Ficha técnica

Título: Justicia cordial | Autor: Adela Cortina | Editorial: Trotta | Colección: Minima Trotta | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-9879-141-9 | Páginas: 152 | Formato: 12 x 20 cm. | Encuadernación: Rústica | PVP: 10,00 € | Publicación: 2010

Justicia cordial

TROTTA EDITORIAL

La justicia es el núcleo de la moral, la política, el derecho y la economía; de esos saberes que tienen por tarea orientar la acción humana. Brota de la razón, pero de una razón cordial o compasiva, capaz de indignarse ante la injusticia y de conmoverse ante el sufrimiento. El presente libro pretende diseñar los trazos de una sociedad cordialmente justa en sus principales dimensiones: ética cívica, éticas aplicadas, ciudadanía, democracia comunicativa, derechos humanos, relación con los animales y el horizonte de una justicia mundial.  

 

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EL HORIZONTE DE LA JUSTICIA MUNDIAL:
CIUDADANÍA COSMOPOLITA 

A comienzos del tercer milenio una justicia mundial se hace a la vez imposible y necesaria.

    Imposible por dos razones al menos. En principio, porque, como bien señalan un buen número de autores, los límites de las exigencias de justicia parecen coincidir con los de los estados nacionales. Es verdad que existen instituciones internacionales, movimientos de cooperación e interdependencia y un rico debate en el nivel global, pero sólo es posible reclamar y recibir justicia en el ámbito de la república, allí donde los autores de las leyes coinciden con sus destinatarios. Mientras no exista un Estado mundial no parece apuntar la posibilidad de una justicia global, más allá de un humanitarismo difuso.

    Y, sin embargo, una ética como la que hemos diseñado en este libro exige una justicia mundial, y no sólo local, como única forma de responder a las obligaciones que surgen del reconocimiento recíproco de esos seres que se saben y sienten dignos de respeto y necesitados de apoyo, autónomos a la vez que vulnerables. Precisamente, el irreversible proceso de globalización obliga a los estados a pechar con sus responsabilidades, pero con la conciencia de que la tarea les excede, que es ineludible la interdependencia. Y no sólo entre los estados, sino entre ellos y esa sociedad civil, formada por asociaciones cívicas y por empresas transnacionales, que es indeclinable protagonista de la justicia en los nuevos tiempos.

    Cuando Kant, en sus trabajos de filosofía política, diseñaba aquel futuro cosmopolita, en que cada ser humano podría ver protegido su derecho innato a la libertad, sólo imaginó dos caminos, cuyos protagonistas eran en todo caso los estados. El camino de una federación pacífica de estados libres, que conservan su soberanía y establecen entre sí vínculos de amistad, y el camino de una República mundial con una constitución mundial para ciudadanos del mundo. En el primer caso, cada Estado se compromete a «republicanizarse», es decir, a regirse por los principios de libertad, dependencia de la ley e igualdad, y también a invitar a los restantes estados a regirse por los mismos principios. En el segundo caso, el contrato político de todos los ciudadanos del mundo tendría igualmente por meta proteger la libertad igual bajo el imperio de la ley.

    Sin embargo, desde fines del siglo XVIII se han producido cambios sustanciales que abren caminos de esperanza para diseñar y poner en marcha una justicia mundial. Surgen, con mayor o menor brío, comunidades políticas transnacionales, formadas por estados que comparten la soberanía, como es el caso de la Unión Europea, un ejemplo al que se acogen proyectos de distintos lugares de la tierra. Proliferan organismos internacionales, como las Naciones Unidas, que nacen justamente para defender los derechos humanos y, en su seno, iniciativas como las de una gobernaza global, capaz de hacerse cargo cuando menos de la distribución mundial de los bienes públicos.

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