Ficha técnica

Título: Historia de un encargo: «La Catira» de Camilo José Cela | Autor: Gustavo Guerrero | Ganador del XXXVI Premio Anagrama de Ensayo | Editorial: Anagrama | Páginas: 304 | Fecha de publicación: 5 de junio 2008 | Precio:  19 € | ISBN: 978-84-339-6274-4

Historia de un encargo: «La Catira» de Camilo José Cela

EDITORIAL ANAGRAMA 

Este documentado ensayo de investigación histórica, biográfica y literaria viene a iluminar de una manera rigurosa e inesperada unos de los capítulos más olvidados -o mejor escondidos- en la agitada crónica de las relaciones entre la inteligencia y el poder que recorre el siglo XX. Se trata de los viajes que efectuó Camilo José Cela por América Latina a principios de los años cincuenta y de las circunstancias que rodearon el encargo, la escritura y la publicación de su novela La catira (1955). Unos y otros aparecen aquí por primera vez dentro de sus contextos originales, como factores y productos de un momento clave en la historia común de España e Hispanoamérica. Y es que, si los viajes, según se ve en este ensayo, forman parte por entonces de las políticas culturales del franquismo, la escritura y la publicación de la novela están igualmente vinculadas a las expectativas del gobierno del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez, que le encarga la obra a Cela, y a los estrechos lazos diplomáticos que se tejen en esos años entre Madrid y Caracas. Como en un vivo fresco histórico, se anuda así, alrededor del affaire de La catira, una intrincada trama de intereses en la que se confunden la ambición personal de un joven y destacado escritor, los sueños de los inmigrantes económicos españoles que se instalan por miles en Venezuela, la propaganda de una dictadura, los objetivos internacionales de otra, la resistencia de los intelectuales venezolanos y el exilio republicano contra el autoritarismo. Gustavo Guerrero traza este fresco con pulso firme y extiende su reflexión a temas como la representación del otro latinoamericano en la España de Franco, el sentido de la doctrina de la Hispanidad como metarrelato cultural y político, o la justificación del caudillismo en el arte y el discurso oficial de la dictadura perezjimenista. Lo más notable, sin embargo, es la distancia justa que consigue para narrar este oscuro episodio y analizar unos hechos que, bajo otra pluma, se habrían prestado fácilmente a los peores excesos y al más bajo sensacionalismo. Sin afirmar nada que no esté sostenido en una amplia documentación y una extensa bibliografía secundaria, con una prosa sobria y elegante que maneja la ironía con habilidad, Guerrero huye de las generalizaciones y los abusos de lenguaje, para perseguir en los matices y en los detalles la otra cara de una realidad que hasta ahora se desconocía.

1. Viajar

CELA EN SUDAMÉRICA

Una aventura con la mar por medio (mayo-noviembre de 1953)

El 6 de diciembre de 1953, desde las páginas del semanario El Español, Juan Aparicio López saludaba alborozado el regreso de Camilo José Cela a Madrid. Sin escatimar elogios, el entonces director general de Prensa de la dictadura franquista ponía de relieve el importante papel que el joven escritor había desempeñado durante su reciente gira por Colombia, Ecuador y Venezuela. «Al Federico García Sanchiz que hace las Américas por su cuenta y riesgo», afirmaba, «has sucedido tú con un nuevo arquetipo de misionero civil de la España de Francisco Franco, mas también por tu cuenta y riesgo.» Y añadía a renglón seguido: «Ya en Quito, ya en Caracas, ya en Bogotá, allí van asimismo los toreros, has sido no esa cosa fea que es el intelectual a secas sino esa cosa cálida, caliente, que es el español de tomo y lomo, tan capaz de lucir un frac con cremallera en ciertos sitios pudibundos pero aureolado por la Encomienda de Isabel la Católica pendiente al cuello, como de recitar un poema, volar por la selva o pegar un puñetazo.»

No sé qué era más relevante en tan contundente saludo, si el ataque contra el académico García Sanchiz, o la bienvenida y las loas para Camilo José Cela. Probablemente, una y otras, o acaso algo más -¿por qué no?- que hoy se nos escapa por completo. Confieso que no son muchas mis luces sobre la cocina política de El Español en esos años, pero sí creo que Juan Aparicio López dice algo cierto cuando subraya un aspecto esencial de aquella aventura sudamericana de Cela, que luego el tiempo ha ido borrando, o como relegando al olvido. Me refiero a la compleja naturaleza de un viaje que fue a la vez personal y oficial, turístico y diplomático, literario y político. En efecto, basta acercarle un poco la lente y mirarlo con cuidado, para descubrir que sus facetas fueron sumamente variadas, casi tanto como las diversas peripecias que le van ocurriendo al celebrado novelista en Sudamérica. Éste, según avanza la gira, pareciera irse fundiendo en esa misma diversidad al descomponerse en un rosario de proteicos avatares que tratan de compendiar roles y posturas distintas. Así, será, simultánea o sucesivamente, huésped de honor de la Colombia de Laureano Gómez y/o enviado especial de Informaciones de Madrid, o joven adalid del tremendismo literario y/o nuevo adelantado de la Hispanidad y las políticas culturales de Alberto Martín Artajo, el ministro español de Asuntos Exteriores de la época.

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