Ficha técnica

Título: La caja verde de Duchamp | Autor: Antonio Orihuela | Editorial: El Desvelo  | Colección: MALENTENDIDO |  Páginas: 192  | ISBN: 978-84-945102-6-7 | Fecha: septiembre 2016 | Precio: 22,00 euros |

La caja verde de Duchamp

EL DESVELO

En 1912, Marcel Duchamp ideó La Caja Verde, un receptáculo donde guardaba pequeños trozos de papel con las ideas que ocasionalmente le asaltaban, esbozos de proyectos, fragmentos de mitos e historias, símbolos, emblemas, instrumentos que funcionaban a modo de llaves y entradas secretas a su mundo creativo; resortes destinados a activar la mente y que son propiedad de todos y están por todas partes, para quien los sabe ver e interpretar, encarnados en ruidos secretos, pinturas, poemas o en cualquier montón de basura juntada al azar, porque el pensamiento creador no se agota en el objeto sino que se prolonga más allá del lenguaje como arqueología del sentimiento, como teatro de la memoria y escenas de la mente.

En este libro, el mundo de la realidad y el mundo de la visión a través de lo simbólico se dan la mano en múltiples metáforas, juegos de espejos hacia lo infinito, espirales que nos llevan desde el laberinto de Cnosos, pasando por las pinturas cretenses a la fuente de la vida, los gabinetes de curiosidades, las cámaras artísticas y maravillosas, las ruedas, los tableros y piezas de ajedrez, las cajas dentro de la caja, la novia extensa y los solteros devorados por las sombras, los hijos pródigos atareados en el oficio de vivir y el trabajo de respirar pero, sobre todo, este libro está construido como la misma obra de Duchamp, sobre algo que falta, que no está más que en su forma ideal, porque todo lo que aparece en él no tiene más objeto que ocultar lo realmente valioso, estamos seguro de que el sagaz lector sabrá descubrirlo.

 

LA FUENTE DE LA VIDA

Se podría establecer una relación casi directa entre la conquista de Constantinopla por los Cruzados en 1204 y el desmembramiento del Imperio Bizantino durante el siglo XIII, con la aparición de un acentuado dramatismo  en la iconografía religiosa.

     De estas fechas datan los primeros crucificados que, literalmente, expelen chorros de sangre por la herida abierta en su costado. El modelo sigue a los artistas que huyen de Bizancio y se instalan en el norte de Italia.

     En la centuria siguiente, aparecerá una variante en la que ángeles con cuencos vuelan alrededor del crucificado y recogen su sangre como para evitar que caiga en una tierra hostil, ya que a sus pies, a excepción de sus familiares y amigos, sólo encontramos personajes que encarnan a los enemigos del cristianismo (fariseos, soldados romanos, etc.).

     Una nueva variante de la anterior aparecerá en Flandes, en el siglo XV. Son las representaciones de La fuente de la vida, en las que lo truculento de la iconografía anterior deja paso a lecturas teológicas más amables que subrayan la comunión en la sangre de Cristo; que se nos muestra como resucitado unas veces, y transformado en el cordero pascual otras, como ocurre con el políptico que los hermanos Van Eyck pintaran para la iglesia de San Bavón de Gante en 1432. En todos los casos, la acción se desarrolla en el nuevo paraíso que Cristo anunció, donde resucitarían los que creyeran en él.

     Curiosamente, el nuevo jardín del Edén tampoco es indiferente a la ascensión económica y política de las ciudades que, más allá de servir de casual telón de fondo a la escena, insinúan su identificación con la Jerusalén celestial, paraíso natural y por excelencia de la burguesía enriquecida por la actividad industrial, comercial y bursátil que se genera dentro de ellas.

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