Ficha técnica

Título: Kropotkin y la tradición intelectual anarquista | Autor: Jim Mac Laughlin | Traducción:  Vicente Campos González   | Editorial: Ariel | Colección: Ariel | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-344-2595-8  | Páginas: 352 | Formato:  14,5 x 23 cm.| Encuadernación: Rústica con solapas |  PVP: 20,90 € | Publicación: junio 2017

Kropotkin

ARIEL

Un libro que nos revela la vigencia del pensamiento de Kropotkin.   

Esta obra es la perfecta introducción al pensamiento de Kropotkin, uno de los pocos teóricos y activistas anarquistas cuyas ideas han sobrevivido al cambio de siglo. Jim Mac Laughlin resume, sin aridez académica, los conceptos básicos del libertario, situándolos en su contexto histórico y apuntando a su posible vigencia, y pertinencia, en la actualidad. Además de la clara exposición de su ideología, el autor da precisas pinceladas biográ cas de Kropotkin, cuya vida, por sí sola, daría para una aventura épica: el noble, militar, rico, explorador de Siberia, rebelde, revolucionario y exiliado, en el entorno social y de clase del zarismo y de la Europa de entre siglos. Un recorrido que va desde las raíces del anarquismo como ideología, salpimentado con sus aportaciones críticas al nacionalismo de Estado y su convencida defensa del apoyo mutuo como alternativa política.

Un libro que ofrece la esperanza de que, gracias a pensadores como Kropotkin, la utopía razonable y razonada no ha muerto todavía.

 

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El anarquismo antes de Kropotkin

 

Las raíces históricas del anarquismo

Anarquía es una palabra compuesta que procede del griego. El prefijo an-, que significa «ausencia de», cuando se antepone a archos, que denota «gobernante» o «autoridad», nos da anarquía, un término que originariamente significaba «contrario a la autoridad». En la Grecia clásica el término también se utilizaba de manera generalizada para aquellos que vivían «sin gobierno». Como tal, se refería a la gente que vivía en comunidades acéfalas, «sin un líder», en especial a aquellos que no eran gobernados por jefes militares o no estaban bajo su control. Aunque muchas de estas sociedades «anárquicas» tempranas carecían de hecho de Estado, raramente carecían por entero de líderes. Sin embargo, éstos no disponían de medios coercitivos para imponer su autoridad y a menudo estaban obligados a utilizar una combinación de habilidad, suerte y persuasión para mantener su influencia y ejercer el poder. Las comunidades acéfalas como ésas se caracterizaban también por formas muy rudimentarias de diferenciación de funciones y sólo podían sostener un mínimo de especialización económica. En zonas no sometidas a la influencia romana, las pequeñas comunidades y las fraternidades de individuos libres quedaban en gran medida fuera del control del Estado. Kropotkin afirmaría que el espíritu «bárbaro» de sociedades como ésas perduraría entre pueblos escandinavos, sajones, celtas y eslavos.

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