Ficha técnica

Título: Houellebecq economista | Autor: Bernard Maris | Traductor: Antonio Prometeo Moya |     Editorial: Anagrama | Colección: Argumentos |  Páginas: 144  | ISBN: 978-84-339-6388-8 | Precio: 14,90 euros  

Houellebecq economista

ANAGRAMA

Los economistas son una pandilla de intrigantes y no hay intrigantes inocentes. Mueven los hilos de los gobiernos, aconsejan guerras, traman burbujas, crisis y depresiones, están metidos en todas las empresas cobrando buenos sueldos, inventan bulos, rumores y quimeras, han hecho creer a todo el mundo que la economía es una ciencia e incluso han convencido a la Comisión Nobel de que cree un premio especial para ellos cuando no lo hay todavía (¡oh, escándalo!) para los peluqueros, los cocineros ni los artistas del piercing.

Tal es la conclusión a la que se llega leyendo el presente ensayo. Bernard Maris se pasea por las páginas de los libros de Michel Houellebecq: vaya a donde vaya encuentra argumentos de todas clases: sociológicos, políticos, ecológicos, humanitarios, antropológicos y otros, que reflejan el pensamiento de los únicos economistas decentes que han existido y que por eso mismo se consideran clásicos, Adam Smith, David Ricardo, Marx y Keynes.

A pesar de su título, Houellebecq economista no es un libro de economía. Es básicamente una lectura atenta, punzante y corrosiva de las novelas, la poesía y la prosa miscelánea de uno de los escritores más polémicos de la actualidad. Escrito con el mismo humor y el mismo desencanto que los libros de Houellebecq, no deja de ser una guía útil de sus obras y un ensayo sobre la profundidad de su pensamiento: «Nadie tiene como Houellebecq la inteligencia del mundo contemporáneo», afirmó Maris.

«Para que el mundo funcione mejor, concluye Maris, hacen falta menos economistas y más amor» (Alternatives Economiques).

«Una guía indispensable para leer y releer la obra houellebecquiana con el ojo de un «agente económico irracional» desesperado por su época» (Libération).

«Este breve y muy agradable libro de Maris es, ante todo, un canto de amor a la ficción literaria en su conjunto» (Hubert Artus, L’Express).

«Friedrich Engels decía que había aprendido más sobre la sociedad capitalista leyendo a Balzac que consultando a los historiadores y economistas. Salvando las distancias, Michel Houellebecq es a Bernard Maris lo que el autor de La comedia humana a Engels» (Marc Riglet, Lire).

I. El reinado absoluto de los individuos
o Alfred Marshall 

      Nada es colectivo. Los individuos son átomos perpetuamente en conflicto o en transacción. No hay más que simios, vagamente superiores, sometidos a una especie de movimiento browniano y que sufren por ello. «El sufrimiento es la consecuencia necesaria del libre juego de las partes del sistema.» Colectivo, comunidad, asociación, sociedad, altruismo, generosidad, bondad… son palabras que no existen para los economistas.

     Por una curiosa treta de la razón, el antagonismo de los egoísmos crea lo que los economistas llaman un equilibrio: si obtengo un pedazo de pan o de carne no es por la benevolencia del panadero o del carnicero, sino por su egoísmo, por su fría razón.

      Así hablaba Adam Smith. Así habla Michel Houellebecq: «Nos hemos vuelto fríos, racionales […]; ante todo, queremos evitar la alienación y la dependencia.»

      Pero no siempre ha sido así. Para los grandes economistas clásicos (Smith, Ricardo, Malthus, y Marx después de ellos) existen las clases: rentistas, empresarios, asalariados. Pero según Marshall no existen más que individuos utilitarios. En otras palabras, estos individuos son «racionales»: se comportan según la ley de la oferta y la demanda, ley fundamental de la economía, y según la cuantificación monetaria de los placeres y las penas.

     Esto es falso, naturalmente. Los individuos, partículas elementales que se arriesgan, compuestas a su vez de partículas elementales que se arriesgan, aunque totalmente egoístas, son totalmente irracionales. Sí, «sólo existe el egoísmo. Nada permite transgredir las leyes universales del egoísmo y las malas intenciones». Pero por ello mismo, los individuos, agregados transitorios de partículas elementales que chocan con otras partículas elementales, no son racionales.

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