Ficha técnica

Título: La casa del dolor ajeno | Autor: Julián Herbert | Editorial: Literatura Random House | Colección: Literatura Random House | Formato: tapa blanda con solapa | Páginas: 304 | Medidas: 135 X 229 mm | ISBN: 9788439731313 | Fecha: 05/2016 | Precio: 17.90 euros | Ebook: 7,99 euros

La casa del dolor ajeno

LITERATURA RANDOM HOUSE

A principios del siglo XX, con el mito de modernidad y progreso en el centro del discurso porfirista, un hecho sacudió la historia de México: entre el 13 y el 15 de mayo de 1911, alrededor de trescientos chinos -cerca de la mitad de la colonia cantonesa de La Laguna- fueron masacrados por tropas revolucionarias y ciudadanos de Torreón. Se trata de la matanza de chinos más grande de América, un exterminio cargado de falso remordimiento y sinofobia ejemplar.

Julián Herbert, Premio Jaén de Novela 2011 por Canción de tumba y Premio de Novela Elena Poniatowska 2012, ofrece al lector un potente relato que supera la mera descripción con el propósito de poner fin al silencio y contraponer el suceso a la violencia contemporánea.

El resultado es una obra audaz, construida a partir de la mirada literaria y la experiencia directa, que ahonda en una de las principales preocupaciones estéticas de Herbert: poner en entredicho las fronteras entre los géneros literarios. La casa del dolor ajeno bebe lo mismo de la narrativa que del reportaje, la crónica gonzo, el ensayo y la academia, esta versión del «pequeño genocidio» es, más que una búsqueda de la verdad histórica, un intento por restituir dignidad a un grupo de migrantes.

Reseñas:
«Su poderoso estilo brilla constantemente a través del relato sobrio de los hechos.» El País

«Armado de una rigurosa investigación, y sobre todo, una excelente pluma, Herbert ahonda en el pasado como quien relata el presente.» El siglo del Torreón

 

LA CASA DE LIM

La antigua casa de campo del doctor Walter J. Lim es un chalet de tejados color verde y muros de ladrillo rojo intenso. Los ladrillos adquieren una tonalidad profunda porque las juntas fueron delineadas con empaste blanco. El techo es curvo y parece derramarse como una ola esmeralda sobre un jardín en el que habitan, al lado de naranjos y toronjos más jóvenes, dos moreras centenarias. Estos árboles, tal vez emparentados con otros de la misma especie que hay en el bosque Venustiano Carranza, al oriente, donde hace muchos años prosperaron huertas chinas, dan testimonio de un anhelo empresarial: la intención de convertir en productora de seda a una comarca famosa por sus cultivos de algodón. No hubo tiempo de hacerlo. Seis meses después de iniciada la Revolución Mexicana, los maderistas entraron en esta finca y violaron a la mujer encargada de cuidarla. Luego una turba intentó linchar a Lim frente a la plaza del 2 de Abril pese a que el médico portaba en el antebrazo izquierdo un distintivo de la Cruz Roja. Walter J. logró salvarse para narrar, meses después, su versión del pequeño genocidio perpetrado en Torreón entre el 13 y el 15 de mayo de 1911. No todos sus compatriotas corrieron con la misma suerte: alrededor de 300 inmigrantes chinos fueron asesinados, mutilados, desvestidos y saqueados. Sus cadáveres terminaron en una fosa común, cavada bajo las órdenes de un inglés, junto al muro exterior de la Ciudad de los Muertos. Otros acabarían al fondo de las norias del rumbo de El Pajonal.

-El doctor nunca fue cónsul ni encargado de negocios del imperio -aclara Silvia Castro: una mujer delgada, entrecana y aguileña-. Era líder de la comunidad china local, que es muy distinto. Para la época en la que ocurrió la matanza, ya había tomado incluso la nacionalidad mexicana.

Estamos a las puertas del Museo de la Revolución, del que la maestra es directora. Es decir, a las puertas del chalet que fuera propiedad de Lim a principios del siglo XX. Hace décadas que el edificio se halla en plena ciudad, a 10 minutos en taxi del centro histórico de Torreón, en medio de un distrito comercial y habitacional de clase media.

-Ésta no era su casa -añade Silvia-. Él sí era el dueño pero no vivía aquí. La quinta la cuidaba Ten Yen Tea, su cuñado. La hermana de Lim, que es la única mujer china de la que hablan los archivos, estaba acá en compañía de sus hijos cuando llegaron los rebeldes. Cuenta el doctor que apuntaron con rifles a la niña mayor para obligarla a decir que se casaría con ellos. Luego echaron a todos a la calle y saquearon la propiedad. Los Ten se refugiaron en casa de un señor apellidado Hampton.

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