Ficha técnica

Título: La Alemania de Weimar. Presagio y tragedia | Autor: Eric D. Weitz | Editorial: Turner | Género: Historia del siglo XX  | Periodo de entreguerras: 1919-1933 | Fecha de publicación: Febrero de 2009 | ISBN: 978-84-7506-871-8 | Formato: 14 x 22 cm | Precio: 28 € | Páginas: 474 | Encuadernación: Rústica con solapas

La Alemania de Weimar

TURNER 

 

En 1917, Alemania era un país derrotado, que afrontaba las duras compensaciones de guerra impuestas por el Tratado de Versalles, la crisis económica mundial y la propia depresión de sus ciudadanos.

Weitz relata, en forma de paseo por el Berlín de entreguerras, estos altibajos políticos y económicos en un ambiente de efervescencia cultural: arquitectos como Gropius, escritores como Brecht o filósofos como Heidegger crearon durante esta época sus trabajos más importantes, rodeados de una vanguardia que propugnaba la utopía o la refundación completa de la sociedad.

Esta vívida evocación de Weimar, más pertinente que nunca en la coyuntura económica y política actual, narra al fin cómo una sociedad culta e informada, pero humillada y confundida, pudo dejarse atrapar por el populismo nazi y poner su destino en manos de Hitler.

 

CONCLUSIÓN

Aunque han pasado unas cuantas décadas desde su desaparición, aún es posible percibir el fulgor de la época de Weimar. Como en una tragedia griega, seguimos las vicisitudes históricas que atravesó, sus infaustos comienzos, su azarosa existencia y el aciago desastre que acompaña al momento en que cae el telón. Igual que uno de sus dramas, Weimar nos lleva a reflexionar sobre el sentido del devenir del género humano: la lucha por alcanzar algo nuevo y maravilloso, frente al mal absoluto; la ineptitud y la temeridad de quienes, aun cargados de buenas intenciones, deberían haber sido más precavidos.

En la arena política, pocos son los héroes o heroínas de Weimar y, desde luego, ninguno que merezca el calificativo de inocente -no hay lugar para los hijos de Medea en este drama-, por más que prácticamente todos, desde los militares hasta los comunistas, adujesen que estaban siendo pisoteados. Pero Weimar contó con hombres audaces y brillantes, que alumbraron nuevas formas de expresión artística, que trabajaron con denuedo por una sociedad más humana, y que reflexionaron en profundidad sobre el significado de la modernidad. Hombres capaces de diseñar planes de vivienda que mitigaron las míseras condiciones de vida de muchos alemanes. Hombres que, convencidos de que todo ser humano tiene derecho a una vida sexual gratificante, no sólo escribieron y pronunciaron conferencias sobre la sexualidad, sino que abrieron las puertas de sus consultorios. Hombres que redujeron la inicua jornada laboral vigente en el sector industrial antes de la guerra. Hombres que, con fascinante originalidad, compusieron música, escribieron novelas y tratados filosóficos, tomaron fotografías y realizaron fotomontajes, que renovaron el mundo de la escena sin dejar de preguntarse por el significado de la época moderna. Hombres que crearon pasajes de belleza inigualable, que aún podemos disfrutar cuando nos detenemos en un párrafo escrito por Thomas Mann, o contemplamos la Torre Einstein, de Erich Mendelsohn, un precioso día de verano.

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