Ficha técnica

Título: Jardinosofía. Una historia filosófica de los jardines | Autor: Santiago Beruete | Editorial: Turner | Colección: Noema |  Páginas 536 | Formato: 14 x 22 cm  |  Encuadernación: Rústica con solapas   | ISBN: 978-84-16354-08-5  |  Fecha: mayo 2016 | Precio: 29,00 euros | ebook: 12,99 euros | Adelanto del libro

Jardinosofía

TURNER

Desde los jardines colgantes de Babilonia hasta los huertos ecológicos de las «guerrillas urbanas», el jardín ha sido un reflejo de la sociedad. Quien tiene la suerte de contar con un trozo de verde alrededor de su casa, se enfrenta a una decisión complicada: ¿vallarlo y cultivar coles? ¿Decorarlo con una línea de setos perfectamente recortados? ¿Colocar unos columpios y una fuente? ¿Sentarse allí a mirar el horizonte pensando en la inmensidad del cosmos? Y parecidas preguntas se hacían ya los filósofos presocráticos, los decadentes franceses versallescos y el primer misántropo que se fue a vivir a unas ruinas en medio de un bosque. La forma en que usamos esa «naturaleza domesticada» que son los jardines evoluciona con el mundo, y con cada persona. Y en este libro se narra a través de los jardines de los pensadores, los artistas y los arquitectos de la historia. Una historia que es la de la felicidad, la buena vida y el uso del tiempo y del espacio, en un libro único que habla sobre todo del placer.  

«Si quieres ser feliz una hora, bebe un vaso de vino; si quieres ser feliz un día, cásate; si quieres ser feliz toda tu vida, hazte jardinero». Proverbio chino 

 

PÁGINAS DEL LIBRO

Si bien la historia de los ciberjardines está todavía por escribir, las tecnologías abren un horizonte inabarcable e inquietante. Estamos ante una manifestación nueva, característica de la era digital, que utiliza programas de realidad virtual y telepresencia para generar simulaciones electrónicas de un jardín. El objetivo ideal de estos dispositivos, al que nos vamos aproximando de día en día, sería crear en el usuario la ilusión tridimensional de un espacio ajardinado con el que poder interactuar. En un futuro no muy lejano será posible sumergirse en una realidad perceptiva continua, semejante a la avalancha de impresiones sensoriales que inundan nuestros sentidos cuando nos desplazamos por un parque real. En la medida en que podamos no solo deambular por esos incorpóreos paisajes, sino también disfrutar de una visión de 360º e incluso manipular el entorno, la experiencia del jardín dejará de estar asociada a un espacio físico concreto.

Baste recordar el jardín virtual que se ha creado en el aeropuerto de Ámsterdam para ayudar a combatir el estrés de los pasajeros, o las aplicaciones ya existentes para smartphones y tablets que permiten diseñar, cuidar y regar jardines en las pantallas táctiles, por no mencionar las representaciones de jardines en Second Life y otros entornos digitales. Tal vez su propósito no sea suplantar la vida material, sino ampliar la experiencia humana, pero cabe el riesgo de que este tipo de simulaciones virtuales llegue a ser más sugerente, intensa o cautivadora que la propia realidad, como han advertido ya algunos especialistas. Tan solo de imaginarlo nos invade ese «horror delicioso» característico de lo sublime, y no podemos sino pensar con cierta melancolía que los jardines siempre han sido un refugio para soñadores. Mientras esperamos que surjan los nuevos Le Nôtre, Capability Brown y Olmstead del arte de los ciberjardines, podemos preguntarnos qué metáfora de la felicidad y qué símbolo de la buena vida materializan. 

Si partimos de la tesis aceptada por muchos estudiosos de que los filmes de ciencia-ficción expresan nuestras ansiedades y miedos acerca del futuro, y las dudas que suscitan los avances de la ciencia y la tecnología, y su carácter ambivalente, a un mismo tiempo creador y destructivo, benéfico y amenazante, las extrañas criaturas vegetales que protagonizan algunas de esas cintas hablan de la problemática relación del hombre con la naturaleza. Algunas veces plantear una reflexión sobre los problemas medioambientales, en otras ocasiones cuestionan el progreso y los límites de la investigación, y a menudo también pretenden advertirnos sobre los riesgos de la manipulación genética y el impacto de la actividad humana.  

 

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