Ficha técnica

Título: Hijos sin hijos| Autor: Enrique Vila-Matas | Editorial: De Bolsillo  | Género: Novela| ISBN: 978-84-9989-440-9 | Páginas: 267 | PVP: 9,95 € | Publicación: Marzo de 2012

Hijos sin hijos

DE BOLSILLO

Cada uno de los cuentos que componen este libro oculta una cita de Kafka, quizás el hijo sin hijos por antonomasia, epítome del individualismo y, a la vez, de la indiferencia. Todos los personajes presentados aquí se sustentan en sí mismos, podrían ser máquinas solteras -aun estando casados- y permanecer atados a la realidad solamente con un hilo de araña. No obstante, tejen también el tapiz abreviado y portátil de una particular historia de España que cubre apenas 41 años, la edad de Kafka cuando murió en Kierling.

 

Los de abajo
(Sa Rápita, 1992)

Tengo once hijos, dos gatos, un perro, tres peces, dos conejos y un loro. Con los niños las cosas me van muy bien, pero con los animales -un capricho de mi santa esposa- tengo problemas.

     Acabo de cumplir 41 años. La madurez la soporto como buenamente puedo. Creo en muy pocas cosas. En la felicidad creo, si ésta consiste en el descubrimiento de que el suelo sobre el que estamos parados no puede ser más grande que lo que de él cubren nuestros dos pies. Heráclito lo dijo de otro modo: «El sol tiene la anchura del pie de un hombre».

     Acabo de cumplir 41 años, y aquí estoy yo ahora de pie, a la sombra de la palmera de esta casa de todos los veranos, frente a la isla de Cabrera, mirando al mar. Escucho el rumor del oleaje, mis hijos más pequeños juegan en el patio trasero de la casa, hoy he terminado mi libro. En el suelo de mi estudio yacen mis manuscritos como hijos atrozmente abandonados por padre y madre.

      El libro está terminado y el lector tendrá sobre él la última palabra, pero entretanto a mí me parece que, entre otras cosas, he escrito, sin darme cuenta, una Breve y heterodoxa Historia de España de los últimos 41 años. Una historia en la que este país aparece más bien como tierra baldía y desheredada, sin demasiado futuro, casi yerma, muerta para la gracia de la vida, hasta el punto de que vemos aparecer en el libro la sombra de eso que Guillén, en carta a Salinas, llamó «la realidad modesta de España».

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