Ficha técnica

Título: La ciudad sin judíos | Autor:   Hugo Bettauer | Traducción:  Richard Gross | Editorial: Periférica| Colección: Largo Recorrido |  Páginas 176  | ISBN:  978-84-16291-23-6 | Precio: 16,50 euros 

La ciudad sin judíos

PERIFÉRICA

En una Viena posterior a la Primera Guerra Mundial, entre la ficción y la realidad, gran parte de su población está desesperada por el desempleo, la inflación y la miseria. Los adalides y acólitos del antisemitismo han identificado a los culpables de esta situación, y «¡Fuera los judíos!» es la consigna que corean en sus actos de propaganda para atizar el resentimiento del pueblo. Después de ganar las elecciones con mayoría abrumadora conseguirán cambiar la Constitución para poder expulsarlos a todos.

La ley antijudía conlleva una sangría demográfica que ronda el millón de personas, pero al mismo tiempo genera un ambiente de euforia en la ciudad. Sin embargo, la resaca no tardará en llegar con todas sus consecuencias…

La ciudad sin judíos, publicada por primera vez en 1922 y con traducciones a varias lenguas en su época, es una sátira feroz del antisemitismo centroeuropeo que habría de verse superada por la realidad pocos años después, cuando las ciudades europeas fueron verdaderamente vaciadas de judíos y éstos acabaron siendo asesinados en los campos de exterminio nazis. A pesar de la contundencia de su argumento, está llena de personajes seductores (un joven y atrevido artista judío, un mesurado consejero áulico -en alemán Hofrat- que encarna lo mejor de la vieja Austria, un canciller lleno de dobleces…) y momentos hilarantes, pues el humor y la inteligencia son dos de las claves esenciales en la obra de este autor por descubrir: Hugo Bettauer, asesinado, precisamente, por escribir novelas como ésta. 

 

I. LA LEY ANTIJUDÍA

Una muralla humana cercaba, desde el Bellaria hasta la Universidad, el noble, pulcro y tranquilo edificio del Parlamento. A las diez de la mañana de ese día de junio Viena entera parecía haberse dado cita en el lugar donde se desarrollaría un acontecimiento histórico de alcance imprevisible. Burgueses y obreros, damas de la alta sociedad y mujeres del pueblo, ancianos y adolescentes, mozas, niños, inválidos, todos se fundían en un inmenso maremágnum, vociferando, vertiendo opiniones políticas, sudando. Una y otra vez algún fanático salía a la palestra para lanzar su soflama al corro de los presentes; una y otra vez resonaba el grito:

     -¡Fuera los judíos!

     Por lo general, en manifestaciones similares se propinaba una buena paliza a alguien de nariz curvada o pelo particularmente moreno; esta vez no se produjo ningún incidente de esa índole, pues lo judío brillaba por su ausencia y los cafés y negocios bancarios del Franzensring y el Schottenring habían cerrado sus puertas y bajado las persianas metálicas tras haber sopesado sabiamente las contingencias.

     De repente, un bramido colectivo desgarró el aire.

     -¡Arriba el doctor Karl Schwertfeger! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Viva el libertador de Austria!

     Un automóvil descapotado avanzaba a marcha lenta hendiendo la masa humana, que se abría a su paso. A bordo del mismo viajaba un caballero mayor, alto y con la cabeza cubierta de arbitrarios mechones de pelo cano.

      Se quitó el blando sombrero gris de ala ancha, hizo venias a la multitud vitoreante y torció el gesto en una sonrisa. Pero era una sonrisa amarga, desmentida en cierto modo por los dos surcos que descendían de las comisuras de los labios. Y sus ojos grises y hundidos miraban con expresión más adusta que alegre.

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