Ficha técnica

Título: Guerra y guerra | Autor: László Krasznahorkai | Traductor: Adan Kovacsics | Editorial: Acantilado | Colección: Narrativa del Acantilado, 155 | Género: novela | ISBN: 978-84-92649-05-1 | Páginas: 368 | Formato: 13 x 21 cm. | Encuadernación: Rústica cosida | PVP: 22 euros

Guerra y guerra

 ACANTILADO

 

En un oscuro puente del ferrocarril, Korin está a punto de ser atacado y robado por unos violentos adolescentes. Desesperado, enloquecido por momentos, pero siempre empático, ha descubierto en los archivos de una pequeña ciudad húngara un antiguo manuscrito de sorprendente belleza: narra la épica historia de dos camaradas que luchan por regresar a casa tras la guerra. Korin está decidido a suicidarse, pero antes de hacerlo cree que debe huir a Nueva York con el precioso manuscrito y preservarlo para la eternidad colgándolo en una web. Siguiendo a Korin obsesivamente por las calles de Nueva York, la novela relata sus encuentros con los diversos tipos humanos que pueblan un mundo dividido entre el vicio y una misteriosa belleza. 

 

COMO UNA CASA EN LLAMAS

1

Ya no me importa morir, dijo Korin, y tras un largo silencio, señalando un estanque cercano, preguntó: ¿Aquello son cisnes?

2

Siete muchachos lo rodeaban justo en el centro del puente que pasaba por encima del ferrocarril, agachados, empujándolo contra la barandilla, seguían exactamente igual que media hora antes, cuando lo habían atracado, pero con la diferencia de que ya nadie quería robarle, pues, aunque resultaba evidente que era fácil asaltar a una persona como él, no merecía la pena debido a las imprevisibles consecuencias del hecho, porque el hombre seguro que no tenía nada y lo que podía poseer parecía más bien un lastre insondable, o sea que, cuando esto fue quedando claro, paulatinamente, a partir de un punto determinado del caótico, tormentoso y, para ellos, «tremendamente aburrido» monólogo de Korin, desde el momento, más o menos, en que empezó a hablar de cómo había perdido la cabeza, los chicos no se levantaron, ni lo dejaron allí como a un loco, sino que permanecieron tal como estaban, guiados por el motivo que los había traído al lugar, agachados, formando un semicírculo, inmóviles, ya que entretanto había caído poco a poco la noche sobre ellos; los acalló la oscuridad que se posó con el silencio crepuscular de las fábricas, y la mudez expresaba de la forma más profunda su atención, a la que, como Korin ya no interesaba, sólo le quedaba un objeto: las vías que pasaban por debajo.

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