Ficha técnica

Título: Formas de ocultarse | Autor: Javier Cercas  | Edición: Leila Guerriero | Editorial: UDP | Colección: Huellas  | Páginas: 420 | Fecha: 2016 | ISBN: 978-956-314-371-3 | Precio de referencia: $16.000 / 23  €

Formas de ocultarse

UDP

Este libro está compuesto por columnas, conferencias, prólogos, epílogos, ensayos. No siguen un orden cronológico. Su disposición intenta mostrar formas de pararse en el mundo -privado y público- en diversos momentos de la vida de su autor: con más y menos optimismo, con más y menos amargura, con más y menos inocencia.

Y siempre, en el principio, en el medio y en el final, Cercas es un monstruoso contrabandista de entusiasmo, un sistema analógico-multimedia que dispara nombres, títulos de obras, citas de autores con la pasión de un lector amateur y la inteligencia hipertrófica de un intelectual obseso, despertando en  quien lo lee una ansiedad malsana por devorarlo todo con la misma gula con la que él lo ha devorado antes. Leila Guerriero

 

BOLAÑO EN GERONA: UNA AMISTAD

1

He contado ya la anécdota por escrito, pero quiero contarla otra vez. Ocurrió, calculo, hacia 1981 ó 1982, a las puertas del Bistrot, un bar del casco antiguo de Gerona. Yo subía hacia la universidad con mi compañero Xavier Coromina cuando él se paró a saludar a un tipo mayor que nosotros, con aire de buhonero hippie y con acento latinoamericano, mexicano o argentino o chileno (en aquella época yo era incapaz de distinguir una cosa de la otra). Hablaron. En determinado momento Coromina le preguntó al tipo cómo iba la novela que estaba escribiendo. El tipo hizo una mueca escéptica y contestó: «Va, va, pero no se sabe muy bien hacia dónde va». No hubo más, y la frase se me quedó grabada, quizá porque, aunque en secreto yo quería ser escritor, a mis diecinueve años aún no había tenido el coraje de reconocerlo, y me impresionó la naturalidad con que aquel tipo -el primer novelista real o fingido con el que me cruzaba en mi vida- hablaba de su proyecto de novela. Por supuesto, yo estaba seguro de que nunca volvería a oír hablar de él, de que el tipo nunca sería un novelista de verdad o sólo sería uno de tantos novelistas latinoamericanos de su generación, malogrados por el desarraigo, la bohemia y la pobreza, pero siete u ocho años más tarde, mientras escribía en los Estados Unidos mi segunda novela, incluí un diálogo en el que un personaje le pregunta a otro cómo va su tesis doctoral, y el otro contesta: «Va, va, pero no se sabe muy bien hacia dónde va».

     Ahora la elipsis no es de siete u ocho años sino de quince o dieciséis. Estamos en diciembre de 1997. Vivo en Barcelona, pero he ido a Gerona a escribir una crónica para El País sobre la exposición de un amigo de infancia, David Sanmiguel. A la misma hora en que se inaugura la exposición, en la Llibreria 22 -justo enfrente de la sala de exposiciones- Ponç Puigdevall presenta Llamadas telefónicas, de Roberto Bolaño. Por entonces, después de haber publicado en poco tiempo La literatura nazi en América y Estrella distante, el nombre de Bolaño empieza a sonar en algunos círculos literarios, pero yo, que estoy totalmente fuera de ellos a pesar de haber publicado ya tres novelas, aún no lo he leído, y sólo le he escuchado hablar de él a Enrique Vila-Matas, que es amigo de los dos. Antes de que se inaugure la exposición tomo un café con Bolaño y Puigdevall. Bolaño cuenta que vive en Blanes, que se dedica sólo a escribir, que se gana la vida -«de forma muy humilde», puntualiza- con la literatura. De repente, mientras le oigo hablar, tengo una intuición. Le pregunto a Bolaño si a principios de los ochenta vivía en Gerona; contesta que sí. Le pregunto si conocía a Xavier Coromina; contesta que sí. Entonces le hablo de nuestro encuentro fugaz frente al Bistrot y, ya en la Llibreria 22, le enseño el pasaje de mi segunda novela donde un personaje dice que su tesis va, va, pero no sabe muy bien hacia dónde va. Bolaño se ríe; yo también me río.

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