Ficha técnica

Título: Fama | Autor: Daniel Kehlmann | Editorial: Anagrama | ISBN: 978-84-339-7514-0 | Traducción: Helena Cosano | Colección: Panorama de Narrativas | Año publicación:octubre 2009 | Precio: 15 euros | Páginas:192 | Ilustración: foto copy Claire Quigley / Arcangel Images

Fama

EDITORIAL ANAGRAMA

 

En un entramado de nueve episodios, Daniel Kehlmann construye una «novela sin protagonista» sobre las consecuencias que puede acarrear una tecnología en apariencia inocua: el teléfono móvil. Un personaje empieza a recibir llamadas dirigidas a otro hombre -un famoso muy solicitado- y decide adoptar la personalidad del desconocido; un actor deja de recibir llamadas y comienza a dudar de la solidez de su carrera; una autora de novelas policíacas se pierde en Asia Central y se queda sin cobertura… Con ironía y giros imprevisibles, se compone un mosaico cuyo fondo es una sociedad en la que la fama y los medios de comunicación cuestionan el lugar mismo de lo real: llamadas cruzadas, vidas trastocadas. Fama es un «gabinete de los espejos» en el que se mezclan ficción y realidad, notoriedad pública y desaparición, verdades y engaños. «En Fama hay ecos de Borges e incluso del Süskind de La paloma>» (Volker Weidermann, Frankfurter Allgemeine); «La ironía del autor obra maravillas en esta agridulce fantasía sobre las quimeras de la fama, que se corroen en su propio ácido» (Bernard Fauconnier, Le Magazine Littéraire). 

 

VOCES

Antes de que Ebling llegara a casa, su teléfono móvil ya empezó a sonar. Durante años se había resistido a comprar uno, ya que él mismo era técnico y la cosa no le inspiraba confianza. ¿Cómo es que nadie tenía nada en contra de acercarse a la cabeza una agresiva fuente de radiación? Pero Ebling tenía esposa, dos hijos y un puñado de colegas de trabajo, y constantemente le reprochaban que estuviese ilocalizable. Así que al final había cedido, se había comprado un aparato y le había pedido al vendedor que se lo activara enseguida. Muy a su pesar, le impresionaba: era pura y llanamente perfecto, era bonito, liso y elegante. Y ahora, de pronto, se puso a sonar. Ebling descolgó vacilante.

Una mujer exigía hablar con un tal Raff, Ralf o Rauff, no entendió el nombre.

Se equivoca, dijo. Ella se disculpó y colgó.

Luego, por la tarde, la siguiente llamada. «¡Ralf!», exclamó una voz ronca de hombre. «¿Qué hay, cómo te va todo, cabronazo?» 

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