Ficha técnica

Título: Historia de un secreto. Sobre la Suite Lírica de Alban Berg | Autor: Esteban Buch | Editorial: Interzona | Colección: IZ Ensayos | Páginas: 96 | Fecha de publicación: Agosto de 2008  | Género: Ensayo | Precio: $ 35 | ISBN: 978-987-1180-57-8

Historia de un secreto. Sobre la Suite Lírica de Alban Berg

INTERZONA 

En el principio hay una escena de infidelidad: una noche en Viena, en 1907, Alban Berg escucha una sinfonía de Mahler y lo invade una sensación de infinita soledad. Luego le escribe a Helene Nahowski: «Esta noche, mi amor, te he sido infiel por primera vez. Ya sabes que mi idea de la fidelidad no es como la de la mayoría. Para mí, es un estado interior que nunca abandona al amante, que lo sigue como su sombra y se vuelve parte de su personalidad». A partir de ese momento, el ensayo de Esteban Buch se dispara en múltiples direcciones que convergen en un mismo escenario: la Viena de fines de siglo XIX y principios del XX. Es un tiempo de cambio radical, que incluye la aparición de la música atonal y dodecafónica, de personajes como Schoenberg, Webern y hasta el propio T. W. Adorno convertido en mensajero amoroso.

Porque de eso trata Historia de un secreto. Sobre la Suite Lírica de Alban Berg, de una pesquisa sobre el amor romántico, la música de vanguardia, el estallido de la subjetividad y el destino desdichado de una de las biografías claves del siglo XX. La Suite Lírica para cuarteto de cuerdas es una de las obras mayores de Berg, y en ella se guarda un secreto: «Se trata de un secreto histérico, que grita aquí estoy, soy un secreto, revélame, poséeme, y luego se sustrae a la confesión, replegándose en la conciencia de los poseedores del secreto».

El ensayo de Buch puede leerse también como una novela policial, como un enigma a resolver: el enigma de Alban Berg, que es al mismo tiempo el de toda una época, la de la crisis de la modernidad. Los libros de Esteban Buch ocupan ya un lugar central en el estudio de la relación entre música, política y modernidad. Como pocos, su maestría reside en conjugar el rigor extremo del archivista con una escritura absolutamente literaria. Historia de un secreto. Sobre la Suite Lírica de Alban Berg es un perfecto ejemplo de ese talento.

Primera parte

Amada música

«Esta noche, mi amor, te he sido infiel por primera vez. Ya sabes que mi idea de la fidelidad no es como la de la mayoría. Para mí, es un estado interior que nunca abandona al amante, que lo sigue como su sombra y se vuelve parte de su personalidad: el sentimiento de que nunca está solo, de que es un ser dependiente, de que sin la amada ya no es una persona entera, capaz de enfrentar la vida.

  «En ese sentido te he sido infiel esta noche. Fue durante el final de la sinfonía de Mahler, cuando poco a poco me invadió una sensación de completa soledad, como si del mundo no hubiera quedado más que esa música -y yo que la escuchaba. Pero cuando tras el clímax, potente y arrollador, se hizo el silencio, sentí una punzada de dolor, y una voz adentro mío dijo: ‘¿y Helene?’. Sólo entonces me di cuenta de que te había sido infiel, y por eso imploro ahora tu perdón. ¡Dime, amor mío, que me comprendes y me perdonas!»

  El joven Alban Berg confiesa a su novia Helene Nahowski una infidelidad absoluta: el clímax de la música disuelve incluso la conciencia de la culpa. También le confiesa una infidelidad secreta: en la sala de conciertos, nadie habrá intuido la traición en su rostro deslumbrado. Y sin embargo, esa noche de 1907 en Viena, Berg es infiel en lo más profundo de su ser, en esa intimidad sensible donde no reina ni la moral, ni el mundo. El compositor se entrega a la Tercera sinfonía en re menor de Gustav Mahler, Mahler que canta a Nietzsche: «Toda dicha ansía la eternidad», esa Ewigkeit con la que Goethe había terminado Fausto y con la que él mismo un día terminará Lulu. Esos pocos minutos disuelven el mundo en la dicha, y sin embargo el éxtasis sólo dura lo que la música tarda en apagarse, como en el vértigo de una relación prohibida. No es fácil permanecer fiel ante lo irresistible, aun haciéndose una idea «diferente» de la fidelidad. Berg traiciona su propia regla en el momento mismo en que la enuncia: la «completa soledad» de la escucha desmiente brutalmente «el sentimiento de que nunca está solo» en el amor. Y esta fidelidad, tan fácilmente abandonada, debe convertirse en «parte de su personalidad». Esa carta, al comienzo de su relación con Helene Nahowski, anuncia la división de su yo. Claro que no hay dudas de que Berg esté enamorado de esta hermosa rubia, que muchos dicen hija natural del emperador Francisco José. Se deleita oyéndola cantar, multiplica las cartas de amor, la corteja con pasión y sin éxito. Tras desafiar durante años el rechazo del señor Nahowski, como antaño Robert Schumann el del padre de Clara Wieck, un día de 1911 tendrá su noche de bodas. Helene no tiene por qué dudar del amor de su novio. Sólo que al casarse con el discípulo de Arnold Schoenberg quince días antes de la muerte de Mahler, ¿se condena acaso a tener celos de la música? ¿La música vendrá a raptar el alma de su amante, como una rival infinitamente más poderosa y más sutil? Pues esta Tercera sinfonía, en boca de Berg, se parece mucho a una mujer. ¿A cuál? Ya Berg exclamaba en su primera carta a Helene: «¡Una y otra vez beso tu mano, mi gloriosa Sinfonía en re menor!».

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