Ficha técnica

Título: La anorexia y el deseo mimético | Autor: René Girard | Editorial: Marbot | Colección: Ensayo | Traducción: Elisenda Julibert | ISBN: 978-84-92728-01-5 | Páginas: 96 | Medidas: 12,5 x 18 cm. | PVP 12,50 euros | Encuadernación: Rústica

 

La anorexia

EDITORIAL MARBOT

 

¿Por qué la anorexia afecta más a determinadas mujeres que a otras? Uno de los rasgos más evidentes de nuestras sociedades es la pulsión de los individuos de competir constantemente y de hacerlo en todos los ámbitos imaginables de la experiencia. En el caso de las anoréxicas sucede lo mismo que en otros ámbitos: como casi cualquier individuo de nuestra desquiciada cultura, las mujeres anoréxicas quieren ser las campeonas en su categoría. Ocurre algo parecido en el mundo de las finanzas. La diferencia es que el deseo de ser más rico que los demás no se considera patológico mientras que el deseo de ser más delgada, llevado al extremo, produce efectos funestos y visibles en el aspecto físico de la persona. Pero lo que significa la anorexia de una joven es que ha decidido competir y le resulta difícil abandonar antes de la victoria pues eso implicaría renunciar al campeonato. El resultado final es trágico en los casos extremos, pero ello no debe hacernos perder de vista el hecho de que la obsesión por la delgadez caracteriza a toda nuestra cultura. Lejos de ser un rasgo aislado, constituye una preocupación que compartimos con esas jóvenes víctimas.

De modo que el imperativo que empuja a esas mujeres a matarse de hambre procede de toda la sociedad: es un imperativo unánime. Y, desde ese punto de vista, está organizado como un auténtico sacrificio. El hecho de que sea inconsciente, desritualizado, muestra, de un modo bastante espeluznante, que en nuestro mundo se está produciendo un retorno al arcaísmo.

 

 LA NECESIDAD DE SENTIDO COMÚN

Para entender los síntomas descritos por los especialistas basta observar nuestro comportamiento con la comida. En algún momento, la mayoría de nosotros termina experimentando una versión atenuada de los diversos síntomas que caracterizan los dos principales trastornos alimentarios. Cuando las cosas no van bien tendemos a refugiarnos en una u otra forma de exceso que se convierte en una cuasi-adicción. Dado que la comida es la menos peligrosa de las drogas, la mayoría de nosotros se refugia en una leve forma de bulimia. Cuando la situación mejora, restablecemos nuestros propósitos de Año Nuevo y empezamos una rigurosa dieta. Al recuperar el control experimentamos una exaltación psicológica que no dista demasiado de la euforia que caracteriza a la auténtica anoréxica.

No cabe duda de que la distancia entre estas oscilaciones «normales» por una parte, y la bulimia y la anorexia por la otra, es grande: sin embargo, el camino que lleva de unas a otras es continuo. Todos nosotros tenemos el mismo objetivo, perder peso, y para algunos de nosotros esta meta es tan importante que los medios para alcanzarla terminan por no importar. El fin justifica los medios. El patrón anoréxico de comportamiento no tiene sentido en el contexto de nuestros valores declarados sino de lo que enseñamos silenciosamente a nuestros hijos cuando dejamos a un lado nuestros discursos sobre los valores. 

 

 

 

 

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