Ficha técnica

Título: La diosa blanca | Autor: Robert Graves | Traducción: William Graves | Editorial: Alianza | Colección: Alianza Literaria (AL) | Formato: Estándar, Papel | Tamaño: 18 x 25 | Páginas: 784 | I.S.B.N.: 978-84-206-9178-7 | Precio: 35 euros | Ebook: 19,90 euros

La diosa blanca

ALIANZA

La nueva traducción ha corrido a cargo de su hijo y albacea literario William Graves. Libro intensamente personal y controvertido, a través del cual Graves explora los orígenes de la poesía.

La Diosa Blanca es una obra fundamental e imprescindible de una de las voces poéticas y narrativas más interesantes del siglo XX británico, el libro que convirtió a Robert Graves en un autor de culto. Subtitulada Una gramática histórica del mito poético, es una apasionante aventura de investigación a través de las mitologías y religiones de medio mundo; pero también, una introducción a la poesía para poetas, una crítica a la civilización occidental, una visión polémica de lo que fueron y son las relaciones entre hombre y mujer, y en algunos aspectos, una velada autobiografía.

Ensayo erudito y apasionado, La Diosa Blanca nos narra cómo en Europa y en Oriente Próximo existían culturas matriarcales que adoraban a una Diosa Suprema, y que reconocían a los dioses masculinos solo como hijos, consortes o víctimas para el sacrificio. Estas culturas fueron eliminadas por la irrupción del patriarcado que arrebató a las mujeres su autoridad, elevó a los consortes de la Diosa a la supremacía divina y reconstruyó mitos y rituales para ocultar el pasado.

Según Graves, la verdadera poesía, inspirada por la Musa y su símbolo principal, la Luna, aún sobrevive como recreación intuitiva de la antigua veneración a la Diosa frente al patriarcado del Dios masculino y su racionalidad inspirada por el Sol. La idea de Graves de un poder divino femenino, que se manifiesta bajo diversos nombres y formas en las diosas del mundo antiguo, tiene mucho en común con el concepto del «eterno femenino» que fascinó a tantos escritores al final del siglo XIX.

Robert Graves sugiere en el libro que el malestar de nuestra civilización tiene su origen en el papel subordinado que se confiere a la mujer en los destinos del mundo. Graves se pregunta en el prólogo sobre la utilidad de la poesía: «en un tiempo esta era una advertencia al hombre de que debía mantenerse en armonía con la familia de criaturas vivientes entre las cuales había nacido, mediante la obediencia a los deseos del ama de casa; ahora es un recordatorio de que no ha tenido en cuenta su advertencia, ha puesto la casa patas arriba con sus caprichosos experimentos en la filosofía, la ciencia y la industria y se ha arruinado a sí mismo y a su familia».

Continúa Graves, «esta es una civilización en la que se deshoran los principales emblemas de la poesía. En la que la serpiente, el león, y el águila pertenecen a la carpa del circo; el buey, el salmón, y el jabalí, a la fábrica de conservas; el caballo de carreras y el galgo, a las casetas de apuestas, y el bosque sagrado, al aserradero. En la que la Luna es menospreciada como un apagado satélite de la Tierra, y la mujer, considerada «personal auxiliar del Estado». En la que el dinero puede comprar casi todo menos la verdad y a casi todos menos al poeta en posesión de la verdad.

Esta noción de que la sociedad humana fue inicialmente matriarcal ya había sido enunciada con anterioridad, notablemente el arqueólogo suizo J.J. Bachofen, ya en 1861 propuso que el matriarcado era un vestigio de una sociedad primitiva previo a la domesticación de los animales, cuando la hembra era vista como única fuente de vida.

Para quien encuentre en su enorme erudición y complejidad algún efecto disuasorio inicial, Grevel Lindop en el esclarecedor prólogo nos dice: «no resulta sorprendente que algunos lectores descubran rápidamente que La Diosa Blanca es ilegible y abandonen (…) Pero intentar seguir cada ramificación del argumento de Graves en una primera lectura no es necesario, y ni siquiera es deseable. Es mejor pasearse por este fascinante laberinto de poesía, mito y erudición, disfrutando de la extraordinarias delicias y puzles que ofrece y dejando que los nudos más recalcitrantes sean desatados en una lectura posterior».

Prologo

Mi agradecimiento a Philip y Sally Graves, Christopher Hawkes, John Knittel, Valentin Iremonger, Max Mallowan, E. M. Parr, Joshua Podro, Lynette Roberts, Martin Seymour-Smith, John Heath-Stubbs y los numerosos corresponsales que me han suministrado material y documentacion para este libro; y a Kenneth Gay, que me ha ayudado a ordenarlo. Sin embargo, desde la primera edicion publicada en 19481, ningun experto en irlandes o gales antiguo me ha ofrecido la menor ayuda para depurar mi argumento, ni ha senalado ninguno de los errores que han tenido que deslizarse en el texto, ni han acusado recibo de mis cartas. Estoy desilusionado, aunque no del todo sorprendido. El libro es de muy extrana lectura: pero, claro, una gramatica historica del lenguaje del mito poetico nunca se habia intentado hasta ahora, y para escribirla concienzudamente he tenido que hacer frente a ≪preguntas enigmaticas, aunque no fuera de toda conjetura≫, como las que sir Thomas Browne usa como ejemplo en su Hydriotaphia: ≪.Que cancion cantaban las sirenas?, o .que nombre adopto Aquiles cuando se oculto entre las mujeres?≫. Encontre respuestas practicas y sin evasivas a estas y otras muchas preguntas de la misma clase, como:

.Quien hendio el pie del Diablo?

.Cuando vinieron las cincuenta danaides con sus cedazos a Britania?

.Que secreto estaba entrelazado en el Nudo Gordiano?

.Por que Jehova creo los arboles y las hierbas antes de crear el Sol, la Luna y las estrellas?

.Donde se encontrara la sabiduria?

Pero es justo advertir a los lectores de que este sigue siendo un libro muy dificil, asi como muy extrano, y que deben evitarlo quienes posean una mente distraida, cansada o rigidamente cientifica. No he querido omitir paso alguno en mi laboriosa exposicion, aunque solo sea porque los lectores de mis recientes novelas historicas se han mostrado un poco recelosos por ciertas conclusiones poco ortodoxas, la autoria de las cuales no siempre se citaba. Ahora, tal vez pueda satisfacerles saber que, por ejemplo, la formula mistica del Ternero y los dos alfabetos de arboles que introduje en Rey Jesus no son ≪invenciones caprichosas≫ de mi imaginacion, sino que han sido deducidos logicamente de acreditados documentos antiguos.

Mi tesis es que el lenguaje del mito poetico, en uso en el Mediterraneo y la Europa septentrional en la antiguedad, era un lenguaje magico vinculado a ceremonias religiosas populares en honor de la diosa Luna, o Musa, algunas de las cuales datan de la epoca paleolitica, y que este sigue siendo el lenguaje de la verdadera poesia -≪verdadera≫ en el sentido nostalgico moderno de ≪el original inmejorable y no un sustituto sintetico≫. El lenguaje fue manipulado al final del periodo minoico cuando invasores procedentes de Asia Central comenzaron a sustituir las instituciones matrilineales por las patrilineales y remodelaron o falsificaron los mitos para justificar los cambios sociales. Luego vinieron los primeros filosofos griegos, que se oponian firmemente a la poesia magica porque amenazaba a su nueva religion de la logica, y bajo su influencia se elaboro un lenguaje poetico racional (ahora llamado ≪clasico≫) en honor de su patrono Apolo, y se impuso en todo el mundo como la ultima palabra sobre la iluminacion espiritual, opinion que practicamente ha predominado desde entonces en las escuelas y universidades europeas, donde ahora se estudian los mitos solamente como reliquias pintorescas de la era infantil de la humanidad.

Uno de los que rechazaron con mas intransigencia la mitologia griega primitiva fue Socrates. Los mitos le asustaban y ofendian; preferia volverles la espalda y disciplinar su inteligencia para pensar cientificamente: ≪para investigar la razon de la existencia de todo -de todo tal como es, no como aparece, y para rechazar todas las opiniones que no se pueden explicar≫.

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