Ficha técnica

Título: Gotas de Sicilia | Autor: Andrea Camillieri | Traducción: David Paradela López | Editorial: Gallo Nero | Colección: Piccola | Páginas: 108  | Formato: 11 x 16 | ISBN:  978-84-1652925-4978-84-1652925-4 978-84-1652925| Precio: 12,00 euros  |  Fecha:  abril de 2016 |

Gotas de Sicilia

GALLO NERO

En las páginas de Gotas de Sicilia desfilan las imágenes de la tierra natal de Camilleri, síntesis de un amor antiguo y sanguíneo y en las que brilla todo el ingenio y el carácter de la isla. Son retratos y recuerdos que se transfieren de la memoria al papel de una forma única e irrepetible.

En cada uno de los relatos, publicados en L’Almanacco dell’Altana entre los años 1995 y 2000, asoma aquel funambulismo de la escritura y del lenguaje, siciliano y nacional a la vez, que ha hecho de Camilleri uno de los autores más leídos y queridos de los últimos años. 

 

EL TÍO COLA, «PIRSONA LIMPIA»

     (La escena representa el interior de una relojería. Detrás del mostrador, un joven extraordinariamente delgado y con grandes gafas, de poco más de veinte años, lee un periódico. Se abre la puerta del local, entra un señor cincuentón, bien vestido, no muy alto, de apariencia cordial y modales serenos.)

      Buen día. ¿Non está el proprietario, el siñor Falletta? Ah, que es andado un momento al banco y usted guarda el negocio. Alora, se me permite, lo espero. (Agarra una silla, la pone delante del mostrador, se sienta.) No, non le debo dire niente, era solo el placer de verlo un tantico y charlar con un paesano. Me presento, a mía me llaman tío Cola. No, no, por caridad, se quedase asentado, non se alce. ¿Non me arreconoce? Alora vien dicir que usted non es de aquí, de Roma. ¿Es venido  a la capital a estudiar? ¡¿Triatro?! ¿Me está a dicir que el triatro se estudia? Bah, a mía me sale natural. Usted, pero, debe ser de adonde yo, de Girgenti. ¿Sí o no? De Porto Empedocle, ¿a que sí? Si lo miro bien mirado, capaz que endovino de qué familia es. No, mudo, non me día pistas, se deje mirar nomás. Usted vigile el negocio intanto yo penso. ¿Sabe? Yo, una facha, luego que la he visto anque sía una vez, anque sía un momento, me se graba nela testa y non me la descuerdo más. Una noche, en Ditroit, que yo ero ancora niño, enrecién arribado a los States, nuna estrada oscura, me esbato con uno que camina todo torto de whisky que llivaba nela pancha. En volviendo a casa veo que nel bolsillo non ho más la cartera, y non pode que haber sido ese falso embriaco. Bien, pasan vinticinco años, y yo intanto me son ido haciendo un sitio nela vida, una posición, y un domingo me invitan a una gran comida con amicos en Broccolino. Me arricordo que estaban Philip Ferrara, que vino luego a tener fama de indisiable, justo él, al que todos disiaban, muy de la broma, amicón, siempre pronto al chiste y la risata; Steve Rosolino, que en gloria estía, que lo sacaron del Hudson con cemento nelos pies, y Dom Palazzolo, que en gloria estía también, que lo abaliaron nel restorán de Fred Iacolino mentre se comía un cuarto de cordero al hinojo selvaje. ¿Cómo? ¿Que nunca ha probado el cordero al hinojo selvaje? ¡Pero si eso arresucita un morto! Verá, se prende un cordero de leche… Pero eso mejor se lo cuento unotro día. ¿Qué estabo a dicir? Ah, que estábamos en comiendo cuando se abre la puerta y entra uno con el pelo acusí arrizado y el bigote a lo umberto.

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