Ficha técnica

Título: Filosofía como política cultural | Autor: Richard Rorty | Traducción: Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar | Editorial: Planeta de los Libros | Colección: Básica | Género: Ensayo | ISBN:978-84-493-2425-3 | Páginas: 368 | Formato:  15,5 x 22 cm. | Encuadernación: Rústica con solapas | Código: P32134 | Tomo 134 |  PVP: 28,90 € | Publicación: 28 de Octubre 2010

Filosofía como política cultural

PLANETA DE LIBROS

Este libro presenta una selección de los trabajos filosóficos elaborados por Richard Rorty a lo largo de la pasada década y viene a completar los tres volúmenes de ensayos anteriores, ya publicados por Paidós: Objetividad, relativismo y verdad, Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contemporáneos y Verdad y progreso. Entre otros asuntos se abordarán aquí temas como los del cambiante papel que ha desempeñado la filosofía en la cultura occidental en el transcurso de los últimos siglos, el cometido de la imaginación en el progreso intelectual y moral, la noción de «identidad moral», el planteamiento wittgensteiniano que asigna una naturaleza lingüística a los problemas de la filosofía, la irrelevancia de la ciencia cognitiva en el ámbito de la filosofía, y la errónea idea de que es tarea de los filósofos descubrir el «lugar» que corresponde a cosas tales como la conciencia y el valor moral en un mundo de partículas físicas.

Estos escritos forman una sólida y peculiar colección que resultará atractiva para todo aquel que tenga un serio interés en la filosofía y su relación con la cultura.

 

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LA POLÍTICA CULTURAL Y LA CUESTIÓN
DE LA EXISTENCIA DE DIOS 

POLÍTICA CULTURAL

   La expresión «política cultural» abarca, entre otras cosas, las polémicas relacionadas con las palabras que hemos de utilizar. Cuando decimos que los franceses deberían dejar de referirse a los alemanes con el apelativo de «boches», o que los blancos harían bien en no seguir empleando despectivamente la palabra «negro» para denominar a los hombres de color nos movemos en el ámbito práctico de la política cultural. Y ello porque al abandonar estos usos lingüísticos contribuiremos a promover uno de nuestros objetivos socio políticos: el incremento del grado de tolerancia que ciertos grupos de personas muestran hacia otros colectivos.

   La política cultural no se circunscribe exclusivamente a los debates vinculados con el discurso del odio. Incluye asi mismo proyectos concebidos para librarnos de temas discursivos enteros. Por ejemplo, a menudo se dice que debemos dejar de recurrir a los  conceptos de «raza» y «casta», que tenemos que frenar la práctica de dividir a la comunidad humana en función de su descendencia genealógica. La idea consiste en disminuir las posibilidades de que siga planteándose la pregunta: «¿cuáles son los ante pasados de este hombre o esta mujer?» Son muchas las personas que reclaman que se expulsen del lenguaje expresiones como las de «noble cuna» ,«mestizo», «paria», «matrimonio mixto», «intocable» y otras similares. Y ello, argumentan, porque viviríamos en un mundo mejor si la idoneidad de la gente como esposas, empleados o funcionarios pú blicos se juzgara enteramente sobre la base de su conducta, y no, siquiera fuese parcialmente, en virtud de una referencia a su origen.

   Esta línea de pensamiento topa en ocasiones con un argumento contrario: el que sostiene que «realmente existen diferencias heredadas y que el linaje tiene importancia». La réplica es la siguiente: ciertamente hay características físicas heredadas, pero éstas no se corresponden, perse, con ningún rasgo que pueda ofrecer una buena razón para deshacer unos planes de boda, o  para votar a favor o en contra de un candidato. Puede que la noción de la transmisión genética resulte necesaria desde un punto consiguiente, en lugar de hablar de razas diferentes, limitémonos a tratar de la existencia de genes distintos.

   En el caso de la «raza», al igual que en el de la «noble cuna», la pregunta «¿existe semejante cosa?» y la interrogante «¿hemos de hablar de ella?» parecen notablemente equivalentes. Ésta es la razón de que tendamos a considerar que los debates que tratan de elucidar si debemos dejar de hablar o no de razas distintas preguntas relativas a lo que existe con las vinculadas a lo que resulta o no deseable debatir.

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