Ficha técnica

Título: George Orwell o el horror a la política | Autor: Simon Leys | Traducción: Marisa Pérez Colina | Traducción del texto de Jean-Claude Michéa: Isabelle Marc Martínez | Editorial: Acuarela & A. Machado | Colección: Acuarela 29 | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-7774-204-3 | EAN: 978-84-7774-204-3 | Páginas: 130 | Formato:  13 x 19 cm. | Encuadernación: Rústica |                PVP: 13,00 € | Publicación: 2010

George Orwell o el horror a la política

ACUARELA & A. MACHADO

Se conoce principalmente a George Orwell como novelista y autor de dos obras maestras, 1984 y Rebelión en la granja. En ellas, Orwell captó magistralmente la esencia del régimen soviético: reescritura sistemática del pasado, liquidación de la noción de verdad independiente, degradación del lenguaje y de la lógica, inestabilidad permanente de las condiciones de vida, tortura ilimitada del cuerpo y la mente, etc.

Pero la obra de Orwell no se deja reducir a una máquina de guerra anticomunista, como cierta lectura liberal o neoconservadora querría hacernos creer hoy. Como enseña Simon Leys en este libro, Orwell fue novelista y crítico del totalitarismo ruso, pero también corresponsal de guerra, miliciano revolucionario en la guerra civil española, defensor incombustible de un socialismo democrático, periodista e inventor quizá del género «novela sin ficción» algunos años antes que Norman Mailer o Truman Capote… Todo lo contrario de un «hombre de letras»: en él las palabras y los actos no estuvieron nunca disociados.

Orwell se definió a sí mismo como un «escritor político, dando el mismo peso a cada una de las dos palabras». Contra el secuestro de la realidad a manos de los estereotipos y los clichés, concibió su teoría y práctica de la escritura como invención de la verdad y complicación de la realidad a través de la literatura. Ayer, hoy, esa es su actualidad y su fuerza crítica.

Publicado inicialmente para saludar la fecha orwelliana de 1984, este ensayo se agotó pronto. Muchos lectores presionaron a su autor durante años para que lo reeditase. Leys se releyó a sí mismo a casi veinte años de distancia, constató que el tema no había perdido ninguna pertinencia y que su propia perspectiva permanecía siendo idéntica en lo esencial.  

 

GEORGE ORWELL:
CONTRA EL SECUESTRO DE LO REAL
Amador FERNÁNDEZ-SAVATER 

    Albert Camus, George Orwell, Hannah Arendt, Cornelius Castoriadis… Sus nombres evocan voces intempestivas que a lo largo de décadas gritaron contra la realidad incomodando a izquierda y derecha. No en vano rehuyeron inscribir su pensamiento y su palabra en la polarización Este-Oeste que organizó el mapa de lo posible (lo que se podía hacer, ver, sentir) durante el siglo XX. Más bien todo lo contrario. Señalaron con mucha claridad y fuerza cómo la polarización entre ambos bloques secuestraba la realidad, convirtiendo al mundo entero en rehén. Espectador pasivo de su suerte, sometido a perpetuo chantaje entre distintos poderes que le prometen la salvación, el rehén es la figura de la imposibilidad de la acción. Ha perdido su capacidad de hacerse cargo por sí mismo del mundo, de transformar la realidad. Su existencia depende de un juego de manipulaciones y cálculos de poder entre agentes indiferentes a su destino y en los que él no puede intervenir.

    Preservar la autonomía y la singularidad de su palabra no condenó a ninguno de ellos al aislamiento del rehén, aunque fuese eso mismo lo que pretendiesen los poderes (políticos, culturales, etc.) que participaban entonces más activamente en el secuestro de lo real. Por el contrario, el timbre y la entonación de sus voces tan personales se fue afilando en el seno de experiencias y luchas colectivas que pugnaban entonces por abrir la realidad, agujereando la política de bloques («conmigo o contra mí») y haciendo emerger una alteridad radical, irreductible a la polarización. A través de esas luchas los dos bloques en conflicto revelaban, como decía Guy Debord, la «unidad de su miseria»: una base común (que no idéntica) de explotación del trabajo, opresión política y alienación de las capacidades humanas. España 1936, Berlín 1953, Hungría 1956, Mayo del 68… son las fechas emblemáticas, pero la alteridad radical se afirmaba cotidianamente en luchas obreras, objetores de conciencia, rebeliones anticolonialistas, movimientos estudiantiles, revueltas de mujeres, etc. El gesto de aquellas voces intempestivas no era exactamente el del intelectual que se compromete con una causa, apoyándola exteriormente como el que firma un manifiesto, sino más bien el acto de implicación de quien se deja envolver completamente en un combate, lo acompaña con su cuerpo borrando las distancias y se hace cargo de su fragor en el campo del pensamiento o la creación.

    Por todo ello, nunca deja de resultarnos extraño, aunque no sea un fenómeno de ayer ni de antes de ayer, la apropiación neoconservadora o liberal de aquellas voces, que glorifica su lucidez, su valentía y honestidad, su capacidad de visión y anticipación, pero solamente para criticar a la URSS, reinscribiéndolas así de nuevo en la polarización (ahora, Democracia vs Totalitarismo) de la que pelearon por escapar. Esa apropiación liberal (a veces, liberal-libertaria) funciona difuminando planos enteros de la vida y el pensamiento de aquellas voces intempestivas: en primer lugar, se borran los términos que utilizaron para describir la organización social de los países occidentales (algunos tan actuales como «oligarquía liberal» de Castoriadis); en segundo lugar, se desdibuja en nombre de qué se criticaba el régimen soviético (el socialismo democrático de Orwell y Camus, la república de consejos de Arendt o Castoriadis); y en tercer lugar, se oculta de dónde -de qué espacios y experiencias colectivas- se extraían ideas, palabras, imágenes y fuerzas para la escritura, la creación y la crítica (el sentido del viaje de Orwell a Wigan Pier y España, el vínculo de Camus con el movimiento libertario, la inspiración que supuso para Arendt la insurrección húngara del 56, la militancia de Castoriadis en el grupo Socialismo o Barbarie, etc.). Obrando así, nos atreveríamos a decir, no sólo se pierde una pieza del puzzle bio-bibliográfico, sino las mismas costuras que sostienen el tejido entero de una vida y una obra. Por ejemplo, en el caso de Orwell, como explica Simon Leys en el siguiente ensayo, «la lucha antitotalitaria no fue más que el corolario de su convicción socialista».

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