Ficha técnica

Título: George Orwell fue amigo mío | Autor: Adam Johnson   | Editorial: Seix Barral | Colección:  Biblioteca Formentor |   Formato:  Rústica con solapas  | ISBN: 978-84-322-2984-8 | Fecha: enero 2017 | Precio: 17,50 euros | Ebook: 9,99 euros

George Orwell fue amigo mío

SEIX BARRAL

Magistral colección de relatos ganadora del National Book Award 2015. Adam Johnson vuelve a las librerías tras ganar el Premio Pulitzer en 2013 por El huérfano. 

Inteligentes e irreales, cómicas y oscuras, hilarantes a la vez que desgarradoras: las seis historias magistrales que conforman el nuevo libro de Adam Johnson suponen un paso más hacia su consolidación como uno de los escritores más originales de la actualidad. Yo fui amigo de George Orwell ofrece al lector puntos de vista inusuales sobre problemas universales y nuevas formas de asomarse al mundo: Johnson se vale de la ficción para profundizar en temas como el amor y la pérdida, los desastres naturales, la influencia de la tecnología o cómo lo político da forma a lo personal.  

 

PÁGINAS DEL LIBRO

     Es tarde y no puedo dormir. Corro una ventana para dejar pasar el aire primaveral de Palo Alto, pero no sirve de nada. En la cama, con los ojos abiertos, oigo susurros e inmediatamente pienso en el presidente, porque siempre hablamos en susurros. Sé que en realidad el susurro que oigo es mi mujer, Charlotte, que escucha Nirvana con los cascos y suele murmurar las letras, medio dormida. Charlotte tiene su propia cama, una cama mecánica.

     Mi problema de insomnio es el siguiente: cada vez que cierro los ojos, no puedo dejar de ver a mi mujer quitándose la vida. Bueno, más bien las múltiples formas en que puede tratar de quitarse la vida, puesto que está paralizada de los hombros para abajo. La parálisis es temporal, pero a ver quién consigue convencer a Charlotte de ello. Hoy se ha dormido de lado, por las llagas, y me he fijado en cómo miraba la barra de seguridad que hay junto al colchón. La cama se activa con su voz, de modo que si de alguna manera lograra meter la cabeza entre los barrotes, sólo tendría que decir «inclínate». La cama se levantaría y ella se asfixiaría en segundos. Y luego están también las miradas que le lanza al cable enroscado que cuelga del elevador hidráulico Hoyer con el que sube y baja de la cama.

     Pero mi mujer no necesita ningún método exótico para suicidarse, sobre todo porque me arrancó la promesa de que, llegado el momento, yo la ayudaría.

     Me levanto y voy a su cuarto, pero todavía no está escuchando Nirvana; normalmente se lo reserva para cuando lo necesita de verdad, pasada la medianoche, cuando le empiezan a chisporrotear los nervios.

     -Me ha parecido oír un ruido -le digo-. Una especie de susurro.Su pelo, corto y revuelto, le enmarca la cara; tiene la piel blanquecina como la luz del frigorífico.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]