Ficha técnica

Título: Ideas de perfil | Autor: Carlos Peña | Editorial: Hueders | Medidas: 14 X 23 X 5 | Páginas: 602 | ISBN: 978-956-8935-44-3 | Precio:

Ideas de perfil

HUEDERS

En este libro Carlos Peña se sirve del género periodístico del perfil -el retrato a partir de detalles capaces de iluminar una personalidad- para presentar al lector algunas de las ideas que entrecruzan casi toda la cultura contemporánea, desde el materialismo de Spinoza al concepto de ideología en Zizek, pasando por la obra ensayística de Octavio Paz o la poesía de Raúl Zurita.

Con el oficio adquirido en el periodismo de opinión y en la sala de clases -mantiene una columna semanal hace más de diez años en El Mercurio y ha sido profesor por más de treinta-, Carlos Peña es capaz de plasmar de manera brillante, con la mirada atenta y la prosa incisiva que lo caracterizan, ideas como la incompletitud de Russell, la banalidad del mal de Hannah Arendt o la concepción de saber según Foucault.

Ideas de perfil, entonces, proyecta y discute conceptos filosóficos, morales y políticos, pero al mismo tiempo retrata a quienes fueron capaces de concebirlos. Así, el liberalismo de Raymond Aron está aliñado con las peleas intestinas que mantuvo con Sartre, la noción de memoria en Freud se comprende a la luz de sus adicciones de juventud y el rigor de Kant, extremo y ejemplar en términos intelectuales, se traduce en una neurosis que lo hacía envolverse en una mortaja para dormir.

Se trata, ante todo, del libro de un lector. Una especie de dietario de las ideas y de los autores a los que Carlos Peña vuelve una y otra vez, con la convicción de que pensar es un esfuerzo por comprender lo que otros han dicho o escrito.

Richard Rorty: la filosofía como literatura

Richard Rorty es uno de los más importantes filósofos contemporáneos, aunque terminó sus días enseñando literatura en Stanford, en Palo Alto, en salas abarrotadas de alumnos y profesores que escuchaban sus lecciones en las que relacionaba a Hegel con Tolstói. ¿Fue ese destino un fracaso? No, en absoluto. Fue una muestra de estricta consecuencia intelectual: él siempre pensó que las teorías filosóficas eran una forma entre otras de narrar lo que entendemos por la realidad.

Hablando francamente -escribe a uno de sus amigos, mientras trataba de irse del Departamento de Filosofía de Princeton en el que se encontraba en 1981- yo me ocupo de narraciones históricas, y cualquiera en este departamento analiza argumentos. Muchos departamentos de filosofía desean esto último y no lo primero. De ahí que sea tan difícil encontrar un lugar para mí. (1)

Encontró un sitio en Stanford que lo acogió en la temporada 1982 y 1983 (allí volvió luego de jubilarse). Y luego un puesto definitivo en Virginia, como profesor de humanidades. Ahí podría «tell historical stories«.

Había nacido en 1931, de padres dedicados a la literatura y al periodismo (algo que seguramente va a influir en su idea de la cultura como narración). Fue un niño precoz, muy inteligente, que entró a la Universidad de Chicago a los 15 años y se doctoró más tarde en Yale, con una tesis en la que examinaba de qué forma el concepto de potencialidad (es decir, la idea de que hay cosas que llevan en sí el germen de otra, como la semilla a la planta) estaba presente incluso en quienes creían que el único lenguaje con significado era el que poseía contrapartidas fácticas, algo, sin embargo, difícil de verificar en el concepto de potencialidad. Su tesis hoy día casi no se cita (salvo por los interesados en su desarrollo intelectual), pero en ella está el germen, y a veces casi el guión, de algunas cosas que le preocuparon toda su vida hasta convertirlo, como dijo alguna vez The New York Times, en «el filósofo americano de mayor influencia en la cultura contemporánea» 2 o, como han sugerido otros, en la reencarnación de John Dewey. ¿Qué hizo Rorty para merecer tamaña descripción?

En un estilo claro, donde no hay sombra ni pliegue alguno, sugirió que la filosofía estaba presa de una pretensión fundamentadora. ¿En qué consistiría esa pretensión? Nada menos que en verse a sí misma como una especie de legisladora capaz de demarcar las creencias verdaderas en las que podíamos confiar y las que no. La filosofía sería un águila de vista excepcional capaz de sobrevolar la totalidad del discurso humano detectando, en base a algún criterio fijo, qué merecería nuestra fe y qué no.

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(1) Citado en Gross, N. Richard Rorty. The Making of an American Philosopher. Chicago: Chicago Univertity Press (RHYW), 2008, p. 386.228 

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