Ficha técnica

Título: Furores íntimos | Autora:Charlotte Roche Traducción: J. R. Pérez Müller | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas | Género: Novela | ISBN: 978-84-339-7862-2 | Páginas: 288 | Ebook: 14,99 € | PVP: 19,90 € | Publicación: abril de 2013

Furores íntimos

ANAGRAMA

De día y con las ventanas cerradas, por los vecinos. Es así como más le gusta a Elizabeth. Georg, su marido, enchufa los dos calientacamas, y listo. Ella enseguida introduce la mano en el pantalón de yoga tamaño XXL de él, y a partir de ahí traiciona a su madre, que odiaba a los hombres y trataba de enseñarle que el sexo era algo malo. Enseñanza fallida. Por suerte para Georg, y también para Elizabeth.

Porque sólo durante el sexo se siente realmente libre y no piensa en los sinsabores de su existencia, sean los presentes o los pasados. Por ejemplo, la exasperante relación con su madre o la boda con su exnovio que nunca tuvo lugar. Tras aquel accidente, Georg compró a Elizabeth como quien compra un camello en el bazar. Desde entonces ella se desvive por lograr una meta enorme: no separarse nunca de él. Lo cual no es tarea fácil para una mujer que ha roto incluso con sus padres y para quien la monogamia constituye el error más grande de la vida.

En su novela Zonas húmedas, que tuvo un éxito extraordinario, Charlotte Roche hizo gala de una franqueza drástica aunada a un frenesí bufonesco sin ataduras. Furores íntimos habla del matrimonio y la familia en un tono sin precedentes, a la vez que explora, con audacia y humor feroz, cada resquicio del alma de una joven tan impávida como desorientada.

«Charlotte Roche ha escrito un libro que nos mueve y conmueve mucho más allá de la lectura» (Frankfurter Allgemeine Zeitung).

«No existe en la literatura alemana contemporánea ninguna otra voz capaz de escribir sobre el sexo de forma tan ilustrativa y, en suma, cercana» (Der Tagesspiegel).

«Pero este libro no es una novela; es un manifiesto. Se dirige principalmente a las mujeres y les dice: ¡liberaos de los falsos ideales! Y sobre todo: ¡haced terapia!» (Neue Zürcher Zeitung).

«La reciente novela de Charlotte Roche nos hace contener el aliento porque ahonda en los fríos abismos de la moderna existencia humana» (Handelsblatt).

«Furores íntimos, lejos de ser una mera sucesión de provocaciones, es el excelente retrato de una joven mujer que ante todo quiere conseguir una cosa: resultar atractiva» (Deutsche Presse-Agentur).

 

MARTES

     Como siempre antes del sexo, hemos encendido los dos calientacamas con media hora de antelación. Mi marido los compró de alta calidad y llegan por ambas partes desde la cabecera hasta los pies. Para mí, con estos artilugios toda inversión es poca. Tengo un miedo horroroso a que después de conciliar el sueño esos chismes se pongan al rojo vivo y me achicharren en cuerpo y alma o me asfixien con el humo. Nuestros calientacamas se apagan solos al cabo de una hora. Nos tumbamos en el lecho de cuarenta grados de temperatura y miramos al techo. El cuerpo se relaja con el calor. Comienzo a respirar hondo y sonrío para mí, excitada por el placer que me espera. Luego me doy la vuelta y le beso, mi mano se introduce en su pantalón de yoga tamaño XXL. No tiene cremallera ni nada por el estilo, donde el vello o el prepucio pudieran engancharse. Al principio no le toco la polla, sino que me deslizo, siempre dentro del pantalón, hacia los huevos. Los empuño como una bolsita de oro y los sopeso suavemente con la mano. A partir de ahí engaño a mi andrófoba madre, que trató de enseñarme que el sexo era algo malo. Se ve que en mí la lección no ha calado.  

     Inspirar y espirar hondo. Es el único momento del día en que respiro correctamente. Durante el resto del tiempo tengo la respiración plana y boqueante. Estoy siempre al acecho, siempre controlada, siempre preparada para lo peor. Cuando tengo sexo, cambio por completo de personalidad. Mi terapeuta, la señora Drescher, dice que inconscientemente me escindo porque mi madre me educaba para que fuera un ser asexual. Y que sólo por no traicionarla tengo que convertirme en otra en la cama. Funciona de maravilla. Me libero totalmente. Nada me corta. Soy la cachondez con patas. En esos instantes no me siento persona, sino más bien animal. Olvido todos los deberes y problemas, soy sólo cuerpo y dejo de ser mi mente agotadora. Poco a poco voy deslizando la cara hacia su entrepierna. Noto su olor a macho, que no me parece tan distinto al de hembra. Cuando no se ha duchado inmediatamente antes del sexo -y cuando llevas tanto tiempo juntos como llevamos nosotros ya no se hace- alguna que otra gota de orina ha empezado a fermentar entre el capullo y el prepucio. Huele como en la cocina de mi abuela los días que había frito pescado en el horno de gas. A cerrar los ojos y tirarse a la piscina. Confieso que me da un poco de asco, pero al mismo tiempo ese asco me excita.

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