Estrictamente bipolar

SEXTO PISO

Parecería que las enfermedades mentales corren paralelas a la historia humana como reflejo distorsionado de lo que cada época produce en la psique de los individuos a quienes les toca vivirla. De este modo, explica Darian Leader, si el período de posguerra fue considerado la «era de la ansiedad», y las décadas de 1980 y 1990 la «era de los antidepresivos», ahora hemos entrado de lleno en la «era de la bipolaridad». Sin embargo, con la erudición y agudeza que caracterizan su pensamiento, en Estrictamente bipolar, Leader muestra que el incremento en el diagnóstico de dicho padecimiento (en los últimos veinte años ha aumentado en un 4000%) va acompañado de un cambio dramático en su percepción: acorde a la energía y vitalidad ilimitadas que la economía de mercado exige a sus individuos, los estados maníacos asociados a la bipolaridad son bien vistos y alentados en el entorno laboral, pues se considera (erróneamente, según Leader) que están en sintonía con las exigencias competitivas de nuestros días. Incluso en el multimillonario negocio de la prescripción de medicamentos asociados para lidiar con la bipolaridad se toman en cuenta los imperativos «profesionales y de estilo de vida», para no atentar del todo contra los estados maníacos que exhiben aquellos diagnosticados de bipolaridad.

Estrictamente bipolar es un libro crucial para entender el espíritu de nuestro tiempo, pues su alcance va mucho más allá de la mera psiquiatría. Se trata más bien, como ocurre con la mayoría de los libros de Darian Leader, de una radiografía del alma de una época que, en su empeño ilimitado con la productividad, la fama y el éxito, convierte a los seres humanos en meras piezas de recambio, desechables, y tiene graves repercusiones en nuestra salud mental.

«No es sólo un ensayo sobre salud mental, sino también un elocuente manual sobre el punto de encuentro entre la modernidad y la enfermedad». Arifa Akbar, The Independent

«En lugar de razonamientos chapuceros que llevan a enfoques equivocados, Leader ofrece conocimiento y reflexión; su libro es una aportación al debate, pero también podría cambiar vidas». Hilary Mantel

[Comienzo del libro]

Si el período de posguerra fue denominado «era de la ansiedad », y las décadas de 1980 y 1990 «era de los antidepresivos », ahora vivimos en tiempos bipolares. El diagnóstico que en otro momento se aplicó a menos del 1% de la población se ha elevado de forma espectacular, pues se calcula que casi el 25% de los estadounidenses padece alguna forma de bipolaridad. La medicación para estabilizar el estado de ánimo se prescribe de manera rutinaria tanto a adultos como a niños, con un incremento del 400% en las recetas para niños y del 4000% en el diagnóstico global desde mediados de los años noventa. Actualmente, la pregunta no es ya: «¿Eres bipolar?», sino, más bien: «¿Qué forma de bipolaridad es la tuya?».

Famosos como Catherine Zeta-Jones, Stephen Fry, Jean-Claude Van Damme, Demi Lovato, Adam Ant, Tom Fletcher y Linda Hamilton hablan de su condición bipolar, y los libros de memorias y de autoayuda sobre el tema inundan el mercado. La agente de la cia Carrie Mathison, en Homeland, y el exprofesor Pat Solitano, en El lado bueno de las cosas, son retratados como bipolares, y el asunto se menciona incluso en los dibujos animados Scooby-Doo.

Mientras tanto, los manuales de negocios abogan por el cultivo de un cierto grado de manía para actuar en los mercados, y de hecho se enseña a los ejecutivos a manejar el punto álgido maníaco para aumentar las ventas y la productividad. Una imagen publicitaria de los medios de comunicación muestra al magnate Ted Turner como un capitán de barco intensamente decidido, con la advertencia de que ha dejado de tomar litio, ¡así que sus competidores deberían tener cuidado! En Hollywood, las estrellas visitan a sus psiquiatras acompañadas de su agente, que se asegurará de que la medicación funcione para mantener la manía a un nivel bajo, pero no demasiado bajo: más que en ninguna otra parte, asistimos aquí a la adaptación de una medicación a las exigencias de la carrera profesional y el estilo de vida.

La confianza, la euforia y la energía que caracterizan las fases iniciales del episodio maníaco parecen encajar bien con las exhortaciones al éxito, la productividad y el intenso compromiso que exigen ahora los negocios. En un mundo ferozmente competitivo, donde la estabilidad y la seguridad en el empleo están cada vez más mermadas, los asalariados tienen que demostrar su valía trabajando cada vez más horas y manifestando una creencia cada vez más exultante en sus proyectos y productos. Los inevitables días libres, debido al agotamiento y la bajada de rendimiento, son contemplados casi como una parte de la descripción del propio trabajo y no tanto como la prueba de que algo va mal.