Ficha técnica

Título: K. L. Reich | Autor: Joaquim Amat-Piniella     |  Traducido: Baltasar Porcel , Joaquim Amat-Piniella   | Prólogo: Ignacio Martínez de Pisón   | Editorial: Libros del Asteroide  | Formato: 14 x 21,5 cm. | Páginas: 289 | ISBN: 9788416213016 | Precio: 21,95 euros | Ebook: 12,99 euros

K. L. Reich

LIBROS DEL ASTEROIDE

Francesc y Emili, dos exsoldados republicanos que trabajan para el ejército francés, son capturados por las tropas nazis. Deportados al campo de concentración de Mauthausen junto a otros excombatientes españoles, allí empezará para ellos una experiencia terrible que los convertirá en testigos y víctimas de la llamada «internacional del dolor».

El relato se centrará en Emili, quien logrará sobrevivir haciendo dibujos pornográficos para los SS. A través de él se nos muestra el funcionamiento de los campos: la corrupta red de Kapos, las distintas clases de reclusos, el terrible sistema de exterminio, la malnutrición…; la inhumanidad, en definitiva, de uno de los episodios más tristes de nuestra historia.

Amat-Piniella escribió esta novela basándose en su experiencia como prisionero durante casi cinco años en distintos campos de concentración nazis, su intención era perpetuar la memoria de los miles de españoles que estuvieron internos en ellos. Según él, la forma novelística era «la más fiel a la verdad íntima de los que vivimos aquella aventura».

Publicado por primera vez en 1963, K. L. Reich es, seguramente, el mejor libro que se ha escrito nunca en España sobre la experiencia en los campos.

«K. L. Reich es una pieza única dentro de la tradición de la novela testimonial, y es, me parece, bastante más, se trata de una novela épica, género poco usual en la novelística catalana.» Montserrat Roig

«Un libro modélico: por la modesta honestidad de su autor, por la dosificación de los horrores, siempre pensando en el lector; por sus personajes, caracterizados no por sus frases grandilocuentes sino por reflejar un pensamiento y un sufrimiento. Pero, sobre todo, por la capacidad de dar al lector la verdad última de los que sobrevivieron.» Xavier Pla

«La de Amat-Piniella no es una historia de grandes héroes, sino de embrutecimiento, no está escrita para escandalizar ni para molestar, el autor se limita a novelar de una manera pulcra, honesta y convincente su experiencia en los campos. Ni más ni menos que lo que hicieron Primo Levi o Imre Kertész.» Vicenç Pagès Jordà 

PRÓLOGO

Por Mauthausen pasaron alrededor de ocho mil españoles, de los que sobrevivieron menos de una tercera parte. La trayectoria de esos hombres responde casi siempre al mismo patrón: republicanos derrotados en 1939 que, tras ser encerrados en un campo de refugiados francés e incorporarse a una compañía de trabajadores extranjeros o directamente a la Resistencia, fueron deportados en bloque a ese campo de concentración en territorio austriaco. Las penalidades de esos españoles las conocemos por el testimonio de algunos de los escasos supervivientes, y muy particularmente por los libros K. L. Reich del catalán Joaquim Amat-Piniella y Los años rojos del aragonés Mariano Constante. El primero llegó a Mauthausen en enero de 1941, el segundo en abril del mismo año, y su cautiverio se prolongó hasta mayo de 1945, cuando el campo fue liberado por tropas norteamericanas. Si en los dos años que mediaron entre el final de la guerra civil y el ingreso en Mauthausen las peripecias de todos esos republicanos españoles habían presentado muchas similitudes, durante los cuatro años siguientes sus vidas iban a quedar definitivamente igualadas: igualadas en el horror.

     Primo Levi, nombre clave de la literatura concentracionaria, escribió Si esto es un hombre en 1946, aunque no la publicaría hasta diez años después. También Amat-Piniella redactó el primer borrador de K. L. Reich en 1946 y, tras varios forcejeos con la censura franquista, el libro acabó apareciendo en 1963 (de la mano de dos ilustres editores: Carlos Barral en castellano, Joan Sales en catalán). La prisa que tanto Levi como Amat-Piniella se dieron en poner por escrito sus respectivas experiencias en Auschwitz y Mauthausen obedece sin duda a la urgencia que ambos sentían por fijar sus recuerdos antes de que empezaran a desdibujarse: al igual que las fotos de Francesc Boix, preso también en Mauthausen, esos recuerdos debían servir a la vez de homenaje a las víctimas y denuncia de los verdugos.

     Me atrevo a decir que con esa prontitud buscaban asimismo conjurar el intenso sentimiento de culpa que les atenazaba por el simple hecho de seguir vivos. Los cuatro años largos de infernales padecimientos no podían cerrarse sin que quedaran graves secuelas: no es casualidad que el llamado «síndrome del superviviente» fuera descrito por primera vez tras la segunda guerra mundial. Los tormentos que antes venían de fuera se habían instalado ahora en el corazón del superviviente, y combatirlos significaba combatirse a sí mismo: el enemigo interior. En Mauthausen los que se salvaban eran los cocineros, los barberos, los empleados de los almacenes, los oficinistas…

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