Ficha técnica

Título: La virtud de Checchina Autor: DJ Stalingrad (Piotr Siláiev)  | Traducción: Fernando Otero Macías  | Editorial: Automática | Formato: Rústica con solapas | Páginas: 128 | ISBN: 978-84-15509-26-4 | Precio: 15,00 euros

Éxodo

AUTOMÁTICA

El protagonista de esta novela de DJ Stalingrad (seudónimo del autor y activista ruso Piotr Siláiev) creció en una familia pobre, sin padre.

«Mi madre me mira a los ojos y grita con rabia: «¡Yo te mato!». Es una mujer muy pobre, enferma de esquizofrenia o de no sé qué otra cosa, padece continuamente unos sufrimientos y un dolor inhumanos, eso la empuja una y otra vez a hacerle daño a alguien que es parte de ella: a mí.»

Las páginas de Éxodo surgieron inicialmente en internet, después fueron distribuidas clandestinamente y más tarde, inesperadamente, aparecieron impresas en la reputada revista literaria Znamya. Finalmente, en 2011, fueron publicadas por la editorial de San Petersburgo, Azkuba.

«Se hace llamar DJ Stalingrad. Sus textos rebosan violencia. Viene desde Rusia, siempre a la carrera. Viaja por toda Europa en busca de la próxima revolución.» Frankfurter Allgemeine Zeitung

Éxodo es político sin ser caer en estereotipos, social sin dar cabida a lo trillado. El libro presenta un retrato demasiado real de la juventud punk/hardcore/anarquista/comunista/socialista rusa del siglo XXI, esa que vive fuera del sistema y que solamente confía en los vínculos de su estrechísimo grupo de amigos, que cruza fronteras a lo largo de toda Europa, luchando contra la hipocresía que impera muy especialmente en los borrachos ignorantes, en el racismo de los skinheads y en los aplastantes sistemas políticos que infectan todas las sociedades. Y, aun así, el libro está lleno de momentos de gran belleza, relaciones entre amigos y amantes y grandes conversaciones sobre música.

La vida del protagonista y sus amigos, antifascistas y redskins, consiste en peleas sangrientas, alcohol, drogas, protestas ilegales y conciertos en sótanos. Sus héroes son el terrorista y matemático Ted Kaczynski, conocido como «Unabomber», el cantante de punk Kevin Michael Allin y el bluesman Blind Willie Johnson.

En un país en el que la población teme más a la policía que a la mafia armada, estos jóvenes tratan de hablar con el mundo que los rodea en su propio idioma, el de la violencia. Viajan de una ciudad a otra a la caza de enfrentamientos contra skinheads y policías, en busca de adrenalina y del sentido de la vida. Su odio es la única medicina para el dolor. No tienen ideología, excepto la de la destrucción total de la civilización occidental. Son anarquistas espontáneos, precursores de una nueva revolución. Y saben que no disponen más que de un billete de ida… 

PÁGINAS DEL LIBRO

El sol pega fuerte. El cielo es azul claro y el agua del mar de color añil, como en nuestra infancia. Vamos subiendo la colina de la ciudad vieja, donde los muros de la antigua fortaleza, serpenteando como un dragón de piedra, han desparramado sus anillos. Por todas partes se ven casas abandonadas, no pueden echarlas abajo ni rehabilitarlas, la mayoría están ocupadas por gitanos. Nosotros también estamos buscando una casa nueva. Subiendo por una callejuela adoquinada, muy, muy arriba, prácticamente en lo más alto, la hemos encontrado.

     Es un chalet no muy grande, blanco y pulcro; dos pisos, un emparrado y una galería. Hemos comprobado la luz: había luz; hemos comprobado el agua: también había; gente: no había un alma. Ha sido llegar y besar el santo.

     He sacado un sillón a la galería. Hace calor, y eso que estamos en diciembre. A nuestros pies: tejados rojos, el puerto, la bahía y en el horizonte montañas nevadas. En medio del desbarajuste, he encontrado en la casa unos libros en idiomas extraños y un cuaderno a rayas, y en ese estoy escribiendo. Hacía mucho tiempo que no tenía ganas de escribir, pero ahora sí que tengo ganas. Lo necesito. Estoy más relajado y me limito a anotar imágenes, una tras otra, tal y como me vienen a la memoria. Han vivido todo este tiempo en mi interior, me han habitado y me han atormentado, no era capaz de pensar en otra cosa. Ahora, según voy redactando estas notas, con cada página uno de los demonios que han estado suspendidos encima de mí, aferrados a mi cabeza, me abandona y adopta un nuevo envoltorio: en el papel. A medida que escribo, me siento más aliviado, voy trasplantando todos mis sufrimientos a estas páginas, las cuales, como siempre, aguantan lo que les echen. Realmente me siento aliviado: recuerdo para olvidar.

Estoy con Zhenia en casa de una amiga en Petrogrado1. Tras la ventana nieva con ganas, sentimos añoranza. Hemos dejado nuestra ciudad natal, a la que nos unen tantas cosas. Al final, los de la policía antidroga han decidido apretarle las tuercas a Zhenia, tienen su casa vigilada.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]