Ficha técnica

Título: Gótico carpintero | Autor: William Gaddis |  Traducción: Mariano Peyrou | Editorial: Sexto Piso | Colección:  Narrativa Sexto Piso | Género: Novela | ISBN: 978-84-96867-97-0 | Páginas: 288 | Formato:  15 x 23 cm. | Publicación: 2012

Gótico carpintero

SEXTO PISO

Si queremos comprender el actual derrumbe de Estados Unidos, no hace falta más que leer Gótico carpintero. Escrita en 1985, cuando aún no se percibían con claridad los efectos de la maquinariafinanciero-corporativa que ha despellejado a la mayor parte de la sociedad hasta dejarla en los huesos, Gaddis pudo entrever la demencia de un sistema fundamentado en capas sobre capas de avaricia, como si fuera un perro persiguiendo su cola que cuando por fin consigue morderla es sólo para comprobar que el dolor proviene de su propia mandíbula al cerrarse.

Gaddis construye su novela a base de diálogos. Cada uno de los personajes recita su monólogo de sinsentido, convencidos de que su minúscula parcela de realidad equivale a la realidad misma. Paul intenta enriquecerse promocionando los poderes milagrosos del reverendo Ude, quien ahoga a un niño al bautizarlo, y convierte la tragedia en una clara manifestación divina por la que el pequeño es acogido en la gloria eterna. Liz gasta fortunas de doctor en doctor, intentando reunir pruebas para defraudar a su compañía de seguros. El dueño de la casa donde viven es el misterioso McCandless, situado siempre en el límite entre la genialidad y la locura, con un confuso pasado como geólogo, novelista y fumador.

Gaddis retrató en un microcosmos eso que hoy presenciamos a gran escala: el desmoronamiento de una sociedad a causa de los intereses personales y mezquinos de los individuos poderosos.

«Ningún personaje de Gótico carpintero es inocente o escapa indemne o sin ser escuchado. Es un extraño hito, una torre que se añade a la amplia, ingeniosa y audaz mansión gótica que William Gaddis ha ido construyendo en las letras norteamericanas.» Cynthia Ozick

 

PÁGINAS DEL LIBRO

El pájaro, ¿un pichón tal vez? o una paloma (había descubierto que aquí había palomas), voló por el aire y su color se perdió en la luz que quedaba. Podría haberse tratado del montón de harapos con el que ella lo había confundido a primera vista, lanzado al más pequeño de los niños que había ahí fuera que se limpió el barro de la mejilla donde le había dado, lo cogió por un ala para volver a lanzarlo hacia donde uno de ellos ahora empleando una rama partida a modo de bate lo golpeó muy alto por encima del árbol lo capturaron de nuevo y lo volvieron a lanzar y otra vez lo arrojaron hacia un montón de hojas arremolinadas, hacia un charco que había dejado la lluvia de la noche anterior, una especie de maltrecho volante que mudaba de forma a cada golpe, hacia la señal amarilla de callejón sin salida situada en la esquina opuesta a la casa donde habían acabado a esa hora del día.

     Cuando sonó el teléfono ya se había dado la vuelta, para recuperar el aliento, y al ir a cogerlo a la cocina levantó la vista hacia el reloj; todavía no eran las cinco. ¿Se habría parado? Se estaba acabando el día, el sol se había puesto tras la montaña, o lo que aquí se consideraba una, que se elevaba desde el río.

     -¿Hola? -dijo-. ¿Quién…? Ah sí no, no no está aquí está… No, yo no soy. No, yo soy… Bueno no soy su mujer no, se lo acabo de decir. Me llamo Booth, ni siquiera lo conozco. Acabamos de… ¡Vamos déjeme terminar! Acabamos de alquilar esta casa, no sé dónde está el señor McCandless ni siquiera lo he visto nunca. Recibimos una postal suya desde Argentina eso es todo. ¿Río? ¿Eso no está en Argentina? No, sólo era una postal, algo sobre la caldera de la casa sólo era una postal. Siento no poder ayudarlo, llaman a la… No, tengo que colgar, llaman a la puerta…

     Había alguien encorvado, mirando detenidamente hacia dentro en el mismo lugar en que ella había estado mirando hacia afuera hacía un minuto, una línea recta que iba desde la cocina pasando junto al primer barrote de la balaustrada de la escalera hasta la puerta de entrada acristalada que se abrió con un estremecimiento.

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