Ficha técnica

Título: Gritos en la llovizna  | Autor: Yu Hua | Traducción: Anne-Hélène Suárez Girard  | Editorial: Seix Barral |Colección: Biblioteca Formentor | Formato: 13,3 x 23 cm. | Presentación: Rústica con solapas | Fecha: sept/2016 | Páginas: 320 | ISBN: 978-84-322-2947-3 | Precio: 20 euros | Ebook: 12,99 euros

Gritos en la llovizna

SEIX BARRAL

Un rompecabezas literario en el marco de una sociedad en pleno proceso de cambio de la mano de una de las grandes voces de la literatura.

El mediano de tres hermanos, Sun Guanglin, se siente ignorado por sus padres. A la edad de seis años lo envían a vivir con otra familia, y regresa tiempo después, el mismo día en que la casa familiar queda destrozada en un incendio, hecho que intensifica aún más su exclusión. Pero la posición de Sun como marginado en su familia y su pueblo lo emplaza en una situación única para observar la naturaleza cambiante de la sociedad china, mientras las dinámicas sociales y familiares se transforman bajo el mandato comunista. Una desgarradora historia de supervivencia narrada en primera persona que detalla la tumultuosa experiencia de una familia en la China rural.

 

1

NANMEN

En 1965, un niño empezó a sentir un terror indescriptible a la oscuridad nocturna. Recuerdo esa noche en que flotaba la llovizna; yo ya estaba acostado, era tan menudo que parecía un juguete que alguien hubiera dejado encima de la cama. El agua que goteaba del alero daba relieve a la existencia del silencio, y sólo olvidando paulatinamente ese goteo en medio de la lluvia fui conciliando el sueño; debió de ser entonces, mientras me quedaba dormido, tranquilo y seguro, cuando pareció surgir ante mí un sendero recóndito, abriéndose a mi paso los árboles y las matas. Llegó hasta mí la voz de una mujer, como un llanto lejano, un quejido ronco que irrumpió en la noche silenciosa. El niño de mis recuerdos se echó a temblar.

Me veo a mí mismo: un niño asustado con mirada de espanto y el rostro apenas visible en la oscuridad. El lamento de esa mujer seme hizo eterno. ¡Con cuánta ansiedad y miedo esperaba que le respondiera otra voz que calmara ese llanto!, pero no apareció. Ahora me doy cuenta de la causa de mi terror de entonces: en ningún momento se elevó una voz que respondiera. No hay nada más estremecedor que un grito de soledad y desamparo en la inmensidad de una noche de lluvia.

Otro recuerdo sigue de cerca al primero: varios corderos blancos vienen por la hierba de la ribera. Evidentemente, se trata de una impresión diurna, una caricia reconfortante tras el desasosiego producido por el recuerdo anterior. Sólo que no acierto a determinar en qué lugar me encontraba cuando recibí esa impresión.

 

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