Ficha técnica

Título: Juegos reunidos | Autor: Marcos Ordóñez|  Editorial: Libros del Asteroide | Edición: Enero, 2016 | Páginas: 320 | Formato: 12,5 x 20 cm | ISBN: 9788416213658 | Precio: 18,95 euros | ISBN e-book: 9788416213719 | E-book: 10,99 euros

 

Juegos reunidos

LIBROS DEL ASTEROIDE

Extiendo ahora las cartas sobre la mesa, y me doy cuenta de que esta constelación de relatos breves y novelas cortas, de paseos y recuerdos entre la ficción y la crónica, dibuja, a su manera, una nueva entrega (otras voces, otras épocas, otras formas) de la autobiografía que comenzó con Un jardín abandonado por los pájaros, porque a fin de cuentas resulta que «me parezco bastante a ese tipo que asoma por muchas de las esquinas, bajo diversas luces, con abrigos o camisas hawaianas, bigotes falsos o pelucas, mostrándose y escondiéndose, como en el juego infantil del cucú-tras».

En Juegos reunidos, Marcos Ordóñez recuerda, intuye y fabula, componiendo a base de retazos una suerte de autorretrato sentimental que es también el retrato de su generación y de su ciudad, la Barcelona de los setenta. El escritor y periodista ha compuesto una suerte de autorretrato sentimental entre la crónica y la ficción, en el que también se ven reflejadas su generación y la Barcelona de los setenta y primeros ochenta.

Marcos Ordóñez propone un viaje por «barrios perdidos y reencontrados, noches que parecían eternas, fantasmas resplandecientes, carcajadas que vuelven a resonar» y franquea al lector la entrada a bares, teatros y antiguas redacciones. Juegos reunidos es, además, el relato de cómo se forjó una vocación, la de escritor y periodista, y también una historia de amor.

El libro incluye un despegable con un juego de la oca que el artista Toni Benages ha dibujado a partir de los textos de Marcos.

 

Astor

Ayer empezaste a escribir Astor y parece que no hay manera, no pillas el tono, las piezas no encajan. Vuelves a pensar lo de siempre, que has perdido el toque o como quieras llamarle. Esto es frecuente, tan frecuente que da risa. Hay que saber esperar, está visto. O lo contrario, psicología inversa, decirse: nada, mejor dejarlo estar, no monta, se lo doy al demonio por caridad, como repetía mi abuela cada vez que había perdido algo, y como el demonio no quiere nada por caridad te lo devuelve. Y es entonces cuando algo se rebela (o se revela), como el hurón encerrado en un laberinto que busca la salida, y empieza a dar con el hocico en todas las esquinas hasta que escucha el clic que abre la puerta de la jaula.

Al principio se parece mucho a pintar un cuadro. El problema no es el lienzo en blanco sino la disposición de los elementos. Si no intuyes las líneas de fuerza, si no hueles la tensión y la flexibilidad del trazo, no tienes nada, tienes naturaleza muerta.

Vuelves a ir demasiado rápido. No hay que subir la montaña de golpe. Recuerda que las mejores ideas surgen en la reescritura, cuando comienzan a abrirse ventanas en los fondos, cuando las líneas encuentran sus desvíos, cuando la propia tensión pide esponjamiento.

Pero al principio no hay tensión, solo hay resistencia, la que se produce cuando intentas encajarlo todo como un crío impaciente. Prueba con lápiz, el pincel todavía no hace falta. Coloca el bulto de las figuras sobre la tela. Ya te irán dictando el lugar que ocupan y la forma en que se relacionan.

A la hora de empezar intentas atrapar el tono y buscas un acorde que te suene verídico, una nota con el color de la canción que te gustaría escuchar. Eso tampoco suele ser instantáneo sino que se produce más bien por impregnación, de modo que mejor rastrear aquellas palabras que te hicieron compañía, aquellas voces que caminaron a tu lado.

Estoy hablando de otros libros, aunque desde luego no son los únicos detonantes.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]