Ficha técnica

Título: La ciudad de N | Autor: Leonid Ivánovich Dobychin |Traducción: Inés Goñi Alonso |  Editorial: Nevsky | Género: Novela |  Formato: 14 x 18 | Encuadernación: Rústica cosida con solapas | Páginas: 192 | ISBN: 978-84-941637-3-9 |Precio: 14,00 euros

La ciudad de N

NEVSKY

El «descubrimiento» de Dobychin en la década de los años noventa del pasado siglo viente, supuso un revulsivo para la literatura rusa. Autor maldito, prohibido por el régimen estalinista, la obra de Dobychin había sido borrada de la historia de la literatura del país. Hasta entonces sus libros habían circulado únicamente en ediciones piratas, e incluso mecanografíados, entre un selecto grupo de autores y de intelectuales. 

Existen pocos autores que, con una obra tan breve, hayan ejercido una influencia tan relevante en la última generación de escritores rusos (Sorokin, Yeroféiev, Pópov…). Autor de un puñado de cuentos y de esta única novela, LA CIUDAD DE N, Dobychin despliega una inaudita capacidad de concreción en la descripción de una sociedad de provincias rusas en la convulsa época revolucionaria. La novela, a modo de tapiz puntillista, logra evocar con un puñado de detalles en apariencia superficiales las complejas interacciones humanas que rodean la vida del protagonista, un niño que, en el transcurso de la misma, se convierte en un joven, y que es testigo de los profundos cambios que unos hechos en apariencia desconectados de su vida poseen para él y los que le rodean. 

Novela famosa por la ambigüedad con la que se enfrenta a los hechos políticos que retrata, observándolos de lejos, pero logrando a la vez convertirlos en su principal tema, su estilo ha sido comparado con los de Nabókov o incluso Proust. La actual traducción, de Inés Goñi Alonso, logra mantener el grado exacto de precisión, ambigüedad y concreción que precisa el estilo del autor. 

Una novela cuya tardía influencia en la literatura rusa actual resulta incalculable.
I
EN LA CALLE LLOVIZNABA. Los dobladillos de las faldas de maman y de Alexandra Lvovna Ley estaban un poco alzados y sujetos, por algunas partes, a unas bandas elásticas con hebillas cosidas al ceñidor. Estos elásticos se llamaban «pajes». Los guijarros de la calzada y los ladrillos de las aceras brillaban mojados. Caían gotas de los paraguas. En los rótulos, indios marrones desnudos con plumas en la cabeza fumaban.
        -No los mires -decía maman.
       De frente se alzaba la cárcel-castillo, con sus cuatro plantas y sus torres. Allí se celebraba la fiesta patronal de Nuestra Señora de los Dolores, y nosotros íbamos a misa. Alexandra Lvovna Ley moralizaba mientras maman asentía conmovida. 
     -No, desde luego -decían- sería difícil encontrar un lugar donde esta fiesta fuera más apropiada que en una cárcel.
     Sonándose las narices, una imponente dama con un cuello de piel nos adelantó y, acercándose las lentes a los ojos, nos dirigió una mirada benevolente. Su rostro atezado parecía una ilustración de Chíchikov. Al llegar a las puertas, todas se detuvieron para deshebillarse los pajes, y la dama Chíchikov volvió a mirar en nuestra dirección. De las orejas le colgaban unos pendientes de piedra marrón con motas.

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