Ficha técnica

Título: La charla | Autor: Linda Rosenkrantz | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de Narrativas Páginas: 280  |  ISBN: 978-84-7972-8 | Precio: 19,90 euros  | Código: PN 940 | Fecha:  enero 2017 |

La charla

ANAGRAMA

«De una obscenidad asquerosa», fue la respuesta que le dio un reputado editor a Linda Rosenkrantz cuando se negó a publicarle este libro, que al final vio la luz en 1968. ¿Qué provocó ese airado comentario? Sin duda que La charla es, tal como señala Stephen Koch en su pórtico a esta edición, «una novela reality».

La propuesta de Linda Rosenkrantz es tan simple como osada. Tres amigos pasan el verano de 1965 en la playa de East Hampton. Y hablan. Con franqueza y sobre todo lo imaginable. ¿Cómo plasmar esas conversaciones sin que pierdan la vivacidad al trasladarlas a la página? Muy sencillo: la autora las registró con una grabadora y las reprodujo tal cual. Con un único matiz: el original ocupaba 1.500 páginas, y en él intervenían veinticinco personas, así que redujo la extensión y los personajes. Quedaron tres: Marsha, que tiene un buen trabajo en Nueva York; Emily, su confidente y amiga, actriz, dipsómana y desinhibida; y Vincent, pintor homosexual, talentoso y analítico, por el que Marsha siente un amor no consumado.

Estamos en los años sesenta, y la novela capta de un modo documental esa época de cambios revolucionarios. El trío habla de sexo -promiscuidad, ménages à trois, masturbación, sadomasoquismo…-, de drogas -una experiencia con el LSD-, de cultura -se mezclan sin complejos Fitzgerald, Proust, Durrell, Ginsberg, Dylan…-, de psicoanálisis y del mundillo artístico en el que los tres se mueven, la Nueva York de Warhol, Sontag, el expresionismo abstracto, las fiestas interminables…

¿Y por qué rescatar este libro ahora? Ante todo porque sigue plenamente vivo, con sus ágiles diálogos que mezclan reflexión, hilaridad, lubricidad, dudas y contradicciones; en segundo lugar porque es el valioso testimonio de una época convulsa; y también por ser un audaz experimento de literatura de lo real, cuya influencia puede rastrearse hoy en series como Girls, de Lena Dunham, o en el humor deslenguado -¿de una obscenidad asquerosa?- de Amy Schumer. La charla es la vida misma, con toda su crudeza, impudor y paradojas. Y casi cincuenta años después sigue tan fresca y provocadora como el primer día.

«¿Son los neoyorquinos los mejores conversadores del mundo? Nos hemos familiarizado con este modo de conversar a base de agudezas, ingeniosidades, ironía, sobrentendidos y chismes en comedias televisivas como Friends, pero Rosenkrantz fue de las primeras en darse cuenta de que es una forma de arte por derecho propio» (Brandon Robshaw, The Independent).

«Una chisporroteante ventana warholiana a la procaz escena neoyorquina de mediados de los sesenta. Me han entrado ganas de meterme en una máquina del tiempo» (Simon Doonan).

«Un libro sobre la comunicación, sobre el amor -tanto romántico como platónico- y sobre el momento de dejar atrás la juventud. Es fascinante» (Amelia Fisher, The Literary Review).

«Documenta una era de liberación» (Anna Wiener, New Republic).

«Elocuente y convincente» (Norman Schrapnel, The Guardian).

«Fresco, divertido y delicioso» (John Williams, The New York Times).

 

INTRODUCCIÓN

     Lector, tienes en las manos una loncha gruesa, jugosa y, sobre todo, auténtica de la década legendaria de 1960, ejemplo temprano de un experimento literario que funcionó entonces y aún sigue funcionando. El siglo XXI ha visto el auge de la telerrealidad. Publicada en 1968, La charla es una novela reality. Ni uno solo de sus diálogos es inventado, o recordado vagamente, o fruto de la fantasía de un escritor. Poco antes del verano de 1965, Linda Rosenkrantz tuvo una idea realmente original: ¿por qué no comprobar si la vida imita de verdad al arte? Tres amigos -no tres personajes ficticios sino tres personas reales- pasan sus vacaciones de verano en East Hampton. ¿Cómo «capturar» su experiencia?

      Grabándola. Haciéndola real.

     «Tuve la grabadora encendida todo el verano», recuerda Rosenkrantz. «Hasta me llevaba el abultado monstruo a la playa. Al principio había veinticinco personajes y unas mil quinientas páginas de original a un solo espacio; me llevó cerca de dos años reducir esa cantidad a tres personajes y doscientas cincuenta páginas.»

     Lo que Rosenkrantz cosechó del mar sin fin de las charlas sobre sexo, el cotilleo playero y las mariscadas veraniegas fue una novela en la que sólo hay diálogo. El resultado es un documento único en los anales de la amistad y el amor disfuncional, lleno de irresistibles agudezas verbales -golosinas literarias- que oscilan entre la reflexión profunda y la hilaridad. Estas charlas a veces son impresionantes, a veces graciosas. Nunca inanes. Siempre divertidas.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]