Ficha técnica

Título: La casa de mi padre | Autor: Javier García Sánchez  | Editorial: Galaxia GutenbergColección: Narrativa  |Páginas: 640 | ISBN: 978-84-16072-60-6 | Precio: 22,50 euros | Ebook: 13,99 euros 

La casa de mi padre

GALAXIA GUTENBERG

Serafín, último vástago de una familia a la que secularmente se conoció como los Burros, pues su apellido real era Burón y siempre se dijo que tenían el carácter peleón, así como la apostura guerrera, regresa al pueblo de sus antepasados para aislarse y escribir su tesis doctoral. Le acompaña su novia, y habitan la casa que el padre de Serafín logró construir tras toda una vida de trabajo y ahorros.

Serafín, por lo menos en términos anatómicos, nunca estuvo a la altura de los miembros más celebérrimos de dicha estirpe. Veedor impenitente y tranquilo de cuantos sucesos la vida le depara, es más bien menudo y de débil complexión. Culto y tímido, con un futuro prometedor como científico, pronto se obsesionará con los habitantes del pueblo que, desde época inmemorial, tienen un dicho que constituye la esencia de su ser en el mundo: «La vaca, tudanca / el vino, tinto / la mujer, callada». Y sufrirá un descalabro mayor cuando le anuncien que la nueva autovía que unirá la capital provincial con la capital del Estado pasa justamente por donde se encuentra la casa de su padre.

Después del tour de force de Robespierre, Javier García Sánchez se sumerge, en ésta su nueva obra, en la España rural para describir con un ácido sentido del humor y un lenguaje literario de gran expresividad y riqueza el choque entre la vida tradicional en el universo cerrado de los valles más recónditos del norte peninsular, y la España del pelotazo, de la construcción sin freno y del expolio de la naturaleza. Minuciosa radiografía del proceso de desintegración de todo un tiempo y un lugar, estamos ante una magnífica novela que, con una sonrisa en los labios, destripa ambos mundos sin piedad, sacando a relucir la lucha por el poder que reina en uno y otro, y la voluntad de sobrevivir aunque ello suponga la aniquilación moral de los demás o la propia. 

HI

Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.

GABRIEL ARESTI

Cuentan los Anales Hisedianos que en el pueblo las cosas nunca habían dejado de ser como fueron siempre. Que se tenga constancia de ello, la única ocasión en que alguien intentó modificar de modo levísimo ese curso aparentemente natural de los hechos fue cuando un paisano del Concejo local, que sin duda en aquel malhadado día iba de listo o cogorza perdido, propuso tan rica y alegremente, para escarnio de los escandalizados presentes, que a los escasos habitantes del entonces villorrio de Hiseda se les llamara hisedienses en vez de hisedianos, como desde los evos habían sido. Aquello supuso un hito hisédico en toda regla. Tan insolente lenguaraz fue lanzado desde considerable altura a una poza conocida como el peñasco de Saltamorito, con pavorosos remolinos y corrientes voraginosas que provocan enorme estruendo. Al menos así lo dice la leyenda, y así se lo cuentan padres a hijos, y éstos a los suyos. Se desconoce si el desafortunado pereció o no, aunque eso es una simple anécdota que hace reír a mandíbula batiente, aún hoy en día, a los habitantes de Hiseda, sucesores directos de aquella turba que al parecer sintió en sus carnes la cruda hiel del despecho. Diríase que sus descendientes parecen hallar en tales pormenores, todavía en la actualidad, una suerte de indecible deleite intelectual cuando relatan dichas hazañas, demostrativas de su honda convicción existencial, su vigor ciudadano y una firmeza de ideas de la que nunca dejaron de hacer gala.

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