Ficha técnica

Título:  Hundido hasta el cielo |     Autor: Richard Fariña  | Editorial: El Aleph Colección: Modernos y Clásicos, 288 | Precio: 20 €  | Páginas: 368 |    Fecha de publicación:  23 de Octubre 2008 |  Género: Ensayo  |  ISBN: 978-84-7669-832-7 | EAN: 9788476698327

Hundido hasta el cielo

EL ALEPH EDITORES

Basada en viajes y experiencias escolares del autor, Hundido hasta el cielo, cuenta la historia picaresca de Gnossos Pappadopoulis quien emprende un viaje a través del oeste norteamericano, Nueva York y Cuba durante la revolución castrista. En medio de un paisaje psicodélico, el protagonista encuentra -entre otras cosas- mescalina, mujeres, arte, glotonería, falsedades, ciencia, oraciones, y, ocasionalmente, verdades.  Retrato explosivo de una época asombrosa, centelleante, esta es una novela escrita con inventiva, y lleva la esencia de toda una generación decisiva para el siglo xx. Excelente ejemplo de la contracultura de los sesenta. Se ha dicho con justicia que Fariña retrata los sesenta con la misma eficacia con que, cuarenta años antes, Scott Fitzgerald reflejó al mundo la Era del Jazz.

«Hilarante, escalofriante, sexy, profunda, maniática, maravillosa y extravagante, todo al mismo tiempo.» Thomas Pynchon

«Narrador maravilloso, Fariña está a la altura de Kerouac, Kesey y Pynchon.» San Francisco Chronicle 

«Hundido hasta el cielo evoca un vagabundaje iniciático al modo de  Kerouac, con la prosa alucinada de Burroughs.» Les Inrockuptibles

Biografía

Nueva York, 1937-California, 1966. Hijo de padre cubano y madre irlandesa, compartió su infancia entre Brooklyn, Cuba y el Norte de Irlanda. A los dieciocho años fue miembro del Ejército Republicano de Irlanda (IRA), pero tuvo que abandonar el país. Asimismo, viajó a Cuba durante la insurrección de Fidel Castro y estuvo presente más tarde, cuando los revolucionarios entraron en La Habana. Por esos años, Fariña estudiaba en la Universidad de Cornell. Desde 1959 a 1963 vivió en Londres y París, donde se ganó la vida como pudo, de guionista ocasional, cantando en la calle o en pequeños contrabandos. En 1963 se casó con Mimí Baez, hermana de la célebre Joan Báez, y regresó a California donde terminó Hundido hasta el cielo. Sus textos breves aparecieron en revistas como Poetry, The Atlantic y Mademoiselle. Sus piezas teatrales fueron representadas en Cornell y en The Image Theater de Cambridge, Massachussets. Fue también reputado cantante y compositor de folk-rock. Con su esposa, formó un dúo que se presentó en el Festival de música folk de Newport. Grabaron varios discos, el primero de los cuales fue elegido por el New York Times como uno de los diez mejores discos de 1965. El mismo diario opinó que el segundo, Reflections in a Cristal Wind, era «salvaje, imaginativo, poético, sorprendente». Una colección póstuma de sus escritos fue publicada en 1969 bajo el título de Long Time Coming and a Long Time Gone. Richard Fariña murió en un accidente de motocicleta en Carmelo, California, a sólo un mes de haber cumplido veintinueve años y a dos días de la publicación de Hundido hasta el cielo.

Introducción

de  Thomas Pynchon

Ya había oído hablar de Richard Fariña mucho antes de conocerlo en persona. Fue durante el invierno de 1958, hacia el final del segundo semestre escolar, estando yo de colaborador para la Cornell Writer, la revista literaria del campus. En cierto momento, empezaron a llegar a la redacción algunas de las historias y los poemas que se recogen en este libro. Era una voz radicalmente distinta, que parecía venir de algún otro lugar del mundo, una voz más segura, menos confiada, de mayor calidad que la mayoría de los textos que nos llegaban. Mis compañeros no supieron darme mucha más información de este personaje apellidado Fariña, tan sólo que había estado durante un tiempo fuera de Cornell, viajando de un lado a otro.

    Pronto, en las últimas filas de las aulas que nadie ocupaba y donde yo solía sentarme, empecé a detectar esta peligrosa presencia: no usaba ni americana ni corbata, llevaba el cabello más largo de lo normal y se sentaba siempre con el mismo grupo de gente. No hablaba demasiado pero se notaba que estaba allí, analizándolo todo. Con el tiempo, llegué a relacionarlo con «el otro», la presencia literaria.

    Íbamos en grupos distintos, de ahí que nuestros caminos sólo se cruzaran ahora y en ese momento. Un día de primavera, pasaba yo por el patio de la facultad de letras y me encontré a Fariña, recostado sobre la hierba con un libro abierto. Nos saludamos con la cabeza y nos dijimos hola. «¡Oye!», me dijo Fariña, «Doy una fiesta el sábado por la noche en mi casa, en la College Avenue. Si te quieres pasar…». Fue así como descubrí, por primera vez, su extraordinario don de la cortesía. Mientras hablábamos, algo extraño estaba sucediendo. Un grupo de chicas con las que había coincidido en algunas clases y a las que había soñado en muchas ocasiones con acercarme, se habían parado allí, al aire libre, a hablar con Fariña; y éste las estaba invitando a su fiesta. Increíble, pensé para mí mismo, increíble.

    No cabe duda de que 1958 fue un año singular. El lector puede hacerse una idea del alcance de la represión sexual que vivía el campus en aquella época. El rock and roll ya había convivido con nosotros durante algunos años, pero la fórmula «drogas, sexo y rock and roll» todavía no había empezado a hacer mella en la mayoría de nosotros. Se suponía que todas las universitarias de Cornell vivían en el campus, y que pasaban gran parte de su tiempo encerradas bajo llave en residencias o en hermandades femeninas, conocidas como sorority houses. Entre semana, tenían que llegar antes de las once de la noche, hora en que se cerraban todas las puertas con llave. Pasar la noche fuera sin autorización significaba tener que enfrentarse al Women’s Judiciary Board, que podía representar expulsión de la escuela. Los sábados por la noche, tenían la gentileza de prolongar el toque de queda hasta las doce, algo que nos parecía igual de irrisorio.

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