Ficha técnica

Título: Filosofía sentimental| Autor: Frédéric Schiffter |  Traducción: Elena M. Cano e Íñigo Sánchez-Paños| Editorial: 451 Editores | Colección: documentos | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-92891-12-2 | Páginas: 152 |  PVP: 16,50 € | Publicación: 2012

Filosofía sentimental

451 EDITORES

El decálogo sentimental de un pesimista feliz.

Filosofía sentimental traza en una paradoja la identidad filosófica del autor a través de sus sentimientos. Este lleva a su terreno personal aforismos de grandes pensadores a partir de los que medita sobre la melancolía, el hastío, el caos, la sabiduría o el amor.

Frédéric Schiffter, filósofo diletante, plantea en esta reflexión ácida la dicotomía entre la filosofía académica y la filosofía de los maestros de vida.

«No es una filosofía de los sentimientos, sino más bien una sentimentalización de la filosofía». Libération

«Schiffter escribe aquí con una economía de medios admirable, un sentido del sarcasmo irresistible, una desilusión tan completa sobre los ideales y los hombres que le conduce a la indulgencia más que al desprecio».
Le Nouvel Observateur

«Filosofar no consiste en enseñar a vivir o a morir, aún menos en consolarnos de nuestra finitud, sino en examinar la pertinencia de nociones consideradas evidentes, en desmitificar estupideces rimbombantes, en ponerles nariz de payaso a los ídolos». Frédéric Schiffter 

 

PÁGINAS DEL LIBRO

HAY EN MI OPINIÓN DOS NIETZSCHE: EL PROFETA DEL SUPERHOMBRE,  del eterno retorno, de la transmutación de valores y, antes de ese período, cuando su amistad con Paul Rée, el examinador de los sentimientos morales, aficionado a los maestros franceses del aforismo y de la máxima «quienes, como diestros tiradores -dice- atinan siempre y dan siempre en la diana […] de la naturaleza humana». No pocos exégetas de Nietzsche, focalizados en el alcance ético y político del tema de la voluntad de poder, olvidan la admiración del pensador hacia sus precursores, «psicólogos» según sus propios términos, tales como Montaigne, La Rochefoucauld, Pascal, Chamfort y, además naturalmente de Schopenhauer, Paul Bourget. A partir de ahí, se dividen en «nietzscheanos» y «antinietzscheanos». Los primeros ven en él un filósofo de la subversión, un genealogista de los valores burgueses, al que convendría rescatar de las garras de un bando reaccionario, incluso fascista, dispuesto a erigirle en teórico de sus doctrinas. Los segundos lo denuncian por sofista decadente, enemigo del progreso y del humanismo, un esteta de la fuerza. 

     Poco me importa que Nietzsche sea un revolucionario, un antidemócrata cristiano, lo contrario de un intelectual de izquierdas. El visionario me aburre, el moralista a menudo me conmueve. Por eso limito mi interés a sus obras escritas entre 1877 y 1883, desde Humano, demasiado humano -de donde proviene la cita (§ 283)- hasta La gaya ciencia, pasando por Aurora; y dejo a un lado lo que llaman los especialistas «textos de madurez»: Así habló Zaratustra, Más allá del bien y del mal, La genealogía de la moral, El Anticristo.

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