Ficha técnica

Título: Felices los felices | Autor: Yasmina Reza | Traductor: Javier Albiñana | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de Narrativas | Género: Novela | ISBN: 978-84-339-7900-1 | Páginas: 192 |  PVP: 14,90 euros 

Felices los felices

ANAGRAMA

Relaciones extramatrimoniales, tendencias sadomasoquistas, insatisfacciones sexuales y fantasías consumadas, rupturas, decepciones, y, también, finales felices. En su última novela, Felices los felices, Yasmina Reza entreteje con maestría los relatos de las vidas de dieciocho personajes que parecen no tener nada en común.

Pero a medida que el lector es hipnotizado por las voces que configuran la trama, irá descubriendo sus inesperadas y sorprendentes interrelaciones. Así, la rutina matrimonial de Pascaline y Lionel Hutner se ve interrumpida cuando descubren que la obsesión de su hijo por Céline Dion se ha vuelto patológica. Y, a su vez, su psiquiatra, Igor Lorrain, vive un apasionado reencuentro con un amor de juventud, Hélène, que está casada con Raoul Barnèche, un jugador de bridge profesional capaz de enfurecerse hasta el punto de comerse una carta…

Si algo destaca en el estilo de Reza es su habilidad para construir una polifonía melódica, una escritura que se despliega de forma magistral en múltiples variaciones, donde el lector percibe con perfecta claridad la voz de cada uno de sus protagonistas. En esta novela coral la autora francesa abre en canal las almas de sus personajes, que desvelan sus fobias y filias sentimentales y sexuales. Como En el trineo de Schopenhauer, la novela es una cínica, deslenguada y a ratos desopilante disección de la naturaleza humana, pero también una punzante reflexión sobre la brevedad de nuestro paso por la vida, y la importancia de asumir una existencia plena.

«»Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor. Felices los felices.» Con esta cita de Jorge Luis Borges como bandera, la autora ha escrito una novela desconcertante, en la que también se oye el eco de Vidas cruzadas, de Robert Altman» (Delphine Peras, Lire).

«La autora pone en escena a unos seres conmovedores. Todos ellos intentan hacer frente a los asaltos de la vida, ya sea la usura del tiempo o las heridas de la soledad. Y su única arma es la risa. Con una inmensa sensibilidad y un humor redentor, Reza firma aquí su gran novela de la desolación humana» (Jean Birnbaum, Le Monde).

«Yasmina Reza asume la proeza de renovarse prolongando un arte y un método donde destaca: provocar la violencia con ligereza y narrar el horror con frivolidad. Pero lo que al mismo tiempo estructura el libro y lo hace estallar son las escenas de la vida conyugal, de una rara violencia. Algo así como un Ingmar Bergman ennegrecido por Thomas Bernhard. Reza no se siente satisfecha si en cada una de sus páginas no hay al menos una línea de pura dinamita» (Jérôme Garcin, Le Nouvel Observateur).

«La autora escribe sobre el amor y la amistad, el matrimonio y la familia, la vida y la muerte, con un ritmo endiablado. Teje la trama de una comedia humana en la que a veces reímos abiertamente, para tener un instante después el corazón en un puño» (A. Fillon, Livres Hebdo).

«Con un lenguaje quirúrgico que oscila entre lo dramático y lo grotesco, Reza desvela con su acostumbrada ferocidad los sentimientos y las emociones» (La Repubblica).

«El infierno en el seno de una pareja» (Chiara Pasetti, Il Sole 24 Ore).

«Acabo de tragarme -literalmente- el último libro por fortuna inclasificable de Yasmina Reza… Maneja magistralmente los hilos de estos relatos íntimos […] que aparecen entrelazados y hasta cierto punto configuran el tejido de una novela polifónica… Con la envidiable habilidad de quien está acostumbrada a la fluidez, el ritmo y la gestualidad… Una poderosa narradora de naturalezas humanas heridas, en buena parte víctimas del estamento social al que pertenecen, de sus compromisos privados -matrimoniales, extramatrimoniales, tensiones entre hijos y padres, profesionales- y de las circunstancias que cada individuo ha de afrontar: soledad, vejez -declive-, enfermedades mortales… Este no es un libro cualquiera. Su intensidad -a primera vista ligera- llega a doler. Vaya si duele» (Robert Saladrigas, La Vanguardia).

«Rupturas, aventuras, decepciones, de todo hay en la polifónica Felices los felices, en la que 18 personajes absolutamente perdidos buscan su lugar en el mundo» (Laura Fernández, Vanity Fair).

«Yasmina Reza, a pesar de su mordacidad, o precisamente por ella, pertenece a  la tradición de la civilisation francesa, tan virulenta en las formas como permisiva y elástica en su fondo. Bastaría con acudir a Voltaire y a Rabelais para señalar esa bisagra donde lo humano se despliega entre la invectiva, el despropósito, la carcajada y una sorda aquiescencia» (Manuel Gregorio González, Diario de Sevilla).

«La escritura que atrapa… Una delicia de libro» (Marta Michel, Yo Dona).

«Todo es forma, todo es humor negro, todo es magia del estilo y dinamita en el centro de las emociones. No hay misericordia, no existe piedad. La autora es una maestra en el noble ejercicio de crear la tensión desesperada a partir de hechos comunes; precisamente, al no ser extraordinarios, adquieren un plus de admirable crueldad en cada página… El estilo sólo se puede calificar de deslumbrante» (Antonio Garrido, Sur)

ROBERT TOSCANO

      Fuimos al supermercado a hacer la compra de fin de semana. En un momento dado, ella dijo, vete a hacer la cola para el queso, que yo me encargo de la charcutería. Cuando volví, el carrito estaba medio lleno de cereales, galletas, bolsitas de comida en polvo y cremas de postre, yo dije, ¿todo esto para qué es? – ¿Cómo que para qué es? ¿Qué pinta aquí todo esto?, dije. Tienes hijos, Robert, les gustan los Cruesli, les gustan los Napolitain, los Kinder Bueno les encantan, me señalaba los paquetes. Yo dije, no tiene sentido atiborrarlos de azúcar y de grasas, no tiene sentido este carrito, ella dijo, ¿qué quesos has comprado? – Un crottin de Chavignol y un morbier. ¿Y gruyer no?, gritó – Se me ha olvidado y no pienso volver, hay demasiada gente. – Si sólo compras un queso, sabes muy bien que lo que tienes que comprar es gruyer, ¿quién come morbier en casa? ¿Quién? Yo, dije. – ¿Desde cuándo comes tú morbier? ¿Quién quiere comer morbier? Ya vale Odile, dije. – ¡¿A quién le gusta esa mierda de morbier?! Sobrentendido «aparte de a tu madre», últimamente mi madre había encontrado una tuerca en un morbier. Estás gritando Odile, dije. Odile pegó un empujón al carrito y arrojó dentro un pack de tres tabletas de Milka con leche. Yo cogí las tabletas y volví a ponerlas en el estante. Ella volvió a meterlas en el carrito, más rápida que yo. Me largo, dije. Pues lárgate, lárgate, contestó, si es que tú sólo sabes decir eso, me largo, es tu única respuesta, en cuanto te quedas sin argumentos dices me largo, y enseguida sueltas esa amenaza grotesca.

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