Ficha técnica

Título: Jóvenes talentos | Autor: Nikolai Grozni | Editorial: Libros del Asteroide | ISBN: 9788415625094 | Páginas: 352 | Formato: 14×21,5 cm | Traducción: Damià Alou | Precio: 21,95 euros | Ebook: 12,99 euros

 

Jóvenes talentos

LIBROS DEL ASTEROIDE

En Sofía, Bulgaria, a finales de los ochenta, la vida bajo el anquilosado régimen comunista no puede ser más lúgubre. En el viejo edificio de la Escuela de Música para Jóvenes Talentos la mayoría de los profesores trata a sus alumnos como si la música que les enseñan no tuviera ningún poder para conmoverlos.

Konstantin, un pianista de quince años y talento excepcional, confinado en la escuela durante la mayor parte del día, no pierde ninguna oportunidad de manifestar su rebeldía: fuma, bebe, se burla de las formalidades del partido… Inteligente y arrogante, divertido pero cruel, se debate entre el deseo de sobresalir y el de fracasar estrepitosamente. Pese a todo interpreta apasionadamente a los grandes maestros. El aprendizaje de cada pieza es un nuevo reto que le revela exquisitos matices y el piano, un refugio de la realidad, pero también la cadena que lo mantiene unido a ella: quizá pueda sacarlo del país.

Hipnótica e incisiva, Jóvenes talentos es una cautivadora narración sobre la angustia adolescente y un deslumbrante retrato de la vida tras el Telón de Acero que nos habla del poder redentor de la música.

 

 

Comienzo del libro

 

 

Rachmaninov,

Vocalise, op. 34, n.º 14

3 de noviembre de 1987

 

Los enanos rusos son los más altos y los relojes rusos los más rápidos, decía el chiste, y mi reloj —un Sputnik, que había comprado en Moscú después de mi recital en el Conservatorio Nacional— hacía justicia a su reputación. De media se adelantaba dos horas por semana, lo cual, considerando mi hábito incurable de llegar tarde a cada clase o reunión, era de gran ayuda. Lo guardaba en el bolsillo delantero de mi mochila de cuero marrón, pues no soportaba llevar nada en la muñeca. —Son entre las diez y media y las once —le decía a Irina, que estaba frotando la crin del arco de su violín con un trozo de colofonia roja oscura. Estaba apoyada contra la ventana, el pie derecho apuntando hacia la puerta, y me miraba con sus turbadores ojos verdes de una manera a la vez provocadora y tentadora. Estábamos encerrados en el aula 59, en la quinta planta, saltándonos la clase como solíamos hacer un martes sí y otro no. Debajo y en torno a nosotros, los dirigentes hieródulos, con corbatas rojas, azules o Komsomol,* memorizaban la tabla periódica de Mendeléiev, cantaban himnos a los dioses del materialismo dialéctico, transcribían invenciones de cuatro partes y recitaban a Maiakovski. De vez en cuando, la voz de Negodnik, el profesor de historia, retumbaba por las escaleras como un fardo extraviado.

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