Ficha técnica

Título: Goethe. La vida como obra de arte | Autor:  Rüdiger Safranski  |  Editorial: Tusquts | Colección: Tiempo de Memoria, 107 | Páginas: 696  | ISBN:  978-84-9066-107-9   | Precio: 24,04 € (IVA no incluido) | Ebook: 10,74 € (IVA no incluido)

Goethe. La vida como obra de arte

TUSQUETS

Rüdiger Safranski, un maestro en el arte de exponer la historia de las ideas, presenta a un Goethe en gran medida inédito para el lector en lengua española, pues para escribir esta impresionante biografía ha recurrido a incontables fuentes primarias: cartas, diarios, epistolarios, conversaciones o semblanzas de cuantos lo conocieron y trataron. El resultado es un poliédrico y vivísimo retrato de Goethe, un autor cuya vida se mueve entre los años del rococó y el nacimiento del ferrocarril, y que fue testigo privilegiado de la Revolución francesa y las guerras napoleónicas. Safranski no sólo nos relata su época y su obra, sino que nos transmite el apasionado esfuerzo de Goethe para convertir su propia existencia en una obra de arte, un arte de vivir unas veces afortunado y otras desgarrado por múltiples contradicciones, pero lleno de enseñanzas para los lectores de todos los tiempos.  

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     Quizá sea una ironía el hecho de que Goethe, al comienzo de su autobiografía, titulada Poesía y verdad, cuando describe su difícil nacimiento, mencione sus consecuencias beneficiosas para la humanidad en general.

      Por un descuido de la comadrona, el recién nacido estuvo a punto de morir estrangulado por el cordón umbilical. La cara se le había puesto ya amoratada y los presentes llegaron a pensar que había muerto. Lo sacudieron, le dieron unos golpecitos, y la criatura respiró de nuevo. Este peligroso nacimiento sirvió de ocasión al abuelo, el corregidor Johann Wolfgang Textor, para organizar mejor la obstetricia en la ciudad. Se mejoró la instrucción de las comadrones, iniciativa «que redundó en beneficio de quienes nacieron más tarde». De esa manera, la autobiografía establecía sus primeros momentos culminantes.

      El abuelo Textor, que dio el nombre al recién nacido, había rechazado en el pasado su elevación al estamento nobiliario. No habría podido casar a sus hijas, entre ellas a Katharina Elisabeth, la madre de Goethe, conforme a ese rango, pues para el estamento nobiliario no alcanzaban sus riquezas, y para los círculos burgueses habría sido entonces demasiado distinguido. De modo que siguió siendo lo que era: un ciudadano prestigioso y, como corregidor, suficientemente poderoso para apoyar el asunto de las comadronas.

       El corregidor no sólo era el funcionario más alto de la comunidad municipal, sino también el representante del emperador en la ciudad imperial, distinguida con el privilegio de ser el escenario de la elección y coronación del emperador. El corregidor se hallaba entre los que podían llevar el baldaquín sobre el emperador. El nieto se recreaba en este esplendor, que también recaía sobre él, para fastidio de sus compañeros de juego, aunque gracias a él tenían también acceso a la sala imperial en el Römer, donde se representaban los grandes acontecimientos. Goethe guardaba un recuerdo cariñoso del abuelo Textor. Lo describe cultivando los frutales y las flores de su jardín, o cortando las rosas. Con su «bata, semejante a un vestido talar» y «un  gorro negro de terciopelo» transmite al nieto «el sentimiento de una paz inquebrantable y una duración eterna».

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