Ficha técnica

Título: Historia del dinero | Autor: Alan Pauls | Editorial: Anagrama | Colección: Narrativas hispánica | Género: Novela | ISBN: 978-84-339-9761-6 | Páginas: 216 | ebook: 13,99 | PVP: 17,90 € | Publicación: marzo de  2013

Historia del dinero

ANAGRAMA

Argentina años setenta. La izquierda avanza y el cordón industrial de Buenos Aires se gana el apodo siempre promisorio de cinturón rojo. En ese contexto de alta tensión política, un alto ejecutivo de una siderúrgica muere al desplomarse en el delta del Tigre el helicóptero que lo transportaba hacia la fábrica. Los buzos de la Prefectura encuentran todo menos la valija llena de dólares que llevaba consigo. ¿Accidente o atentado? Las hipótesis sobre la muerte se multiplican, igual que las que interrogan el destino de ese dinero negro. ¿Negociar con los delegados sindicales? ¿Sobornarlos? ¿Financiar la represión ilegal que acabará por diezmarlos?

Ese episodio oscuro, lleno de ambivalencias, es el núcleo ciego de Historia del dinero, suerte de agujero negro que magnetiza la imaginación y la memoria del héroe de la novela, sembrándole una inquietud que ya no lo abandonará nunca: la obsesión por el papel que desempeña el dinero en su novela familiar. Tiene con que entretenerse. Su padre «hace» dinero en mesas de póker y casinos, está en su salsa en las cuevas de la especulación financiera y hace equilibrio en el filo del delito. Su madre vuelve a casarse y dilapida la pequeña fortuna que hereda en viajes, negocios desatinados y una casa de veraneo que crece sin medida y se traga hasta el último centavo. ¿Qué le queda a él, testigo de la ruina, sino el goce tortuoso de pagar, en todos los sentidos de la palabra?

Deudas nunca reconocidas, préstamos indocumentados, inversiones sin pies ni cabeza, operaciones clandestinas: Historia del dinero es una novela de dinero explícito (como se habla, en el porno, de sexo explícito). Una novela de economía hardcore donde las escenas de sexo han sido reemplazadas por escenas de dinero y la economía de todo un país enloquece sin remedio, centrifugada por la inflación y la irracionalidad financiera. El dinero lo es todo, casi más que la política: generosidad y violencia, posibilidad y condena, sueño y catástrofe. 

Cierre de la trilogía de Alan Pauls sobre los años más tempestuosos de la Argentina reciente, Historia del pelo es -como sus antecesoras, Historia del llanto e Historia del pelo– una meditación intensa, desgarrada y a menudo desopilante sobre la pérdida, quizá la experiencia más decisiva de la historia argentina contemporánea.

 

PÁGINAS DEL LIBRO

     No ha cumplido quince años cuando ve en persona a su primer muerto. Lo asombra un poco que ese hombre, amigo íntimo de la familia del marido de su madre, ahora, encogido por las paredes demasiado estrechas del ataúd, le caiga tan mal como cuando estaba vivo. Lo ve de traje, ve esa cara rejuvenecida por la higiene fúnebre, maquillada, la piel un poco amarillenta, con un brillo como de cera pero impecable, y vuelve a sentir la misma antipatía rabiosa que lo asalta cada vez que le ha tocado cruzárselo. Así ha sido siempre, por otro lado, desde el día en que lo conoce, ocho años atrás, un verano en Mar del Plata, cuando falta poco para almorzar.

     No corre una gota de viento, las cigarras ponen a punto otra ofensiva ensordecedora. Huyendo del calor, del calor y del tedio, él deambula a la deriva por ese caserón de principios del siglo veinte donde no termina de encontrar su lugar, poco importan las sonrisas con que lo reciben los dueños de casa apenas la pisa por primera vez, la habitación exclusiva que le asignan en el primer piso o la insistencia con que su madre le asegura que, recién llegado y todo, tiene tanto derecho al caserón y a todo lo que hay en él -incluyendo el garage con las bicicletas, las tablas de surf, los barrenadores de telgopor, incluyendo también el jardín con los tilos, la glorieta, las hamacas de hierro y esos canteros con hortensias que el sol chamusca y decolora hasta que los pétalos parecen de papel- como los demás, entendiendo por los demás la legión todavía difusa pero inexplicablemente creciente que él, con un desconcierto que los años que hace que escucha la expresión no han disipado, oye llamar su familia política, toda esa tropa de primastros, tiastras, abuelastras que le han brotado de un día para el otro como verrugas, a menudo sin darle tiempo para lo básico, retener sus nombres, por ejemplo, y poder asociarlos con los rostros a los que corresponden. El calvario del que se ve obligado a moverse porque no encaja: todos los pasos que da son en falso, cada decisión un error. Vivir es arrepentirse.

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