Ficha técnica

Título: Hotel Transición | Autor: Jesús Ruiz Mantilla | Editorial: Alianza | Colección: Alianza Literaria | Formato: Estándar, Papel | Tamaño: 15,50 x 23,00 | Páginas: 272 | Fecha: mar/2016 | I.S.B.N.: 978-84-9104-292-1 | Precio: 18 euros | Ebook: 12,98 euros

Hotel Transición

ALIANZA

Chucho, un niño locuaz, inquieto y curioso, vive en el Hotel que dirige Rocío, su madre. Por allí se alojan personajes estrambóticos, solitarios y misteriosos que hacen un alto en mitad de la convulsión de un país que despide la dictadura franquista y saluda, con nubes en el horizonte y esperanza cautelosa, la democracia. Recién muerta su abuela Carmen, el ser que más quería, Chucho queda a expensas de las tensiones y conflictos paternos y familiares.

En medio también de un hábitat con personajes que se resisten a entregar sus privilegios de vencedores en el antiguo régimen mientras otros luchan, desde la tristeza de derrotas muy presentes, por la reconciliación. De la infancia viaja a la adolescencia mientras, en paralelo, la sociedad en que vive despide la dictadura y despierta a las libertades.

Al tiempo, desde una mirada presente, el adulto en que se ha convertido observa ya maduro cómo todo aquel soplo de ilusión se va desmoronando y termina para alumbrar un tiempo nuevo. El atentado a Carrero Blanco, la desaparición de Franco, el 23-F, el fichaje de Cruyff o las muertes de Mao y John Lennon dialogan desde el pasado con un futuro donde es testigo de la renuncia de Juan Carlos, la muerte de Suárez y el deseo de regeneración democrática entre miedos, nuevas esperanzas y heridas no cerradas, que se trenzan en un diálogo a modo de espejo entre aquellos años y los actuales.

 

Recepción

-Ven, que te levanto.

Cuando la abuela Carmen entonaba aquella frase, Chucho, automáticamente, sin pensarlo, se alzaba… E iba. Quizá lo hiciera moqueando, sorbiendo el llanto muchas veces caprichoso producto del cansancio o consecuencia de un golpe tonto por el pasillo, de una caída fortuita sobre algo tan sumamente inofensivo, inocuo, blando como la alfombra, la madera crujiente de cualquier habitación o incluso el mármol tamizado de humedad que cubría el suelo de la cocina. No importaba. Como un robot, se levantaba… E iba.

La sugerencia, junto a la reacción posterior, venía a ser un acto de fe por parte de la criatura y una demostración de suprema sabiduría para los diagnósticos del dolor en la abuela. Chucho creía absolutamente en el magistral dominio de su poder. Era su voz. El efecto de su voz plácida y señorial. Su voz como un lazo, ligeramente quebrada pero vestida de perpetua serenidad, la que le levantaba del suelo como si gozara de poderes dignos de una médium.

-A ver, a ver.

Efectivamente, no solía ser nada. Doña Carmen calibraba a la perfección la gravedad de cada incidente. La estela de seis hijos le había mostrado toda la intensidad y la frecuencia de los daños: desde el rasguño hasta la muerte de alguno de ellos -algo de lo que jamás hablaba- por enfermedad o accidente. Desde el coscorrón hasta las quemaduras de grado irreversible. Aquel gemido del nieto, más si se trataba de una torpeza previa a la hora de comer, denotaba cansancio, falta de fuerzas y necesidad de siesta.

-¿Dónde te duele?

-Aquí…

Chucho se señalaba la frente manoseándosela en horizontal. Doña Carmen debía apartarle el flequillo ‘beatle’ que le caía de su peinado tipo casco y, efectivamente, cuando comprobaba que no existía daño mayor que el susto o quizás la tímida rabia de haberse sentido torpe, le aplicaba el remedio ordinario.

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