Ficha técnica

Título: Estrellas negras| Autor: Ryszard Kapuscinski | Traducción: Agata Orzeszek   | Editorial: Anagrama | Colección: Crónicas | Páginas: 232 | Fecha: feb-2016 | ISBN 978-84-339-2611-1 | Precio: 17,90 euros

Estrellas negras

ANAGRAMA

En la breve nota inicial de Estrellas negras, el autor cuenta que en 1962 viajó a Dar es-Salaam (Tanzania) «con el fin de abrir la primera corresponsalía polaca de prensa en África, que en aquel entonces se hallaba en pleno proceso de liberación nacional, de descolonización». De ahí surgiría una larga relación con el continente que daría pie a obras fundamentales del reporterismo del siglo XX como Ébano, Un día más con vida o El Emperador.

Pero la vinculación de Kapuściński con África había empezado un poco antes, cuando entre 1959 y 1961 estuvo primero en Ghana y después en el Congo, que vivían la efervescencia de sus procesos de independencia.

De regreso en Polonia, empezó́ a escribir sendos libros sobre los respectivos líderes nacionales, Kwame Nkrumah y Patrice Lumumba. Pero el encargo de volver al continente para cubrir esa corresponsalía dejó el proyecto a medias, y sus editores reunieron el material ya publicado en la prensa sobre los dos carismáticos políticos en el volumen que ahora tiene el lector en sus manos.

En estos textos tempranos se muestra ya todo el músculo del gran periodista polaco, su capacidad de convertir la crónica en una pieza literaria y al mismo tiempo en un ensayo de calado histórico.

Hay en este libro retratos afilados y memorables, empezando por el del tío Wally, el colono empapado en alcohol a quien conoce en el Hotel Metropole. Pero el protagonismo es sobre todo para Nkrumah y Lumumba, porque, como dice Bogumił Jewsiewicki en el epílogo, en el que compara la mirada de Kapuściński sobre África con la de Conrad en El corazón de las tinieblas: «Chinua Achebe, uno de los escritores africanos más conocidos, gustaba de sub- rayar que hasta que los leones no crearan a su propio historiador, la historia de la caza sólo glorificaría al cazador. Es la diferencia fundamental entre la mirada de Kapuściński y la perspectiva de Conrad. Los reportajes de Kapuściński describen a África y los africanos desde el punto de vista de los leones, y no de los cazadores.»

«Los reportajes inéditos del gran reportero polaco. Contienen retratos despiadados e irónicos» (Daniele Castellani, Ilmiolibro.it).

«Las crónicas de Kapuściński ofrecen un punto de vista original; sabe capturar la Historia. Y mientras la crónica envejece, la fuerza de la Historia se afianza con el tiempo. Por eso este libro, escrito entre 1959 y 1961, no ha padecido el paso del tiempo. Imprescindible» (Fabrizio Floris, Nigrizia).

 

El colono

HOTEL METROPOLE

Vivo en una balsa, en un callejón de un barrio comercial de Acra. La balsa se eleva sobre unos postes hasta la altura de un primer piso y se llama Hotel Metropole. Durante la estación de las lluvias, esta rareza arquitectónica se pudre y se enmohece, y en los meses de sequía cruje y se resquebraja. Pero !se mantiene en pie! En el centro de la balsa hay una construcción dividida en ocho compartimentos.

Son nuestras habitaciones. El resto del espacio, rodeado por una barandilla de madera tallada, lleva el nombre de terraza. Allí tenemos una mesa grande, donde comemos y cenamos, y varias pequeñas, donde nos sentamos para tomar whisky y cerveza.

En el trópico, beber es obligado. Cuando dos personas se encuentran en Europa, se saludan diciendo: ≪!Hola!, que tal?≫ En el trópico, intercambian un saludo distinto: ≪.Que vas a tomar?≫ Aunque también se beba durante el día, el beber de verdad, el programático, empieza con el ocaso, pues el ocaso anuncia la noche, y la noche acecha al osado que se haya burlado del alcohol.

La noche tropical es un aliado incondicional de todas las fabricas del mundo de whisky, coñac, licores, aguardientes y cervezas, y a todo aquel que no reporte beneficios a las destilerías lo combate esgrimiendo su mejor arma: el insomnio. El insomnio es siempre agotador, pero en el trópico es asesino. Torturado por el sol durante el día, exhausto por una sed nunca saciada, debilitado y martirizado, el ser humano tiene que dormir. Debe. Pero !no puede!

Hace demasiado bochorno. El aire pegajoso y sofocante llena la habitación. Ni siquiera es aire, sino algodón húmedo.

Respirar equivale a tragar bolas de algodón empapado en agua caliente. Insoportable. Es algo que marea, envilece y exaspera. Pican los mosquitos, chillan los monos.

El cuerpo, empapado en sudor, se vuelve pegajoso y repugnante al tacto. El tiempo se detiene, el sueno reparador no llega. !Oh, noche del mal! A las seis de la mañana – invariablemente a las seis, todos los días del ano- sale el sol, que añade la incandescencia de sus rayos al bochorno de esta sauna sofocante y petrificada. Hay que levantarse, pero faltan las fuerzas para hacerlo. Napoleón no se ata los cordones porque dice que agacharse hasta alcanzar el zapato le supone un esfuerzo excesivo. Una noche así causa estragos en la psique. Levi-Strauss1 habla de ≪tristes trópicos≫. !Que acertado! La persona se siente allí desvencijada como una zapatilla vieja. Apagada, desdentada, inerte. La atormentan añoranzas extrañas, nostalgias inexplicables, pesimismos lúgubres. Espera que se acabe el día, que se acabe la noche, !que todo se acabe de una puñetera vez!

Y, como no, bebe. Bebe contra la noche, contra la desesperanza, contra la inmundicia de la cloaca de su sino.

Es la única batalla que es capaz de librar.

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