, sin embargo, estar desesperado no solamente es la mayor desgracia y miseria, sino la perdición misma. No suele ser ésta de ordinario la relación entre la posibilidad y la realidad; pues, por lo general, si es una ventaja el poder ser esto o aquello, mucho más ventajoso será sin duda el serlo. Lo que significa que ser es más que poder ser. En cambio, por lo que atañe a la desesperación, ser un desesperado representa una caída respecto del poder serlo; y tan profunda es la caída, como infinita la ventaja de la posibilidad. Por consiguiente, en lo que se refiere a la desesperación, lo más elevado es precisamente no estar desesperado. Sin embargo esta precisión denota todavía una cierta ambigüedad. Porque eso de no estar desesperado no es lo mismo, por ejemplo, que no ser cojo o no estar ciego. Pues si no estar desesperado no significa más ni menos que no estarlo, entonces cabalmente lo cierto es que se está desesperado. No estar desesperado tiene que significar la destrucción de la posibilidad de estarlo; para que se pueda decir con toda verdad de un hombre que no está desesperado, es necesario que en cada momento esté eliminando la posibilidad. No suele ser ésta de ordinario la relación entre la posibilidad y la realidad. Si bien es cierto que los filósofos afirman que la realidad es la posibilidad eliminada, de suyo esto no es completamente exacto, ya que la realidad es la posibilidad cumplida, la posibilidad realizada. En cambio, en nuestro caso, la realidad -no estar desesperado- en cuanto también es, consiguientemente, una negación, equivale a la posibilidad desarmada y suprimida de raíz. Es decir, que por lo general la realidad suele ser una confirmación de la posibilidad, sin embargo aquí equivale a una negación de la misma.

La desesperación es una discordancia en una síntesis cuya relación se relaciona consigo misma. Sin embargo la síntesis no es la discordancia, sino meramente la posibilidad; o dicho de otra manera: en la síntesis radica la posibilidad de la discordancia. Si la misma síntesis fuese la discordancia, entonces no existiría en absoluto la desesperación, sino que ésta sería algo inherente a la naturaleza humana en cuanto tal, en una palabra, algo que no sería desesperación. Sería algo que le acontecía al hombre, algo que él padecía, poco más o menos como otra cualquiera de las enfermedades que contrae, o como la misma muerte que es el destino común. Pero no, el desesperar radica en el hombre mismo, y si el hombre no fuera una síntesis tampoco podría desesperar; y si esta síntesis no hubiese salido cabalmente armónica de las manos de Dios, entonces el hombre tampoco sería capaz de desesperar.

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