Ficha técnica

Título: La Antigua Grecia. Una historia esencial | Autor: Peter J. Rhodes | Traducción: Yolanda Fontal Rueda | Editorial: Crítica | Colección: Tiempo de Historia | Formato: 15,5 x 23 cm. | Presentación: Tapa dura con sobrecubierta | Páginas: 264 | ISBN: 978-84-9892-966-9 | Fecha: jun/2016 |  Precio: 21,90 euros | Ebook: 14,99 euros

La Antigua Grecia

CRITICA

El profesor Peter J. Rhodes, catedrático emérito de la Universidad de Durham, nos ofrece una espléndida síntesis de la historia de la antigua Grecia, desde la Edad del Bronce hasta la conquista romana.

Una visión muy distinta de la tradicional, que nos descubre las nuevas perspectivas que está aportando en la actualidad una investigación arqueológica que ha modificado considerablemente el relato establecido.

Rhodes recorre aquí con una mirada renovada la secuencia de los acontecimientos políticos y militares de estos siglos, sin olvidar la atención debida a las formas de vida, a la cultura y al arte.

En opinión de una figura tan destacada de los estudios clásicos como es el profesor Jonathan Hall, de la Universidad de Chicago, «el magistral dominio que Rhodes tiene de estas materias le permite comprimir una inmensa cantidad de información en una prosa viva y directa, sin sacrificar ninguno de los detalles realmente importantes.»

 

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El mundo griego arcaico

La Grecia de la Edad del Bronce era prehistórica: disponemos de vestigios arqueológicos, pero carecemos de pruebas textuales fiables, excepto los registros de las tablillas en lineal B. La Grecia arcaica es semihistórica. Tenemos la arqueología, pero a menudo resulta difícil relacionar los cambios o las tendencias que revelan los vestigios materiales con los hechos documentados en los textos. Además, tenemos la poesía, de la que una parte versa sobre temas que interesan a los historiadores, y algunos otros textos públicos y privados de la época inscritos en piedra u otro medio; no obstante, la mayoría de las pruebas textuales son posteriores y provienen de las obras de historiadores y de otros textos de los siglos v y posteriores, quienes hicieron cuanto pudieron, con más éxito en unos casos que en otros, con los vestigios materiales, la poesía, la tradición oral y similares. Nuestro conocimiento de este período varía en cuanto a fiabilidad y es a menudo discutible; y también es un conocimiento fragmentario, con información de un lugar en un momento y de otro lugar en otro momento, pero con lagunas en medio. (Del mismo modo, mi conocimiento de Londres es fragmentario: conozco una serie de zonas de Londres, pero me traslado de una zona que conozco a otra que también conozco en metro, por lo que desconozco qué hay entre esas zonas o cómo se relacionan entre sí.)

Las fechas son especialmente problemáticas. Nuestro cálculo de los años d. C. fue introducido en el siglo vi d. C. (con una fecha de referencia que no era del todo correcta) y no se proyectó a los años a. C. hasta el siglo xvii. En el mundo griego, cada estado seguía su propio criterio y utilizaba los años de los reyes o los sacerdotes, o el de un magistrado anual «epónimo», del que tomaba su nombre el año, y hasta a finales del siglo v los griegos no intentaron correlacionar registros y resolver las implicaciones.2 Los griegos clásicos a menudo situaban a una persona o un acontecimiento del Período Arcaico varias generaciones antes, pero para diferentes personas en diferentes contex- 001-264 Antigua Grecia.indd 33 11/05/2016 14:59:09 34 tos la duración de una generación oscilaba entre los 25 y los 40 años y el desconocimiento de la Edad Oscura derivó en una tendencia a situar a las personas y los acontecimientos demasiado pronto para subsanar el problema. Excepto cuando los datos arqueológicos y textuales coinciden claramente, como en el caso de los edificios de la Acrópolis ateniense de la segunda mitad del siglo v, la arqueología puede proporcionarnos fechas relativas, pero no absolutas. A partir de aproximadamente mediados del siglo vi, las fechas son razonablemente seguras; cuanto más nos alejamos de esta fecha, menos fiables son. En este libro utilizo las fechas comúnmente aceptadas; en ocasiones se ha propuesto retrasar la datación de forma drástica y amplia, pero estas propuestas no han tenido una aceptación generalizada.

Entre los poetas mencionados en los capítulos siguientes figuran Tirteo, que promovió el régimen de Esparta a mediados del siglo vii; Teognis de Mégara, probablemente de la segunda mitad del siglo vii, quien se lamenta del aumento de advenedizos que desafían a las familias nobles establecidas (aunque algunos de los versos que se le atribuyen fueron escritos posteriormente por otros); Alceo, que participó en las luchas en Lesbos en torno a 600; y Solón, que escribió comentarios sobre Atenas y sus propias reformas a principios del siglo VI.

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