Ficha técnica

Título: Felicidad familiar |  Autora: Laurie Colwin | Traducción: Antonio-Prometeo Moya  |  Editorial: Libros del Asteroide |

Felicidad familiar

LIBROS DEL ASTEROIDE

Polly es una treintañera neoyorquina casada con un exitoso abogado y madre de dos hijos encantadores. Criada en el seno de una familia judía de muy buena posición, se ha hecho adulta de la noche a la mañana, convirtiéndose en una versión moderna y más perfecta de su madre. Sin embargo, su vida dará un vuelco inesperado cuando se enamore de un pintor algo bohemio: de pronto, las ideas en las que había sido educada y su visión del mundo dejarán de tener sentido. Felicidad familiar nos cuenta la historia de una esposa y madre feliz que se ve embarcada de pronto en una impredecible relación amorosa.

Tras escribir sobre el comienzo del amor en su celebrada Tantos días felices, Laurie Colwin se ocupa en Felicidad familiar de la dificultad de cumplir las expectativas que uno se marca durante la juventud. Colwin es uno de los secretos mejor guardados de la literatura norteamericana. Su prematura muerte en 1992 le privó del éxito que sin duda merecía; aun así, el número de devotos de sus peculiares comedias de costumbres no ha dejado de crecer desde entonces.

«Si alguien ha sabido escribir con elocuencia y grandeza sobre asuntos sentimentales, esa ha sido Laurie Colwin.» San Francisco Chronicle

«Hay millones de personas que han compartido la obsesión de la protagonista por ser «perfecta y que su vida discurriese como la seda», y que han recibido un duro golpe en su primer encuentro con la vida adulta. Colwin tiene un par de cosas que decirles.» Newsweek

 

Uno

Polly Solo-Miller Demarest era la joya de la familia Solo-Miller. Esta familia lo tenía todo: presencia, inteligencia, dinero, un fuerte y sólido sentido de clan y ramificaciones en Boston, Filadelfia y Nueva York, así como en Londres, como si de una entidad bancaria se tratase. El patriarca de la facción de Nueva York era Henry Solo-Miller, marido de Constanzia, de soltera
Hendricks y apodada «Wendy». Los dos procedían de antiquísimas familias judías, de esas que pasan más por americanas de pura cepa que por judías. Los Solo-Miller y los Hendricks habían llegado de Holanda, a través de España, antes de la independencia de Estados Unidos, en la que habían tomado parte o para la que habían ayudado a recaudar fondos. Henry y Wendy tuvieron tres vástagos: Paul, Dora (llamada «Polly» por todos) y Henry el Joven.

Polly estaba emparedada entre dos hermanos difíciles. Paul, abogado como su padre, siempre había sido un personaje taciturno, distraído e irascible. Se decía que era brillante, pero era tan callado que nadie le había oído decir nunca nada brillante. Tenía cuarenta y tres
años, estaba soltero, se le respetaba tanto en los círculos jurídicos como a su distinguido padre y era un vehemente melómano. Henry el Joven, en cambio, era un patán. No había querido dedicarse a las habituales ocupaciones de los Solo-Miller y los Hendricks -el derecho
y la banca- para proseguir su pasión juvenil, nada menos que la aerodinámica, y hacerse ingeniero aeronáutico. Se había casado con Andreya Fillo, también ingeniera, e hija de refugiados checos. Henry y Andreya se comportaban más como hermanos que como marido
y mujer. Se ponían la ropa del otro, no pensaban tener hijos, jugaban con su perro y se dedicaban a volar cometas. El grande y apestoso perro de Henry el Joven, un coonhound manchado que respondía al nombre de Kirby, ocupaba el lugar del hijo que no tenían y, al igual que su amo, se había negado a recibir el adecuado entrenamiento.

Quien hizo abuelos a sus padres fue Polly. Estaba casada con un abogado guapo y corpulento llamado Henry Demarest, y había tenido con él dos retoños robustos y simpáticos: Pete, de nueve años, y Dee-Dee, cuyo verdadero nombre era Claire, de siete años y medio. Sus abuelos, que nunca se comportaron con ellos con la excentricidad con que habían tratado a sus propios hijos, los querían como a las niñas de sus ojos.

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