Ficha técnica

Título: Europa en la Edad Media | Autor:  Chris Wickham | Traducción: Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar | Editorial: Crítica | Colección: Serie Mayo | Formato: 15,5 x 23 cm. | Tinta: Integradas en b/n + aparte a color | Presentación: Tapa dura | Fecha: jun-2017 |  ISBN: 978-84-17067-00-7 |  con sobrecubierta | Páginas: 536 | Precio: 29,90 euros | Ebook: 14,99 euros

Europa en la Edad Media

CRÍTICA

Chris Wickham, profesor de la Universidad de Oxford y una de las gurus más destacadas del medievalismo actual, nos ofrece una nueva visión del milenio que trascurrió entre la crisis del Imperio romano y la aparición de la Reforma protestante.

Una interpretación que sigue el desarrollo de los grandes cambios: las reformas de Carlomagno, la expansión del Cristianismo, la revolución feudal, la pugna de las herejías, el fracaso del Imperio bizantino, la reconstrucción de los estados en la Baja Edad Media, la devastación de la Peste negra…

Y donde los acontecimientos políticos, la evolución económica y las corrientes culturales se combinan para dar sentido a estos cambios y mostrarnos la forma en que incidieron en las vidas de los europeos.

Wickham va en este libro más allá de la síntesis de los conocimientos actuales, para ofrecernos una nueva interpretación que combate los tópicos establecidos y nos propone una nueva valoración de la Edad Media.

 

Capítulo 1

UN NUEVO ENFOQUE DE LA EDAD MEDIA

Este libro trata del cambio. Lo que entendemos por «época medieval», o «Edad Media», tuvo una duración de mil años, del 500 al 1500. Además, al final de dicho período, Europa, que es el tema de la presente obra, había pasado a ser un lugar muy distinto al que había sido en sus inicios. El imperio romano se había alzado con la primacía en el arranque de ese milenio, y aunque también habría de conseguir la unificación de media Europa acabará separando de forma muy notable la mitad latina de la otra. Transcurridos esos diez siglos, Europa había adquirido ya la compleja forma que ha conservado desde entonces, y en ella se podía reconocer, bajo uno u otro perfil, a la mayor parte de los estados independientes de nuestros días. El objetivo que me he propuesto materializar en este escrito consiste en mostrar los procesos que llevaron a efecto esa transformación, así como otras muchas, y en subrayar el alcance y la importancia que tienen. En cambio, mi trabajo no habrá de centrarse en los resultados. A muchos de los autores que se ocupan de la Edad Media les ha inquietado la averiguación de los orígenes de esos estados-«nación», o algún otro aspecto de lo que a sus ojos es la «modernidad». Para ellos, los elementos que dan sentido a este período son justamente los relacionados con sus resultados. A mi juicio, esto es un grave error. La historia no es teleológica, lo que significa que el desarrollo histórico no va a ninguna parte, sino que, al contrario, procede de algún sitio. Es más, por lo que a mí respecta, la época medieval, con su pletórica energía, resulta interesante en sí y por sí; no es preciso validarla en función de tal o cual evolución posterior de los acontecimientos. Tengo la esperanza de que esta obra consiga poner en claro ese interés.

Sin embargo, esto no quiere decir que la historia de la Europa medieval consista simplemente en una turbulenta cadena de sucesos carentes de más estructura que la de formar parte de un milenio elegido al azar entre otros muchos. La conclusión dista mucho de ser esa. En la Edad Media se distinguen claramente ciertos puntos de inflexión y son ellos los que configuran el período. El desplome del imperio romano de Occidente en el siglo V; la crisis en que se verá sumida su contraparte oriental en el VII al encontrarse frente al auge del islam; la contundencia del experimento carolingio, consistente en organizar, entre finales del siglo VIII y principios del IX, un vastísimo gobierno cimentado en consideraciones morales; la difusión del cristianismo por el norte y el este de Europa a lo largo del siglo X (fundamentalmente); la radical descentralización del poder político occidental en el XI; el crecimiento demográfico y económico de los siglos X a XIII; la reconstrucción del poder político y religioso en el Occidente del XII y el XIII; el eclipse al que se verá abocado Bizancio durante este mismo período; la peste negra y el desarrollo de las estructuras estatales en el siglo XIV; y el surgimiento de un mayor compromiso popular con la esfera pública a finales del XIV y comienzos del XV: estos son, desde mi punto de vista, los momentos de transformación más relevantes, y por ello habré de dedicarles en este libro un capítulo entero a cada uno. Hay también un conjunto de cambios estructurales que unen entre sí todos estos nodos. Dichos cambios son, entre otros, el abandono y la reinvención de los conceptos del poder público; los vuelcos que experimentan los recursos de los sistemas políticos al pasar de la fiscalidad a la posesión de tierras para retornar nuevamente a la exacción de impuestos; el desigual impacto que tuvo la utilización de textos escritos en la cultura política; y el crecimiento que experimentarán en la segunda mitad de la Edad Media los esquemas formalizados y vinculantes del poder y la identidad locales, pautas llamadas a modificar la relación entre los gobernantes y los gobernados. Estos elementos también habrán de constituir el eje de este trabajo. Un libro de este tamaño no puede ahondar con detalle en la microhistoria de las sociedades o las culturas, y por ello mismo tampoco le es dado relatar los acontecimientos de forma pormenorizada, país por país. Esta obra es una interpretación del medievo, no un manual, y aunque a nadie se le oculta que hay un gran número de trabajos de ese tipo y que muchos de ellos son excelentes, lo que quiero resaltar aquí es que no es preciso añadir ninguno más.1 Desde luego, he expuesto en todos los capítulos un breve resumen de los acontecimientos políticos a fin de situar mi argumentación en su contexto, pensando sobre todo en los lectores que se acercan por primera vez al período medieval. Sin embargo, lo que intento es concentrarme tanto en los momentos de cambio como en las estructuras dominantes, y ello con el objeto de mostrar cuáles son, desde mi punto de vista, los factores que mejor caracterizan la época medieval y la dotan de interés. Dichos factores son los puntales en que se apoya básicamente todo cuanto sigue.

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