Ficha técnica

Título: Kruso | Autor: Lutz Seiler |  Traducción: Carmen Gauger | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativasPáginas: 480 |  ISBN: 9788433979797
| Precio: 22,90 euros  | Código: PN 947 | Fecha: marzo 2017 |

Kruso

ANAGRAMA

1989, el año en que en la República Democrática Alemana cayó el muro de Berlín. Ed, un joven estudiante de literatura, decide romper con todo para tratar de superar la desolación por la muerte de su novia en un accidente. Deja atrás su vida en una gris ciudad de provincias de la Alemania del Este y viaja hasta Hiddensee, una isla en la costa báltica. El lugar atrae a hippies, idealistas y disidentes del régimen comunista, que desde allí pueden intentar huir a Dinamarca.

Sin ningún plan preconcebido, Ed se mueve por la isla viviendo de trabajos esporádicos, entre ellos el de friegaplatos en el restaurante más popular de la zona. Entonces conoce a Alexander Krusowitsch, Kruso, personaje enigmático y dotado de un gran carisma, que es el líder oficioso de los marginados que se ganan la vida como trabajadores temporales.

Aunque reticente, Ed se introduce en su círculo, participa en los ritos de purificación y de amor libre que gobiernan las noches de esa comunidad y establece una intensa y compleja relación con Kruso que desborda los límites de la simple amistad… Hasta que las reverberaciones de la tensa situación de la RDA llegan a la isla y todo cambia para siempre.

Retratada en un año clave de la historia de Alemania, la isla báltica aporta a la novela una dimensión mítica -que incluye referencias a Robinson Crusoe-, y la suma de ambos planos desemboca en una sugestiva indagación sobre la utopía y las formas y los límites de la libertad. Una novela intensa, de inusitada belleza, que se ha convertido en hito de las letras alemanas.

«La primera novela de la literatura alemana contemporánea que merece compararse con La montaña mágica de Mann» (Elke Schmitter, Der Spiegel).

«Una novela filosófica con múltiples capas que plantea una pregunta muy importante sobre nosotros y sobre el presente: ¿cómo se conquista la libertad?» (Alexander Cammann, Die Zeit).

«Lírica y poderosa. El autor se ha convertido en una de las grandes figuras de la literatura alemana contemporánea» (Andreas Wallentin, WDR 5).

«Esta novela sobre el verano de 1989 es un faro, no una torre de marfil» (Lothar Müller, Süddeutsche Zeitung).

«Una novela que aúna la dimensión histórica y la filosófica. Una destacada indagación en las diferentes formas de libertad, y la plasmación maravillosamente poética de un acontecimiento histórico concreto. Un libro de veras extraordinario» (Iris Radisch, 3sat Kulturzeit).

«Sublime; mucho más que la mejor novela del año» (Helmut Böttiger, Deutschlandradio Kultur).

 

LUNA PEQUEÑA

     Desde que se puso en camino, Ed se encontraba en un estado de excesiva tensión que le impedía dormir en el tren. Delante de la Estación del Este, que en el nuevo horario de trenes se llamaba Estación Central, había dos farolas, una casi enfrente, junto al edificio de Correos, y otra sobre la puerta principal, donde estaba aparcada una camioneta con el motor en marcha. La soledad de aquella noche no casaba con su idea de Berlín, pero qué sabía él de Berlín. Pronto regresó al vestíbulo y se acomodó en uno de los amplios antepechos de las ventanas. En el vestíbulo había tal silencio que desde su sitio pudo oír el tableteo con que arrancó fuera la camioneta.

     Soñó con un desierto. En el horizonte, un camello que se acercaba. Flotaba en el aire, sostenido por cuatro o cinco beduinos, lo que parecía costarles cierto esfuerzo. Los beduinos llevaban gafas de sol, no le prestaban atención. Cuando Ed abrió los ojos, vio el rostro de un hombre, brillante de crema, tan cerca que al principio no podía verlo entero. El hombre era viejo y tenía los labios fruncidos, como si quisiera silbar…, o como si acabara de dar un beso. Al momento, Ed hizo un movimiento brusco hacia atrás, y el besador alzó los brazos.

     «Oh, perdone, perdone, lo siento mucho, no quiero…, de verdad no quiero molestar, joven.»
12

     Ed se frotó la frente, que notaba húmeda, y recogió sus cosas. El viejo olía a crema Florena, sus cabellos castaños estaban peinados hacia atrás formando un arco rígido y brillante.

     «Es que», empezó con voz meliflua, «estoy en plena mudanza, una gran mudanza, y ahora ya es de noche, medianoche, muy tarde, qué mala suerte, y uno de mis muebles, un armario, realmente bueno, realmente grande, está todavía ahí fuera, en la calle…» 

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]