Ficha técnica

Título: Invitación al baile | Autora: Rosamond Lehmann | Traducción: Regina López Muñoz | Editorial: Errata Naturae | Colección: El Pasaje de los Panoramas | Formato: 14 × 21,5 | Páginas: 280 | ISBN: 978-84-15217-89-3 | Precio: 18 euros
 
 

Invitación al baile

ERRATA NATURAE

Un diario para sus pensamientos íntimos, un adorno de porcelana, un billete de diez chelines y un retazo de tela de seda roja para su primer vestido de noche. Éstos son los regalos que Olivia recibe al cumplir diecisiete años. Comienza entonces a soñar con su primer baile, a prepararse para él, a anticiparlo: será un acontecimiento maravilloso, el más importante hasta ahora de su limitada vida social, se dice. Y, sin embargo, también siente algo de miedo: se encuentra, pues, entre la expectación y la incertidumbre. Para su encantadora hermana mayor Kate, ese esperado baile será, sin duda alguna, un triunfo, pero ¿cómo lo vivirá la tímida y algo torpe Olivia?

Como en los mejores cuentos de Katherine Mansfield, en los relatos «dublineses» de Joyce, en las novelas de Virginia Woolf… hay algo de atemporal (esa cualidad eterna y que convierte en sublimes los más pequeños detalles) en el mundo descrito por Rosamond Lehmann en esta novela. Al hablarnos de Olivia, que fantasea, teme y sueña a la vez, Lehmann captura a la perfección las emociones de una chica que se encuentra en la edad de paso entre la infancia y la madurez. Un rito que, al mismo tiempo, abre y cierra puertas gigantescas.

A pesar de las décadas que han pasado desde que se escribió esta soberbia novela, las preocupaciones de Olivia serán intensamente familiares para cualquiera que haya sido joven y tímido. Lehmann observa y describe de forma brillante cada emoción: la agotadora anticipación, los breves lapsos de esperanza cada vez que un hombre la saca a bailar, las pequeñas decepciones que siguen y la necesidad de retirarse para, a solas, pensar con calma en lo que está ocurriendo… y, así, respirar de nuevo. Sin duda, una obra tan sutil como profunda.

«Un modelo de selección y compresión… Combina algo de la mundanidad de Colette con la perspicacia imaginativa de Virginia Woolf». Cyril Connolly

«Lehmann construye un humor, una atmósfera, que es propiamente suya y nunca se olvida. Esa voz íntima de las mujeres hablándose a sí mismas». The Sunday Times

«Lehmann es imbatible en la descripción de la sociedad, tanto al hablar de la bohemia londinense como al hacerlo acerca de las clases altas». Vogue

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El pueblo, encajado en la hondonada que se extiende a los pies de la casa, es peculiar, luce poco; posee más ambiente que forma, que perfil: un puñado de siluetas de ladrillo rojo claro se amontona sobre unos jardincillos abarrotados de girasoles, campánulas y minutisas. Hay un surtidor en la plaza, también un gran mojón de granito, de apariencia histórica y origen envuelto en leyendas. Algunos lo atribuyen a los druidas. Otros aseguran que el rey Carlos I se sentó en él.

Aunque la localidad de Little Compton data de antiguo, la casa cuadrada de piedra es reciente. Fue levantada en el mismo periodo que las fábricas de papel de Tulverton, a mediados del siglo XIX, y concebida fundamentalmente como cobijo para la vejez y hogar de la numerosa descendencia del señor James Curtis, fundador de la primera fábrica. Tulverton queda a tres millas de distancia. El señor Charles Curtis, en su papel de primogénito, había completado el trayecto de ida y vuelta a lomos de una yegua gris, día tras día, a lo largo de toda su dilatada vida en activo; en los últimos tiempos, ataviado con levita gris lavanda y chistera, flamante alcalde de Tulverton, había recorrido a diario el camino a la oficina en el digno interior de una berlina.

El hijo de éste, Charles James, había cubierto esa misma distancia en bicicleta, en consonancia con los tiempos. Quizá James Charles, único hijo varón de Charles James, irá a trabajar en automóvil. Los tiempos cambian. Corre el año 1920, y James, fruto último de un matrimonio tardío, cuenta apenas siete años. Víctima de agotamiento a causa de la guerra, su padre se ha retirado a los sesenta, tocado de salud; por vez primera se abre una grieta en la línea directa de sucesión. Ni la familia política ni los parientes lejanos, ni otras personas ajenas a la familia toman en testigo. Por lo demás, ¿quién sabe qué será de los niños cuando se hagan mayores, qué harán o dejarán de hacer? ¿Qué ocurre con la descendencia de los grandes victorianos? ¿Dónde están los muchachos? El molde es el mismo, pero se ha agrietado: es extraño su sabor, está disuelto, atenuado. Acaso el James más joven nunca tenga un coche ni se desplace a Tulverton.

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