Ficha técnica

Título: La Casa de la Infancia | Autor: Marie Luise Kaschnitz | Traducción de Rosa Pilar Blanco | Editorial: Minúscula | Colección Alexanderplatz, 13 | ISBN: 978-84-95587-54-1 | Páginas: 137 | Tamaño: 18,50 cm x 13,50 cm | Precio con IVA: 14 euros

La Casa de la Infancia

EDITORIAL MINÚSCULA

 

Un día cualquiera, un desconocido pregunta en la calle a una mujer dónde se encuentra la Casa de la Infancia. Sorprendida, ella contesta que no sabe de qué se trata y sigue su camino. Sin embargo, pocos metros después dará con este edificio que, misteriosamente, dispone para cada visitante los recuerdos de su propia vida. Pese al rechazo inicial que le inspira el lugar, al fin se decide a entrar en esa extraña institución, donde, a través de recursos de una modernidad asombrosa, descubrirá bajo una nueva mirada las olvidadas y temidas sensaciones de sus primeros años. En este relato de envolvente atmósfera onírica y poderosas imágenes simbólicas, el pasado se revela como un inquietante espacio físico al que asomarse desde la lejanía de la edad adulta.

 

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Todo empezó cuando un desconocido se detuvo en la calle para preguntarme si conocía bien la ciudad y podía decirle dónde estaba la Casa de la Infancia. ¿Qué es eso, un museo?, pregunté sorprendida. Seguramente no, contestó el hombre. ¿Una escuela quizá, añadí, o un jardín de infancia? El desconocido se encogió de hombros. No lo sé, repuso. Tenía el pelo gris y pinta de provinciano. Me puse las gafas y para ayudarle leí algunos letreros colocados en los edificios cercanos. Conservatorio, Cine, Allianz Seguros, decían. No se veía ni rastro de nada parecido a una Casa de la Infancia, y yo tampoco había oído nunca una palabra al respecto. ¿Por qué busca usted esa Casa?, inquirí intentando obtener alguna pista. Tengo cosas que hacer allí, respondió el desconocido. Me estoy haciendo viejo. Y, alzando el sombrero en un gesto de cortesía, se alejó. Yo proseguí mi andadura mientras meditaba sobre sus úl timas palabras, un tanto enigmáticas, y por pura distracción me metí en una calle equivocada. Había dado unos centena res de pasos cuando vi la Casa.

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